TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿POR QUÉ EN SAN BERNARDO?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur cuenta la historia de cuatro mujeres que residen en un barrio marginal de una gran ciudad, lugar al que llegaron tras la expulsión de sus familias de los antiguos lugares en los que vivían para, a cambio de la concesión de una nueva vivienda en el extrarradio, liberar solares en los que construir edificios para las emergentes clases medias o altas que surgieron en los años 70 del siglo pasado en España.

La novela la ideo durante la presentación de la anterior, El guacamayo rojo, que trataba la emigración andaluza en Brasil a través de tres generaciones. Al día siguiente iba a participar en unas jornadas científicas en el Polígono Sur, donde trabajo como voluntario desde principios de 2006, y caí en la cuenta, esa idea tan potente que un escritor la transforma en una historia que merezca ser contada, de que hay emigraciones mucho tan duras como la anterior, o quizás mucho más, como la resultante de ser expulsado de tu barrio para enviarte a otro lugar alejado, y que quienes provocan eso aprovechen para enriquecerse, todo bajo el manto de una caridad que en realidad sólo esconde injusticia.

Las cuatro historias de Tres mil viajes al sur suceden en un solo día cada una de ella, en una estación diferente del año, pero se nutren de un viaje, el que realizan hasta llegar a esa prisión de muros invisibles, alejada de todo, para que nada incomode al resto de los habitantes de la ciudad. Aunque no se menciona ni el barrio ni la ciudad en el libro, es obvio que son Sevilla y su Polígono Sur los espacios en los que se desenvuelven los personajes, al igual que San Bernardo o Triana son dos de los barrios de expulsión. De ahí que, teniendo la firme idea de presentar el libro en un lugar emblemático y significativo, las posibilidades eran estos dos barrios y el Polígono Sur.

A través de relaciones familiares llegué a contactar con la Hermandad de San Bernardo, cuya Casa de Hermandad goza de un espacio amplio para poder realizar la presentación y, tras una conversación con el Teniente de Hermano Mayor, encuentro una disposición total y absoluta para desarrollar el acto en esa antigua casa de vecinos reformada que es su sede.

Las Hermandades de la Semana Santa sevillana son de las pocas organizaciones que articulan la ciudad y que conservan como pocas las huellas de su historia. La Hermandad de San Bernardo, tras la de la Macarena, es la que mayor número de hermanos tiene, también la segunda en nazarenos de todas las fiestas. San Bernardo fue un arrabal de los más pobres de la ciudad y hoy es un barrio selecto y apacible en el que adquirir una vivienda, construida sobre los solares de aquellos corrales y casas de vecinos, es inasequible para la mayoría de los sevillanos. La nómina de hermanos de San Bernardo vive en la diáspora, en los polígonos del extrarradio, en los suburbios de la ciudad. Donde ahora viven una, dos familias, antes lo hacían decenas y decenas de ellas. Éstas y sus descendientes constituyen la Hermandad, y cada Miércoles Santo, día de salida en estación de penitencia hacia la Catedral, se produce uno de los fenómenos más emocionantes y menos conocidos de toda la Semana Santa: el regreso del éxodo, del exilio. Eso me contaron en la Hermandad y eso pude presenciar el último Miércoles Santo. Aquellas familias, sus descendientes en primera y segunda generación, vuelven a ver pasar la cofradía desde las puertas de las que fueron sus casas. Hasta allí llevan sus sillas, su comida, para ver pasar a su Cristo de la Salud y a su Virgen del Refugio. Y allí se quedan después, vestidos con sus mejores ropas, que denotan su éxito en la vida o su persistir en la pobreza aún, pero todos juntos, abrazados, entre risas, orgullosos de pertenecer a un barrio del que no reniegan, a pesar de haber sido expulsados. Cada año faltan más mayores, pero sus herederos persisten en esa tradición, el único hilo conductor con el barrio que les hemos permitido conservar.

Por eso me siento orgulloso y agradecido a poder presentar Tres mil viajes al sur en un espacio tan significativo. Voy a ir, acompañado de gentes del Polígono Sur, a uno de los pocos lugares que conservan su memoria. Y entraré allí con emoción y respeto, con la emoción y el respeto que me produce el sufrimiento de tantas personas que hoy, cincuenta años después, continúa, para vergüenza nuestra.

MUROS

PANO_20160330_162719 (1)Este pintura es un grito y una vergüenza. Está en el muro de hormigón que separa Bami del Polígono Sur, tras el que circula el tren cuyas vías no se han querido soterrar. Ni en su día, antes de 1992, cuando la ciudad eliminó sus barreras ferroviarias, ni después, los diferentes gobiernos han creído oportuno eliminar esta barrera. Es más, durante este tiempo vallaron el el nuevo parque en torno a La Zúa, la zona de esparcimiento de los habitantes del Polígono Sur durante años, y sólo en estos meses las múltiples presiones de sus habitantes han permitido que puedan acceder a un lugar que fue testigo de las primeras alegrías y de la degradación del barrio por la droga.

La pintura representa la destrucción del muro y su apertura a la ciudad que aman y de la que forman parte sus habitantes. Todavía recuerdo, cuando pasaba por allí los primeros años de la época de los 90, contemplar con emoción en La Vegas, la parte más degradada del barrio, una pancarta con corazones rojos y el lema AMO SEVILLA de la candidatura andalucista de Alejandro Rojas- Marcos a la alcaldía. ¿Se puede amar a quien te ignora y se avergüenza de ti?

El Polígono Sur no sólo es Sevilla, sino que está lleno de ella. En ese barrio encerramos a los auténticos trianeros, a la gente de San Bernardo, a los habitantes de las casas de vecinos de esta ciudad, a los que con un perverso y superficial sentido de la caridad cristiana expulsamos de sus barrios y aislamos en lo que se convirtió luego en el espacio ideal para el desarrollo trágico de la floreciente industria de la droga, aquélla que se llevó por delante a gran cantidad de hijos de aquellas personas humildes, que habían tenido que dejar sus casas y sus barrios para que otros especularan con los suelos liberados y los convirtieran en parques temáticos de la “grasia sevillana” o en viviendas de lujo. Todo ello construido sobre la sangre y las venas rotas por la heroína de sus hijos.

Triana, San Bernardo, los corrales de vecinos, están en el Polígono Sur. El arte por el que la “ciudad de la grasia” es conocida, está en el Polígono Sur, inmejorable correlato de la decrepitud casposa y decadente de una ciudad que vive de lo que no es y quizás tampoco fue.

A pesar de todo, de nuestra ignorancia y nuestros prejuicios, este barrio irá levantándose poco a poco. Su aislamiento está dando lugar a nuevas formas de arte, a fusión entre tradición y modernidad. Está emergiendo una nueva cultura de las personas que esta ciudad inculta siempre despreció. Para así, cuando pasen los años, volver a tener elementos que sustraer y que la rueda de la injusticia vuelva a girar.

¡Ay, Sevilla, qué poco te quieres! Cómo refleja ese muro tu desprecio al futuro, tu mirada a tu propio ombligo. Tanto miedo te da derribar ese muro como afrontar tu triste realidad de decorado de cartón piedra. Derriba esa vergüenza, que es tuya y de nadie más.

NUESTRO MURO DE BERLÍN

MuroAyer por la mañana fui con mi amiga Constanza a pasear junto al muro del tren que aísla la zona occidental del Polígono Sur de otras zonas de la ciudad. Reconozco que ese muro me tiene algo obsesionado. Durante las últimas semanas he paseado muy temprano por allí, alguna vez solo y otras en compañía. Si hace unos días lo hice con mis amigas poetas Anabel y María Magdalena, ayer le tocó a la pintora. Tengo, tenemos todas, y ahí me incluyo, muchos deseos de realizar actos culturales en ese paseo para el próximo otoño, actos que también sirvan para denunciar y tomar conciencia de la existencia de ese muro de hormigón que me recuerda tanto al que había en Berlín. Sí, Sevilla tiene también su muro de Berlín, que impide a miles de familias formar parte de la ciudad con pleno derecho, y que contribuye a que una delincuencia minoritaria en número, se haga ama del barrio. Con nuestra complicidad, con esa indiferencia e ignorancia que permite que muchas personas decentes, la inmensa mayoría, viva presa en esa cárcel de muros invisibles.

Detuvimos el coche en la zona sur del muro y caminamos a través de la zona peatonal que recorre paralela a las vías del tren. En un día tan caluroso – por la tarde se sobrepasaron los 40˚C − apenas se escuchaba algo más que el rumor de las chicharras. Las sombras de los numerosos árboles conformaban una penumbra agradable, que por unos minutos nos hizo olvidar las temperaturas este durísimo mes de julio de 2015. Nos detuvimos en cada grafiti del muro, impresionantes y hablamos sobre la belleza del barrio, de la luz tenue de sus plazoletas; conversamos acerca de qué sería de ese paseo si no existiera el miedo.

Llegamos hasta el mercadillo que ocupaba parte del solar en el que se ubicará la nueva Facultad de Farmacia y regresamos por la avenida que discurre paralela al muro para cambiar algo la ruta. Constanza llevaba su cámara de fotos y no dejaba de disparar a todo aquello que suscitaba su curiosidad. Nos llamó la atención la enorme cantidad de antenas parabólicas que salían de las ventanas. Mucha tele para no pensar, para alienar, para atontar. La tele es el opio del pueblo. Siempre hay opio para el pueblo, aunque cambia su composición según sean los adelantos tecnológicos.

Una señora se nos acercó para preguntarnos por qué hacíamos fotos. Tenía la esperanza de que fuéramos técnicos del ayuntamiento con el cometido de detectar posibles mejoras en el barrio. Bendita inocencia, pensé. De señoras como ella está lleno el Polígono Sur, de gente que desea poder sentirse orgullosa de su barrio, que no tenga que dar explicaciones u ocultar que vive allí.

Continuamos hasta el final de la avenida y cruzamos para volver a subir al coche. Allí, junto a un contenedor de basuras nos encontramos al Neno, ¿o era el None? Sesenta y un años nos dijo que tenía. Llevaba varios tatuajes de los antiguos. Acababa de salir de la cárcel, seis días llevaba en libertad. Vivía con su madre, a la que según sus propias palabras le faltaban siete años para cumplir los cien, y su hermano. Cada uno con su paguita, y él con la que le van a dar después de haber pasado por prisión, a la que no quería volver más. Rebuscaba entre la basura para poder sacar algo que vender. También ayudaba en una tienda del barrio a cambio de una litrona de cerveza. Litrona, dormir; dormir, litrona. No robaba en el barrio, porque temía que le dieran un tiro; si acaso se iba lejos para poder robar donde no le conocieran. Vino muy joven con su familia de las casitas bajas del Polígono de San Pablo, y antes de quién sabe dónde. Sus padres, expulsados hace más de medio siglo de barrios que hoy muchos sevillanos desean habitar, barrios en los que convivían diferentes clases sociales, pero que un día se limpiaron de pobres para poder construir edificios para los aspirantes a ricos. Y a esos pobres, y a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, los quitaron de en medio, y los condenaron a vivir en lugares así para que no molestasen, con su orden de alejamiento correspondiente.

None, o Neno, nos contó por qué había estado preso, nos habló de su vida en la cárcel, de su vida en general. Hay vidas que nadie quisiera vivirlas, sobre todo quien las ha vivido. Qué triste y qué vergüenza para nuestra sociedad no encontrar respuestas para evitar que existan personas condenadas a vivir así.

Y allí lo dejamos, rebuscando entre lo que ya no quieren ni los pobres. Parias de la tierra, famélica legión a unos minutos de nuestra casa. Al fin llegamos al automóvil. Y los árboles continuaban dando sombra, y las chicharras cantaban. Y la ropa se desparramaba bajo los tendederos de las ventanas entre antenas parabólicas. Y a pesar de todo, había belleza.

28 de julio de 2015

BURGUESES

11hablaeconomica1

Aún quedan burgueses
dispuestos a enfundarse camisetas,
a agarrarse de los brazos
para defender su superioridad moral.

Aún quedan pancartas
a la medida de sus vientres,
y megáfonos
para repetir consignas
que nacieron muertas.

Aún queda infamia
inmune a nuestra torpeza cómplice,
a nuestros gritos vacíos
que solo ahogan los de los calumniados.

La ilustración se tomó de http://www.puntofinal.cl

BROTES VERDES

2015-05-21 09.15.15Aunque esta metáfora de la superación de la crisis se le atribuye a Elena Salgado, ministra de economía del gobierno zapaterista, que la utilizó en 2009 para anunciar el cambio  para abrir una nueva época de prosperidad de ciclo económico que nunca existió, parece que fue el ministro de hacienda británico Norman Lamont quien casi veinte años antes, fue el primero que tuvo la ocurrencia de utilizarla con la carga semántica política que hoy tiene.

Seis años después aquella ocurrencia, que rima con flatulencia, de Elena Salgado, nos parece resultado de una combinación de ignorancia y estupidez difícil de olvidar. Imagino y espero que algo parecido suceda con las soflamas de superación de la crisis que hoy profieren Mariano Rajoy, Luis de Guindos y demás compañeros nada mártires. Porque los únicos brotes verdes que encuentro hoy son estos que he fotografiado durante mi paseo matinal con mi perro.

Hoy los únicos brotes verdes que hay salen de las alcantarillas. Los puestos de trabajo que se crean son pocos y mal pagados, y los que los tienen hacen horas extra gratuitas si no quieren verse de patitas en la calle. Se crean puestos de trabajo que vencen después de las elecciones para quitar pegatinas de las señales de tráfico, en las que se ofrecen señoras muy españolas para cuidar enfermos, o jóvenes licenciados para dar clases particulares a niños que suspenden.

Los indicadores macroeconómicos son una cuenta de la vieja en la que el enriquecimiento de unos dividido por el empobrecimiento de otros sale positivo. Positivo para los que alimentan esos brotes que surgen entre el cieno de las alcantarillas. Cuatro años más y convertirán la sanidad en un negocio, la educación en un negocio, y los huesos de Cervantes, otra metáfora más de la política que nos aplasta, en otro negocio. España, esa España que dicen que aman tanto, se convertirá en una sociedad anónima que no cotizará en bolsa puesto que las acciones las tendrán aquellos que nunca las soltaron.

En unos días toca votar, y en unos meses otra vez, para decidir si este pueblo prefiere comer de las miguitas que unos dejan caer de sus bigotes, o se planta. Mucho me temo que haya gente que vaya a votar desde el váter de su casa. Porque, al fin y al cabo, desde allí sale el humus orgánico que alimenta a esos brotes verdes que salen desde la alcantarilla.

TIEMPO DE ELECCIONES

TIEMPO DE ELECCIONESEn los barrios pobres de mi ciudad hay gente que ha comenzado a trabajar. Parados de larga duración, de escaso nivel formativo, han obtenido contratos para limpiar y quitar pegatinas y carteles de paredes, farolas o señales de tráfico de avenidas y parques. No son los jardineros que aparecen en la foto, pero cumplen una labor similar. Entre todos tratan de adecentar la ciudad a tres semanas vista de las elecciones. Porque sí, su contrato acaba a finales de mes, justo después de que los ciudadanos (¿o ya no se nos puede llamar así porque hay un partido que se ha quedado con el nombre?) haya ejercido su derecho al voto.

Desconozco si otros ayuntamientos de distinto signo político han hecho lo mismo. Me temo que sí. Pero de lo que estoy más seguro es de que contratos como estos son los responsables de la bajada del paro que hoy 5 de mayo de 2015 ha anunciado a bombo y platillo el gobierno de la nación. Y si esto significa que la crisis se ha acabado y hay alguien que lo cree, será porque unos nos faltan el respeto y otros no tenemos remedio.

NO HAY GITANAS VESTIDAS DE GITANAS

gitanas-claveles--644x362
Jueves de Feria en Sevilla. Son casi las dos de la tarde. Yo, que casi nunca cojo el coche para nada, no tengo más remedio que hacerlo a una hora en la que aluviones de vehículos se desplazan al recinto ferial. Ha comenzado el trasiego de gente, que copa las aceras, los autobuses, los taxis. Debo desplazarme hacia el sur, a una localidad cercana para resolver una cuestión que solo podía solucionar hoy.

De regreso, sin resolver nada pero con una puerta abierta a poder hacerlo mañana, decido girar a la entrada de la ciudad y entrar en el barrio. Lo hago por la parte más complicada, donde las aceras se confunden a veces con las basuras, donde columnas que sostienen edificios aparecen carcomidas hasta lo trágico, donde cualquier atisbo de autoridad u organización hay que imaginarlo. Caminan hombres y mujeres por la calle, niñas y niños; otros prefieren estar sentados junto a los soportales, o apoyados sobre paredes llenas de pintadas. Muchos tienen el color de la piel de esa etnia o raza nómada que ha deambulado por continentes y que uno a veces se pregunta si es nómada porque le gusta cambiar de lugar, o simplemente lo es porque siempre hay alguien dispuesto a expulsarla de donde está.

2015-02-01 15.01.57Cruzo el barrio de una punta a otra, giro por avenidas, atravieso calles, cruces sin semáforos porque se han llevado a otras zonas aparentemente más nobles de la ciudad. Quiero ver alguna mujer, alguna niña, que vaya vestida de gitana camino de la Feria. Nada, no encuentro a ninguna. A ninguna en las paradas del autobús, ni en los escasos coches que circulan, ni mucho menos caminando.

Decepcionado, salgo del barrio, atravieso la frontera de muros invisibles por uno de sus pasos, la rotonda que conduce al hospital. Cuando paso por la primera parada de autobús, la encuentro atestada de gente. Por los vestidos de gitana deduzco a donde se dirigen. Fuera hay muchos.

En el barrio las gitanas no se visten de gitanas. Y solo van a la Feria para patearse el real con un manojo de claveles, en busca de la buena voluntad de quienes sí pueden llevar lunares y volantes.

La primera foto se tomó de http://www.abc.es . La segunda foto es propiedad del autor del blog

EL VIENTO DE DIOS

SPAIN-IMMIGRATIONVende pañuelos de papel en una rotonda en las afueras de la ciudad. Allí lleva varios años buscándose la vida, haciendo lo que puede por sacar adelante a su mujer española y a su hija. Hace ocho años que llegó a España. Salió de Nigeria porque  no había futuro. Un país rico en recursos naturales, aunque el gobierno esté sentado sobre ellos e impida que la riqueza se escape de sus tentáculos alargados.

Un día decidió que allí no tenía nada que hacer . Ni siquiera sus estudios universitarios de economía y finanzas le facilitaron una vida mejor que la que su humilde familia había tenido hasta entonces. Soltero, huérfano e hijo único, nada le impedía perseguir el sueño que le ofrecía la televisión. Salió con sus doscientos euros al cambio ahorrados y por veinticinco tomó el autobús que le llevaría a Niger. No sabe la distancia que recorrió, porque allí la distancia no se mide en kilómetros sino en horas. Fueron ocho hasta la frontera. De pie, agarrado al techo como podía. Cinco euros tuvo que dejar de propina a los sufridos vigilantes de la aduana.

Trabajó en el campo durante cuatro meses para conseguir dinero y atravesar Niger en una pick up. Por cincuenta euros viajaría través del desierto hacinado en la parte de atrás junto a otros soñadores y soñadoras como él, por caminos atestados de piedras y socavones. Quien se caía allí se quedaba, aunque los de su camioneta tuvieron suerte, porque el chófer era bueno. Se detuvo a recoger a una mujer que cayó, aunque luego tuvieron que hacerlo más veces para enterrar a los muertos que no soportaban  un viaje sin agua, y con su propia y escasa orina como único líquido para beber. Encontraron cadáveres en el camino, huesos humanos, y también a chacales que se encargaban de acelerar el proceso de osificación. Se detuvieron ante el cuerpo de una mujer embarazada. Por la textura de su piel supusieron que llevaba muerta un par de días. Hicieron un pequeño hueco en la tierra y la sepultaron. Dejaron su pasaporte sobre la arena que la cubría por si alguien la conocía y que pudiera comunicarlo a la familia. También supo de mujeres que parieron en el camino y abandonaron a sus hijos para poder llegar. Un horror inimaginable.

En Argelia muchos como él buscaron la ruta del ferrocarril más largo del mundo, que les llevaría a Marruecos. El tren pasaba más lento por una zona de precipicios, tenían que saltar en marcha, calcular bien, agarrarse donde pudieran, con el riesgo de caer al vacío si no lo conseguían. Allí moría mucha gente, pero él pudo encaramarse y subir a un vagón de transporte.

Un año y medio después de salir de su ciudad logró subir a una patera. No quise preguntar cómo consiguió los mil doscientos euros para obtener una plaza en una barca hinchable que había que desaguar con un cubo desde la salida de la playa. La manejaba un subsahariano que se había preparado para ello. Las mafias ya no suben pilotos que los conduzcan hasta España, sino que forman a alguno de los pasajeros para ello, además de darle el número de teléfono de la Cruz Roja española, a la que avisan cuando ya están cerca.

Delfines-nadando-en-el-marContó la alegría que sintieron en el interior del barco cuando se les acercó un delfín. Todos saben que avistarlo es señal de que las aguas están limpias y van a llegar a tierra. El mismo cetáceo les indicó el camino. Se emocionaba al relatarlo. Poco después la llamada telefónica iniciaba la llegada a su nuevo y depecionante mundo.

Ocho años ha pasado desde aquello. Cuando puede envía dinero para que sus primos puedan continuar estudiando. Y sueña con que algún día él les pueda pagar un pasaje de avión para traerlos a España, porque nunca permitiría, si ello es posible prohibir, que ellos hicieran el camino que él recorrió.

Se llama Godwind, el viento de Dios. Jamás vi un nombre tan bonito. El viento de Dios vino a parar aquí. Lo trajo su delfín.

Artículo publicado en la revista EL FARMACÉUTICO: http://www.elfarmaceutico.es/numeros-de-la-revista-desde-el-2011/ya-viene-el-sol/el-viento-de-dios#.VRg4KfmsWSp

Fotos:

http://www.huffingtonpost.com

http://www.deviajeporespana.com

LA PACIENCIA

TropezarDosVecesConLaMismaPiedraHabía esperado mucho tiempo. Primero aguardó a saber lo que quería hacer con su vida. Después, cuando al fin lo supo, vinieron los impedimentos. El temor de la familia ante todo lo que fuera nuevo, la falta de confianza que tenían en ella, a la que continuaban viendo como la niña que hacía años que dejó de ser.

Luego vinieron los hijos; los pañales, la educación, las adolescencias. Todo estaba en su contra, cualquiera que no hubiera sido tan fuerte habría abandonado, pero ella siempre tuvo la paciencia entre sus virtudes y jamás abjuró de sus sueños. Desde que tuvo la certeza de lo que deseaba no le faltó entereza para aguardar su oportunidad.

El tiempo pasó y al fin le dio la oportunidad de cumplir sus deseos, de hacer realidad aquello que tuvo que guardar en un cajón hasta que llegara su momento. Y el momento llegó. Hace días que comenzó a recorrer el mismo camino que otros surcaron antes hasta el fracaso.

La imagen utilizada se tomó de http://www.calvoconbarba.com 

EL SOL SALE PARA TODOS

2014-12-22 09.58.20Amanece. La luz muda el cielo de negro a azul oscuro, a gris azulado y a azul celeste en lenta sucesión cuando aún las farolas no han dejado de trabajar. Pasan los últimos camiones de la basura y se escucha el ruido de las primeras mesas de los bares colocándose a sus puertas. Los dueños de los perros aparecen por las aceras para que sus mascotas alivien sus necesidades contenidas durante la noche y los kioscos colocan los periódicos bajo gruesas piedras para evitar que vuelen. Hoy no necesitarán plásticos que los cubran.

Algunos mendigos aún permanecen sepultados en sus nichos de cartón, abrigados junto al muro de cualquier bloque de pisos. Los cartoneros rebañan contenedores olvidados y regresan apresurados a la choza en la que descansarán de la luz, esperando la vuelta de la noche como vampiros de desechos, carroñeros de las despojos del gran capital.

Las bicicletas comienzan a aparecer, las empleadas del hogar llegan a las casas. Algún que otro edificio mantiene su puerta abierta, sostenida por el cubo que utiliza la limpiadora de la empresa, que la tiene asegurada por muchas menos horas de las que en realidad trabaja. En las panaderías vierten los capazos llenos bajo los mostradores, dejando un olor tan familiar como el café recién hecho.

Las avenidas se llenan de coches apresurados que luego cuidarán los hijos de la exclusión. Retumba el sonido grave y hueco del izado de las persianas de los comercios más tempraneros. Niños y niñas de uniforme caminan apresuradamente, con su mochilas al hombro y la mirada atenta y sonriente a los primeros mensajes en las pantallas de sus móviles.

La luz rompe por el este, la luna se resiste a desaparecer. Nubes blancas dibujan un cielo lleno de matices que pocos habitantes de la ciudad se detienen a contemplar. Es el milagro de la luz que surge cada día y nos muestra que el mundo tiene que cambiar.