ANCHOA, OTRA VEZ

Ayer doce de junio, el Ayuntamiento de Sevilla honró a sus mejores deportistas de la pasada temporada y otorgó el Premio Vida Dedicada al Deporte al gran Anchoa. Durante el acto, no me quedó claro si se le premiaba o se le entregaba a título póstumo. Tenía entendido que se había aprobado concederle el premio antes de su muerte, pero la vida no le dio para recibirlo en persona y tuvo que ser María Luisa, su esposa, qué categoría humana la suya, qué grandeza, la que lo recibió en su nombre de manos del Consejero de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía, don Francisco Javier Fernández Hernández.

Más allá de los detalles que reseño, al Consejero se le escapó en su discurso una frase que luego corrigió, en la que afirmaba que necesitábamos premiar a alguien como él, para luego decir que premiarlo era algo necesario, esencial. ¿Le traicionó el subconsciente?

GALA PREMIOS MARCA PICHICHI ZAMORA

En este país de Lopeteguis y Florentinos, de esquilmadores envueltos en banderas, es rancia costumbre la de homenajear a muertos a los que se ha puteado en vida, a gente brillante a los que se les hizo la vida imposible sencillamente porque ni el mediocre ni el miserable soportan bien la luz, cazadores de días grises y noches de luna nueva.

No quiero personalizar, Dios me libre, en el Consejero ninguna de esas características que entiendo que son del país, pero sí que creo que cuando alguien genial, admirable como Anchoa nos deja, caemos en la cuenta de lo que hemos perdido. Es cuando no nos queda más remedio que desmontar el manido discurso del mediocre, ese que dice que nadie es insustituible. Una gran mentira, claro está, hecha a la medida de esos depredadores de inteligencia.

Digo esto porque Anchoa no necesita ya nada, quienes necesitamos darle ese homenaje somos nosotros. Para salvar nuestras conciencias, para lavar nuestras culpas; en definitiva, para darnos la oportunidad de ser algo menos mezquinos.

Quienes le conocimos y le quisimos sabemos muy bien de su grandeza y también de lo mal que lo pasó en muchos momentos, y no me refiero a su enfermedad. No merece volver a ello, todo quedó atrás. Para él, evidentemente, y seguro que para su familia también, porque el corazón que tienen no hay pecho que lo acoja, pero no está de más recordar que antes de que su enfermedad le hiciera la vida imposible, otros se la habían hecho también, de forma diferente, pero no por ello menos dolorosa.

Reconocer que Anchoa ha sido una de las figuras destacadas de esta ciudad de estos últimos veinte años, alguien de talla mundial en lo suyo, es algo que necesitamos nosotros. Ni él ni su familia, nosotros. Y el verdadero premio que deberíamos darnos como sociedad sería no volver a esperar a premiar a personas como él cuando ya solo sean memoria. Lamentablemente, me temo que no será así, hay demasiados Lopeteguis y Florentinos y aspirantes a serlos. Así nos va.

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HALA, MADRID

RONALDO CABREADOEl martes pasado, cuando jugaba el Barcelona su partido contra el Bayern de Munich, la noche anterior a la eliminación del Real Madrid por la Juventus, discutíamos en una cena sobre esta semana de fútbol europeo.

Como aficionado, tengo la suerte de vivir en una ciudad en la que hay dos grandes equipos, aunque uno de ellos pase momentáneas horas bajas. Es un privilegio, porque así no tengo que optar por ser ni del Real Madrid ni del Barça, como hacen fuera de sus ciudades muchos futboleros que carecen de un equipo con un mínimo de entidad.

Me encanta que en mi ciudad, la gente sea del Sevilla o del Betis y que la afición por los otros sea mínima, o secundaria a la de nuestros equipos. No importa que perdamos mucho más que ellos, que no ganemos casi ningún título aunque deseemos ganarlos todos. En la vida se aprende de la victoria y de la derrota, sobre todo de esta, y disfrutamos mucho más de las victorias por su excepcionalidad, que aquellos que la tienen por costumbre.

En aquella cena centramos el debate en los partidos de Champions de la semana, antes de saber ningún resultado. Asumiendo que cualquiera podía tener amor por cualquiera de los colores que jugaban, estábamos de acuerdo en que, para aquellos que nos daba igual uno que otro, que no entendíamos de nacionalismos aplicados al fútbol, el Real Madrid no era santo de nuestra devoción. En especial, para los que tenían hijos pequeños. Porque, cómo se les podría explicar a ellos que la trayectoria de Cristiano Ronaldo era ejemplar, un modelo a imitar. Cómo se podría defender a un club cuyos aficionados olvidan lo que Iker casillas, probablemente el mejor portero que haya tenido nunca el Real Madrid, pase lo que está pasando a estas alturas de su carrera deportiva. Cómo explicar a nadie que en la vida lo único que importa es mi gloria personal, y que a los demás hay que utilizarlos en beneficio propio, como hace el delantero portugués. Cómo defender que alguien como Iker, que ha dado todo tipo de títulos, tanto para su club como para la selección de su país, esté viviendo lo que está viviendo porque esa afición, al igual que su delantero portugués, ha aprendido a utilizar a los futbolistas para su propio beneficio (títulos) y los desprecia cuando ya no les sirve.

RONALDO PEINETANo, muchos no queríamos que ganase el Madrid. Es más, durante la noche del miércoles coincidí con otros amigos y ninguno, ninguno, nos entristecimos por su derrota. Probablemente haya quien piense que hay que defender lo español por encima de todo, o el fútbol no es algo edificante, que no es modelo de nada. No estoy de acuerdo. El fútbol es un deporte, y como deporte, la belleza, el esfuerzo y el acierto deben estar por encima de cualquier bandera. Y el fútbol como negocio, ese segmento empresarial en cuyos fangos se mueven como peces en el agua los presidentes de ambos equipos a los que me refiero, no es ejemplo, sino reflejo de la propia sociedad. Es como el bipartidismo trasnochado que nos asola; es como las tremendas desigualdades sociales que sufre nuestro país, en las que los ricos no dejan de robar ni de esquilmar a los más modestos.

Pero el fútbol, como deporte que une lo físico y el esfuerzo, con el talento, la inteligencia, la astucia, con la madurez, ese juego en el que pueden participar altos y bajos, fuertes y menos fuertes, lentos y rápidos, sí que es edificante. Y el Real Madrid, que consiente que siga jugando en sus filas alguien como Cristiano Ronaldo, que ha tenido como entrenador a una ponzoña humana como José Mourinho, no es un ejemplo edificante para nada. Y por eso está bien que se pase el año del color de su camiseta. Así que hala, Madrid. Lo peor de todo es que no van a aprender. Cortarán cabezas y pondrán otras. Y a vender camisetas y falsas ilusiones. Y a seguir envenenando este deporte, con la ayuda de vuestros periodistas de cámara. Porque en eso sí que hacen nacionalismo español. Del peor, por cierto.

La primera foto se obtuvo de http://www.cortarporlosano.com . La segunda de http://www.canalfutbolista.com 

SABER GANAR

RONALDOLa figura de Cristiano Ronaldo me echa para atrás desde hace mucho tiempo, en especial desde que llegó al Real Madrid y habló con desprecio del trofeo Pichichi, el que otorga el diario Marca al máximo goleador de la Liga, llamándolo Pochocho en un tono chulesco que desde entonces se nos ha hecho muy familiar a todos.

He de reconocer que ha habido momentos en los que me ha producido ternura. Todos tenemos instantes de debilidad, es la única explicación que encuentro a esto que alguna vez me ha pasado. Reconozco que este futbolista tiene mucho mérito. Cristiano es de origen muy pobre, iba a decir humilde, pero me cuesta utilizar esa palabra en este tipo. Ha luchado muchísimo por llegar a ser el gran jugador de fútbol que es, no había más que ver a su familia el día que le dieron el Balón de Oro. Es muy admirable, pero me parece que ese ha sido también el origen de sus males, porque de tanto luchar por sí mismo que al final ha acabado despreciando a los demás.

En su día, me resultó repulsivo su comportamiento hacia sus compañeros de selección cuando cayeron eliminados en Eurocopa y Mundial. Ronaldo busca culpables en la derrota, pero cuando llega la victoria esta es solo suya. De su pierna musculosa a la que señala con orgullo, de su cuerpo Danone que señala y permite que sus compañeros adoren….Para Cristiano Ronaldo el equipo es un mal menor, únicamente el elemento necesario que le permite obtener su gloria particular, la única que le interesa.

Pero lo de ayer me resultó sencillamente vergonzoso. Me incorporé al partido en el último cuarto de hora del tiempo regular. Ni me iba ni me venía el resultado y estuve paseando la mar de tranquilo. Cuando llegué, los comentaristas afirmaban que Ronaldo no había sido de los destacados. Algo normal, pensé, porque salvo el encuentro de su selección contra Suecia y la final de la Copa del Rey frente al Barcelona, pocas veces lo he visto ser decisivo. Ayer tampoco lo estaba siendo, aunque sus ansias por marcar de penalti a un equipo derrotado que había recibido tres goles en unos minutos, un equipo hundido, le retrató por completo. Cómo me acordé del “Respect to Italy”con el que Iker Casillas recriminó al árbitro de la final de la Eurocopa cuando España ganaba cuatro a cero y el trencilla insistía en alargar el partido. Era otra camiseta.

La celebración del cuarto gol quitándose la camiseta ante un equipo que merece el respeto y la admiración de todos los que aman el fútbol, fue en mi opinión bastante lamentable. Y sus compañeros detrás de él, simbolizaban un liderazgo pernicioso de su estrella, o por otra parte, y es lo que quiero creer, eran conscientes de que tienen a un gran futbolista que también es un niño tonto, caprichoso y profundamente egoísta, al que hay que pasarle la mano por el lomo de vez en cuando para que no llore.

Patética me resultó también la celebración del otrora inconmovible presidente, y su cómplice saludo con el ex presidente Aznar. Pero ahí reconozco que tengo otras fobias particulares y debería dedicarle un comentario aparte.

Y así terminó la temporada de clubes, a la espera del Campeonato del Mundo. En breve el señor Florentino sacará la chequera y comenzará con su tarea veraniega de desestabilizar equipos. Con el dinero del reparto económico tan desigual de la Liga, desarmará equipos pujantes quitándoles sus estrellas y a continuar el camino establecido, a buscar nuevos Cristianos con los que mantener una religión en la que solo hay dos dioses, su equipo y el Barcelona. Sí, así gana el Madrid.