SEÑOR ZOIDO, EN ESPAÑA SÍ HAY GUETOS

Señor ex Alcalde de mi ciudad:

El sábado pasado le escuché decir que en España no había guetos. Me dejó estupefacto, tengo que reconocerlo. ¿Cómo pudo decir eso? Nada más que en la ciudad que usted gobernó, la que le mando a Paseo…del Prado cuatro años después, tras haber dilapidado la mayoría absoluta más grande de la reciente historia de la ciudad.

¿Cómo llamaría usted a la periferia sevillana? Me refiero a ella, porque imagino que es la que mejor podría conocer. Mejor dicho, la que le sonará. Una periferia que no es exclusiva de la ciudad de la gracia―maldita gracia esta, por cierto―, pero que usted debería haber conocido.

Pondré ejemplos únicamente de la ciudad ex-gobernada por usted, a ver si recuerda algo:

¿Por qué no le llama gueto a Los Pajaritos, el barrio más pobre de todo ese país al que ustedes llaman España y que parece no existir más allá de la M-40? Los Pajaritos es una jaula inmensa de indigencia, de marginalidad, aislada entre grandes avenidas para que la gente con poca memoria como usted se olvide pronto.

/ ©GARCIA CORDERO

¿Por qué no llama gueto a las Tres Mil Viviendas, ese barrio al que usted le ha negado una Comisaría de Policía―vergüenza le debía de dar como ex Alcalde― como vía de entrada de las instituciones, algo esencial para normalizar un barrio? Esas Tres Mil a las que niegan el soterramiento de las vías del tren y les dificultan la entrada al nuevo parque que se ha hecho alrededor.

¿Por qué no llama gueto al Vacie, a ciertas calles del Polígono Norte, a tantos lugares de la ciudad que usted tan mal gobernó, a la vista de lo que opinaron los votantes, y a tantos y tantos barrios de tantos y tatos lugares?

España es un país muy retrasado, señor Zoido, y por eso, lo que pasa en muchos lugares de Europa se está cociendo a fuego lento ―cocina mediterránea le llaman― en la periferia de nuestras ciudades, se reproducirá con una generación de retraso en este país. Y el combustible no lo pondrá la religión. La religión arde, claro que arde, cualquiera puede llegar a ser muy inflamable. Es la desigualdad la que todo lo provoca, esa desigualdad que produce las políticas de su partido, esas políticas económicas liberales basada en el crecimiento a costa de otros, en la producción a costa de todo, en la contaminación del planeta; o esas esas políticas de trabajo que dirige otra andaluza como usted, que obliga a elegir entre esclavitud o huida (lo mismo que pasa en los países del sur). Es la economía, …. Eso.

Mucho me temo que si los suyos, los de su partido y los satélites, no se enteran a tiempo, que la siguiente generación, que hablará andaluz como usted, quizás mejor que usted, o cualquier otro acento hispano tan bien como nosotros, sea la que nos ponga un petardo en el culo. Y todos tendremos nuestra parte de responsabilidad. Ustedes porque ejecutan (esas políticas), y nosotros, porque les votamos.

España posee todos los ingredientes necesarios para fabricar esa bomba atómica que produce la desigualdad. Y esto no se resuelve mandando pobres a las escuelitas, como usted insinuó en su intervención, sino mandando a la escuelita a ustedes. Pero me temo que antes de que ocurra eso, Kim Jong-un se hace pastelero.

 

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ALEGRÍA EN EL TEATRO ENCANTADO

Queremos una piscina para las Tres Mil, y también parques infantiles. Y una piscina, y un cine, y que barran todos los días, y que…

El martes 27 de junio tuve la oportunidad de asistir al estreno de la obra teatral “El colegio encantado”, protagonizado por niñas y niños de las Tres Mil Viviendas, segundo barrio más pobre de España según estadísticas recientes, y sin duda líder a la hora de prejuicios y estigmas, esos tatuajes sociales con los que etiquetamos a quienes no tenemos el gusto de conocer.

Los alumnos de teatro de la Fundación Alalá incluidos en el taller “Pequeños Autores”, fueron los protagonistas de una obra que atrapó a un público entusiasmado. La Fundación Alalá, alegría en lengua caló, defiende la integración social a través del arte y la cultura y la alegría, y bien que puede presumir de hacerlo.

La pieza teatral, una reflexión sobre los valores personales que deben ilustrar al artista, y por ende, a cualquier ser humano, nos ofreció a los espectadores el arte de esos jóvenes como actores y actrices, músicos e intérpretes, con el flamenco y el rap y su fusión, como elementos predominantes en los cantes.

Tenía mucho interés en asistir, cambié mi turno de trabajo por estar, y más después de la invitación que me hizo la madre de una de las artistas, María del Carmen Fernández Pisa, una auténtica heroína de la vida, a quien admiro mucho y desde hace mucho tiempo por sus tremendos valores personales. Llevo más de once años de voluntario en el barrio y sé que aquella es tierra de heroínas, mucho más que de heroína, como algunos malpensados puedan sospechar.

Contemplando el espectáculo, viendo a esos jóvenes actuar, la cabeza me comenzó a dar vueltas, y reflexioné sobre la marginalidad. Probablemente no haya situación más injusta hacia los tuyos, hacia tus propios convecinos, que expulsarlos de sus barrios tradicionales para confinarlos en guetos, creados expresamente para que no molesten, como se hizo a partir de 1960 con los habitantes de Triana, San Bernardo y otras zonas de la ciudad. Ese aislamiento, esa cirugía inhumana con la que se intervino sobre la ciudad de Sevilla, y sobre muchas otras, todo hay que decirlo, trajo muchos, por no decir todos, los males que hoy continúan asolando las periferias.

Sin embargo, esta dolorosa e injusta ignorancia hacia el pueblo más humilde, allí donde se crea y se concibe el arte y la cultura de un pueblo, ha traído, entre el dolor y la injusticia, nuevas formas emergentes de arte, creaciones originales y novedosas formas culturales que esa forma de ignorancia pedante que es la cultura establecida, ignora. Y hoy, entre el desprecio de la ciudad de la caspa, ajena a toda consideración hacia las personas que conforman el cinturón de la urbe, surgen formas de expresión que sin duda conformarán el futuro, como en su día lo fueron el mismo flamenco, el tango, el jazz, el blues o el rap, que nacieron entre el desdén y la indiferencia de los que se sentían el ombligo identitario de la metrópoli.

Qué injusto y qué doloroso es el camino de la creación. Qué rabia da contemplar la marginalidad y las tragedias de muchas personas, y aún más escuchar los prejuicios que vomitan quienes tengo muy cerca. Qué maravilla el arte que surge. Qué tragedia el precio que han pagado y deben pagar muchas personas para que el arte perviva.

Mi respeto, mi reverencia, a las buenas gentes de las Tres Mil, héroes que no solo merecen la piscina, el cine, los parques infantiles y que barran sus calles todos los días, porque son ellos y no nosotros los que soportan el mayor tesoro para la supervivencia de un pueblo: su cultura.

Sí, la cabeza me dio muchas vueltas. Y salí del teatro encantado, encantado.

Las fotos se han tomado de la página http://www.fundacion-alala.org 

¿LOS BARRIOS POBRES CREEN QUE SE VIVE MUY BIEN?

Introducción al acto que organizó Iniciativa Sevilal Abierta en la Fundación Cruzcampo de Sevilla el lunes 17 de abril de 2017

Buenas tardes, bienvenidos a este nuevo capítulo del ciclo SEVILLA A DEBATE, Causas y consecuencias del estancamiento de la ciudad, que organiza nuestra asociación INICIATIVA SEVILLA ABIERTA, y que lleva por título, a modo de pregunta:

¿Los barrios más pobres creen que en Sevilla se vive muy bien?

Para ilustrar este debate contamos con la presencia de Manuel Lara García y Lola García Blanco, a quienes en breve pasaré a presentarles. Antes de ello, y a modo de introducción, me atrevo a hacer una breve reflexión personal acerca de si la pobreza en Sevilla es causa o consecuencia del estancamiento de la ciudad, si es este un bucle del que es imposible salir y que nos lleva a perder la esperanza de que la ciudad tome un nuevo brío, para regocijo de quienes no están interesados en que ese nuevo brío exista.

Si cuando salgamos de aquí caminásemos hacia la izquierda, nos encontraremos de inmediato con una avenida que marca uno de los cinturones más importantes de marginalidad de esta ciudad, un cinturón que la recorre desde oriente hasta el sur y que no es el único, porque qué decir de ese asentamiento chabolista de la zona norte, que nunca se vacía, que al igual que el Palacio Real del Alcázar, es el más antiguo de Europa.

El enclave en el que estamos se encuentra en una de las zonas de transición hacia nuestras propias vergüenzas, unas vergüenzas que ignoramos a pesar de que quienes viven allí, se crean o no que vivan muy bien en sus barrios, vengan o no a hacer carreritas en la Madrugá, son víctimas del modelo productivo de esta ciudad, tan falto de iniciativa empresarial a lo largo de la historia como rebosante de especulación en muchas ocasiones.

Hace unos días, a mitad de la Semana santa, quizás para que no se notara mucho, apareció en los medios un comunicado de Unicef que informa que España es el tercer país con mayores índices de pobreza infantil de la Unión Europea, tras Grecia y Rumanía; es el segundo, detrás de Letonia, en desigualdad económica, un país el nuestro en el que un informe de Intermón Oxfam afirma que 20 personas tienen tanto dinero como el 30% de la población. En el caso de Andalucía, tenemos además un 43,2% de riesgo de exclusión, muy superior a la media nacional, que es del 28,6% según la Universidad Loyola. Y qué decir de Sevilla, que alberga, a decir del Instituto Nacional de Estadística, a cinco de los diez barrios con menor renta per cápita de España.

La génesis de los barrios más pobres se explica por la migración rural a la ciudad ante la falta de oportunidades que el campo ofrecía a sus pobladores, allá por los años 60-70 del siglo pasado, y de los procesos de gentrificación de la segunda mitad del siglo pasado, por los que se expulsa a los habitantes tradicionales de arrabales como Triana, en los años 60 o San Bernardo en los 80-90, o los actuales, en la zona de Alameda de Hércules o en San Luis, en donde se sigue arrojando a sus vecinos históricos hacia la marginalidad, una marginalidad de la que no queremos saber o de la que no nos sentimos responsables aunque la generemos, y en la que, fruto de esa ignorancia, se instala y organiza la delincuencia, que victimiza por segunda vez a quienes no encuentran otro lugar en el que vivir, provocando la generación de una economía de subsistencia, sumergida y muchas veces relacionada con la delincuencia.

Por ello resulta indignante que oportunidades de normalización para estos barrios, como la construcción de una Comisaría de Policía en el Polígono Sur, que significa la entrada de las instituciones en el barrio y un paso importantísimo hacia su normalización, sean tiradas por la borda por la falta de sensibilidad de un Ministro, Juan Ignacio Zoido, que sí va a misa según vimos en una portada de prensa, pero que fue Alcalde de esta ciudad y concejal hasta hace bien poco. Y es que en Sevilla parece que somos muy dados a mantener muros que serían la envidia de Donald Trump, para poder lavar nuestras conciencias arrojando caritativas monedas desde el otro lado.

Índices de paro del 70% en estos barrios, de abstención en las elecciones de otro tanto, en un porcentaje sonrojantemente alto de nuestra población, nos deben hacer reflexionar sobre quiénes somos causa de esta pobreza y quiénes sufren sus consecuencias. Eso, o continuar encerrados detrás de esos muros ilusorios que marcan los límites de la ciudad de la gracia.

SOÑAMOS LA CIUDAD

Texto preparado para la mesa redonda SOÑAMOS LA CIUDAD, del jueves 20 de octubre de 2016

LA ZUA (2)Cuando sueño la ciudad, mi sueño es un sueño de justicia hacia los ciudadanos, hacia todos los que la componen y forman parte de ella. El ser humano es un animal social, y como tal se organiza en comunidades, en ciudades, en estados, y esas organizaciones, artificiales pero necesarias, cambiantes pero eternas, tienen el fin de hacerlo más feliz, entendiendo como tal aquello que contribuya a  su mayor bienestar físico, mental, intelectual y espiritual. La ciudad que sueño es de todos, y todos tenemos obligación con todos. El éxito debe llegar a todos o no será, y la derrota de unos es la de todos.

Cuando hablamos de nuestra ciudad de Sevilla, a todos nos han regalado alguna vez los oídos acerca de su belleza― la más bonita de España, una de las más bellas de Europa―, de su importancia histórica a lo largo de los siglos, de sus fiestas tradicionales, de su saber vivir y divertirse.

Cuando hablamos sobre Sevilla, lo hacemos de la Giralda, la Catedral, el Alcázar o el Archivo de Indias, esa zona en la que se reúnen grandes estilos arquitectónicos en apenas unos metros: el gótico de la Catedral, el barroco del Palacio Arzobispal, el renacentista del Archivo de Indias, los diversos periodos del arte musulmán en el Alcázar o en la Giralda. Hablamos de su casco histórico,  de su caserío, de sus iglesias.

Cuando criticamos a Sevilla, cuando los cronistas de la ciudad levantan la voz, lo hacen, y nosotros detrás, acerca de si las Setas o la Torre Pelli son construcciones dignas de ocupar el espacio en el que se sitúan, si la peatonalización de la Avenida de la Constitución se ha hecho bien o no, y si el centro se ha convertido o no en un parque temático globalizado como en otras ciudades históricas, para dar cobertura al turismo, una de las epidemias más depredadoras del siglo XXI en lo medio ambiental. Cuando hablamos o criticamos a Sevilla lo hacemos sobre su casco antiguo, una zona en la que viven una minoría de ciudadanos.

Cuando hablamos sobre Sevilla no hablamos, o lo hacemos cuando aparece una noticia puntual y siempre con vergüenza ajena, como si no fuera con nosotros, de que cinco de los diez barrios más pobres de España están en Sevilla, o de que el líder de esa triste clasificación a quince minutos de zonas lujosas. Y tampoco hablamos de que, a pesar de ser Sevilla una de las ciudades más pobres del país, su importancia en cuanto a inversiones en banca privada es muy superior a lo que cabría esperarse de su nivel económico, de una tradición empresarial y emprendedora escasa, que hace que quienes tengan inquietudes de este tipo deban salir a otras ciudades para poder desarrollar sus proyectos. Sevilla expulsa a sus hijos más bulliciosos, y su dinero, en vez de invertirse en la creación de riqueza que estos podrían producir, se proyecta sobre la agricultura y la construcción, es decir, de las rentas que puedan producir las fincas rústicas o la compra-venta o alquileres de fincas inmobiliarias.

Sevilla es una de las ciudades en las que más desigualdad social existe, y eso se explica en términos económicos y se traduce en lo geográfico. Está plagada de guetos, de ciudades dentro de la ciudad, en un proceso científicamente diseñado que comienza con la expulsión de poblaciones desfavorecidas de núcleos de interés inmobiliario o comercial, para poder desarrollar negocios y concentrar poblaciones de estrato social bajo en viviendas de promoción social, alejadas de los núcleos de interés económico, que luego se convierten en caldo de cultivo para la exclusión social y la delincuencia. Es lo que se conoce como gentrificación.

La gentrificación se ha desarrollado desde tiempos inmemoriales en Sevilla y en el mundo. En los tiempos modernos, en los años 60 del siglo pasado, la expulsión de población eminentemente, pero no solo, gitana del barrio de Triana, inició un proceso de transformación especulativa de ese barrio entonces humilde. La zona que ocupa hoy el barrio de Los Remedios fue limpiada de chabolismo para crear el barrio que hoy conocemos, paradigma en Europa de la urbanización irracional, avariciosa y especulativa. También se hizo de una forma parecida en el centro histórico de la ciudad, aunque no de un modo uniforme, si bien sus huellas en forma de edificios tan feos como de baja calidad aparecen por todo el caserío, para escándalo de los cronistas de la ciudad.

Aunque es un proceso incesante, y que continúa desarrollándose en estos momentos en espacios de la zona Norte del centro como en la calle San Luis, y próximamente en El Vacie, destacan también procesos como los de San Bernardo en los años 80, en la época previa al soterramiento del tren en la ciudad, soterramiento que se hizo en todas las zonas afectadas de interés económico, salvo, a pesar de que estaba previsto, en los barrios más humildes del sur: Tiro de Línea y Polígono Sur.

En todos los procesos de gentrificación hay una población que sale hacia el extrarradio, y otra de mayor poder adquisitivo que entra y ocupa el espacio. En todos hay una legislación que los garantiza, una excusa de índole sanitaria o social, producto de esa desigualdad ancestral que los hace necesarios, pero también una deslocalización y pérdida de raíces de las personas que abandonan el barrio, que deben buscar un nuevo lugar para vivir acorde con sus escasas posibilidades económicas.

Nadie duda de que las casas y corrales de vecinos de Triana o San Bernardo eran lugares insalubres, focos epidémicos por el hacinamiento de quienes allí vivían. Nadie duda de que es una vergüenza que exista El Vacie, que haya personas que vivan en esas condiciones, o en La Bachillera. Lo que sí que es más que discutible es que quienes hayan vivido en lugares así tengan que borrarse del mapa, que desaparecer de nuestros ojos para pasar a ocupar un espacio en los barrios invisibles de la ciudad. Porque el Polígono Sur es un barrio invisible, porque la Ronda del Tamarguillo es una frontera hacia los barrios invisibles de Candelaria o Tres Barrios, y porque lo que parece molestar de El Vacie es que es un barrio indecente pero visible, y no tanto por lo que sucede a las personas que conviven con las ratas y la inmundicia.

La ciudad, la bella ciudad de Sevilla, va de Bellavista a San Jerónimo, de Torreblanca a Los Remedios. No va de los Jardines de Murillo a la Macarena, o de la Torre del Oro a la Puerta Carmona. Y la ciudad que sueño es la que es, la que desbordó sus murallas y se disemina por las antiguas huertas con cuya transformación tantos próceres con calle se enriquecieron. Y para que la ciudad merezca ser una organización al servicio del ser humano debe romper con los guetos y favorecer la integración de sus habitantes.

Barrios como el Polígono Sur, que ya tienen cuarenta años, han desarrollado ya una personalidad propia. Hoy el flamenco no es Triana, es el Polígono Sur. La Sevilla eterna no está intramuros; está en el Polígono Sur. Y lo que precisan barrios como el Polígono Sur, y tantos otros, es que rompamos con su incomunicación, para que puedan integrarse en la ciudad y a la vez expulse a la delincuencia, que encuentra en ese aislamiento el espacio idóneo para sus actividades. Acabar con las barreras físicas, como el muro de Hytasa o las vías del tren, la carretera Su Eminencia o la Ronda del Tamarguillo, son inexcusables para acabar con la exclusión. Acoger edificios públicos, incluso que empresas que lleven su responsabilidad social a instalar sedes en el barrio favorecería la integración y rompería con el miedo que hay a ambos lados de las barreras físicas y psicológicas.

Hay que acabar con los guetos y evitar que se nutran de nuevas poblaciones como los inmigrantes procedentes de otras injusticias, o que otros nuevos se produzcan. Las personas deben gozar del derecho a echar raíces en sus barrios, a desarrollar sus señas de identidad propias. Y quienes deban salir han de poder integrarse en otros barrios que les puedan servir de referencia para crecer. Se copia siempre lo mayoritario, la referencia es la mayoría, y por tanto, no hay que temer de quienes vienen de barrios más humildes. Ejemplos como los edificios sociales que se hicieron frente a la iglesia de San Benito, en la cotizada zona de La Buhaira, muestran que las personas humildes pueden integrarse y no ser un problema para nadie, y en modo alguno han representado un problema para el resto de los habitantes.

La ciudad que sueño es una ciudad integral y visible, una ciudad que sea justa con todos sus habitantes y especialmente sensible con quienes más ayuda necesitan. La ciudad que sueño no es más cara ni es utópica. Porque la utopía no es más que el sueño inalcanzable de los cobardes.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ANABEL CARIDE

ANABEL Y YOCuando Tres mil viajes al sur se abría camino a través de las teclas de mi ordenador, y la estructura en cuatro historias adquiría forma, de pronto me sorprendí un día elucubrando acerca de la cita literaria con la que iniciaría el libro. A veces me pasa eso, que cuando aún no he terminado algo ya pienso en el paso siguiente. Para quienes no me conocen mucho, aunque estén cerca de mis trabajos, esto les lleva a pensar que hago muchas cosas a la vez y no las termino, que me enredo. Pero quienes están al corriente de mi trayectoria personal, saben que tiene que ver con mi forma de ser y que lo que empiezo, sea un maratón, una investigación o una novela, lo termino, aunque tarde siete años en hacerlo, como me sucedió con El guacamayo rojo. Los Tauro somos así.

Ahí se quedó el pensamiento, pero una vez que llegue al final de Tres mil viajes al sur, aun cuando sólo era por aquel entonces una obra apenas hilvanada, lo que me dio tiempo a presentar al Premio Ateneo de Sevilla de novela, volví a pensar sobre ello y se me encendió la bombilla de la mejor manera posible: hablar con Anabel Caride, una poeta que me encanta y que había vivido muchos años en el barrio de La Oliva, uno de los que conforman las Tres mil viviendas sevillanas, el término de la ciudad en el que brotan las historias.

Qué bonito sería―pensé―que una poeta del barrio estuviera en el libro.

Hablé con Anabel y le pedí si me podía hacer el poema de entrada de Tres mil viajes al sur. Me parecía precioso que la novela comenzase con los versos de una escritora del barrio, aunque ya no viviera allí. Y me dijo que sí, que le hacía mucha ilusión. Luego, la conversación continuó más o menos por estos derroteros:

― Anabel, había pensado que al ser  un libro basado en historias de mujeres, podrías ayudarme a buscar a diferentes escritoras y que cada una me hiciera uno para cada uno de los relatos. Aunque en realidad me encantaría que tú me hicieras todos, pero imagino lo difícil que tiene que hacer tantos, así que a ver si puedes ayudarme a encontrar a las personas idóneas.

― Yo te los hago todos. Mándame el libro.

Eso fue lo que ella me contestó y eso fue lo que yo también hice, enviárselo. Feliz.

Pasó el tiempo y, antes de que se fallase el Premio Ateneo, Anabel me envió……siete poemas a elegir: dos para la entrada y uno para cada historia, salvo para la de Blessing, para la que me envió dos. Abrumado, después de leerlos y releerlos, de pedir ayuda porque me gustaban todos, “me apropié” de seis de los siete, utilizando los dos de entrada, uno para la misma y otro como colofón, y cuatro para los diferentes relatos. Sólo tuve que dejar, y con todo el dolor de mi corazón, uno de los de Blessing, porque no se me ocurrió una buena excusa como para que esa historia llevase dos. Todos los poemas han salido publicados en el fantástico poemario de Anabel titulado Lloverá sobre tu nombre, editado por Anantes a finales de 2015, y que me hizo el honor de prologar. No ha habido forma mejor de redondear una obra como Tres mil viajes al sur como ésta, gracias a la inmensa generosidad de Anabel Caride.

Todos los escritores deseamos tener éxito con nuestras obras. Que tengan buena crítica, que se vendan y podamos ganarnos la vida con nuestra creación literaria, que nos hagan crecer. Imaginen cómo me encuentro yo a menos de una semana de que se presente Tres mil viajes al sur. Es muy difícil conseguir el reconocimiento que todos queremos, pero hay otros aspectos que son tan importantes o más que éste, como es el de encontrar en tu camino a personas espléndidas, con la calidad humana y literaria de Anabel Caride. Podrán suceder muchas cosas en mi corta o larga trayectoria literaria, exitosa o fracasada, pero conocer a gente de la talla de Anabel dará por bueno todo lo que venga.

Sirvan estas palabras para agradecer a Anabel que Tres mil viajes al sur sea mejor libro gracias a sus poemas. Que en el mundo haya personas como ella son la prueba de que no podemos perder la esperanza. Gracias.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿CÓMO SE CONSTRUYÓ?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur surgió como idea la noche en la que se presentó El guacamayo rojo y tuvo título días después, en la habitación de un hotel de Lima donde me hospedaba. Para darle la estructura que tiene, me inspiré en Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, de ahí que a una de las protagonistas la bautizara con el nombre de Alberta, en homenaje al malogrado escritor. Para elaborar la historia realicé una intensa tarea de documentación, algo que es habitual en las obras que he publicado, y sin duda deudora de mi pasado como investigador en ciencias de la salud. Aquel viernes de julio y El guacamayo rojo también se inspiraron en la lectura de referencias bibliográficas y en la entrevista a muchas personas testigos de las épocas en las que se enmarcaban las historias.

Lo primero que hice fue visitar al profesor de la Universidad Pablo de Olavide Francisco José Torres Gutiérrez, que había escrito un libro titulado Segregación urbana y exclusión social en el Polígono Sur, inspirado en sus investigaciones de doctorado. Tuvo la generosidad de regalármelo, lectura imprescindible para entender los procesos sociales y demográficos que explican la situación actual.

Después entrevisté a muchas personas que viven en el Polígono Sur, a las que he conocido en estos diez años largos que llevo ejerciendo como voluntario en el barrio. Escuché muchas historias―tengo unas grabaciones que son joyas―, y también me inspiré en las de otras personas, algunas de ellas ya fallecidas, que durante este tiempo me hablaron de tantas cosas. Al final del libro hay una lista de agradecimientos hacia quienes han sido fuente de inspiración para conformar la obra. Espero que no se me haya olvidado nadie.

Quiero tener un recuerdo muy especial para Mohamdi Freesahara, a quien conocí por medio de la poeta y amiga María Magdalena Blanco Odriozola. Gracias a los dos pude contactar con mujeres que han venido de tierras muy lejanas en un viaje durísimo, muchas de las cuales han tenido que soportar no pocas vejaciones para llegar a Europa, y que todavía lo siguen pasando mal. Con Mohamdi recorrí barrios, semáforos y tiendas para buscar interlocutores que quisieran contarme su travesía. Encontrar a personas como Mohamdi en tu vida, aprender de la madurez de este joven tan comprometido, es una de las mayores fortunas que este libro me puede dar.

Tras la finalización de Tres mil viajes al sur, hemos elaborado un video, que se presentará el 22 de abril, con la ayuda indispensable de mi gran amiga Lourdes Ramírez Mota, y de Benito Herrera. En él han participado muchas mujeres del Polígono Sur y hemos recorrido el barrio de punta a cabo para filmarlo. Me siento muy agradecido por la generosidad de las mujeres, y no menos orgulloso de haber enamorado a Lourdes del barrio. Ojalá muchos más habitantes del otro lado quieran hacer el camino que ha realizado mi amiga, el tres mil un viaje al sur.

Un último párrafo para quienes lean esta entrada al blog y puedan ofrecer trabajo a muchas de estas personas: conocer a esta gente y darles la oportunidad de labrarse un futuro será algo de lo que no te podrás arrepentir. Muchas veces, los mejores son invisibles para la mayoría. Te puedo ayudar a encontrarlos.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿Y TÚ, QUÉ HARÍAS?

2015-06-07 13.30.14Tres mil viajes al sur cuenta cuatro historias de mujeres en su viaje hacia la marginalidad, dentro de los procesos sociales que se dieron en grandes ciudades españolas  en los años 50-70 del siglo pasado, como consecuencia de la despoblación de las zonas rurales y del desahucio sufrido por muchas familias de barrios humildes. Todas fueron confinadas a la periferia, a barrios de autoconstrucción y a los terribles polígonos. Muchos de los que hoy ocupamos barrios residenciales lo hacemos en edificios construidos sobre solares y territorios en los que se dieron estos procesos y, por tanto, somos cómplices en mayor o menor medida de ellos.

En este marco, Tres mil viajes al sur pretende reflexionar sobre las vidas de estas personas y de sus descendientes, deportados al extrarradio y que fueron carne de cañón en los años 80 del siglo pasado para el consumo de drogas y sus consecuencias delictivas, que profundizaron aún más en la brecha social y estigmatización de los habitantes de estos guetos.

Por estos motivos, la gran mayoría de los personajes que son ajenos al barrio donde se desarrolla Tres mil viajes al sur no tienen nombre. No lo tienen la ciudad ni el barrio, ni tampoco los que viven fuera, salvo alguna excepción intencional. Porque lo que sí que es intencional es promover la reflexión ética en los lectores, ayudar a que los que lean sus páginas se pregunten qué harían si ellos fueran algunos de los personajes sin nombre que aparecen a lo largo de las cuatro historias.

¿Qué haría, amigo lector, si usted fuera cooperante de una ONG en ese barrio, si fuera el director de un instituto que debe aceptar o rechazar alguna solicitud, si vive protegido al otro lado del muro que lo separa de ese barrio que rechaza?

Tres mil viajes al sur carece de respuestas a las preguntas formuladas, y pretende huir de cualquier forma de maniqueísmo. No tiene pretensión de adoctrinar, sino de hacer pensar, de que el lector forme parte de la reflexión y que ayude a encontrar las respuestas que buscamos. Por ello, el verdadero final de la historia no está escrito; está fuera de las pastas del libro, y entre todos habremos de culminarlo algún día. En la vida real.