BISNES

BISNESTe propongo un negocio. Es muy fácil, sencillo. No tendrás que hacer mucho, solo poner el dinero. Es un negocio redondo, créeme. Por cada euro que inviertas te voy a devolver entre 5 y 8 euros al año siguiente. No  miento, la empresa ganará eso y en el beneficio está incluido lo que ganen los profesionales que trabajan para nosotros.

Tranquilo, no se trata de tráfico de drogas. Tampoco de venta de armas. No, no vamos a destrozar ningún país, ni vamos a quedarnos con sus pensiones o sus bancos. Con Grecia ya tenemos bastante. Se trata de un negocio legal. Y además, moral, porque beneficia a todos los ciudadanos. Sí, puedo ver tu cara de incredulidad. Te preguntas en qué puedes ganar tanto dinero sin tener que abusar de nadie, sin tener que medrar, sin tener que prevaricar, si además ni la bolsa ni los bancos dan tanto.  Y no, no vas a salir imputado de nada, ni después vas a pasar años o meses en la cárcel, aunque te pongan ordenador, impresora y aire acondicionado. No, repito: es legal y es moral.

Y no, no te voy a ocultar por más tiempo de qué se trata. Es muy sencillo. Se trata de apostar por servicios de optimización de la farmacoterapia para pacientes crónicos y polimedicados. Simplemente se basa en que profesionales farmacéuticos evalúen de forma integral los resultados de los medicamentos en los pacientes, para detectar, prevenir y resolver los problemas que actualmente producen los medicamentos. El resultado de la inversión está más que demostrado en países desarrollados. Pero en tu país son muy difíciles de implantar. Porque no lo proveen dioses médicos, y porque es legal y moral. Y además porque es un derecho de salud pública. Demasiado bonito para un país con políticos cutres como el tuyo. Este es el negocio que se pierden, con la deuda que tenemos. ¿Qué asco dices? Sí, qué asco.

RUEDAS DE MOLINO

Ruedas de molinoVivo la farmacia desde que fui engendrado. Ya en el vientre de mi madre, subí y bajé escaleras cuando ella trataba de alcanzar los medicamentos que se almacenaban en aquellas estanterías de madera que llegaban casi hasta el techo. Me acostumbré desde entonces a los olores de la farmacia, a todos aquellos potingues y líquidos que se almacenaban en preciosos frascos de cristal que todavía conservamos, con la etiqueta ya amarilleada por el paso del tiempo.
Cuando era un niño mi padre trabajaba en una empresa de distribución farmacéutica ya desaparecida hace muchos años. La sede estaba junto al colegio al que íbamos mi hermano y yo. Por aquel entonces vivíamos cerca, pero un buen día nos mudamos a un barrio alejado y mi padre habló con el chófer de la empresa que hacía la ruta de farmacias cercana a nuestro nuevo domicilio para que nos llevara. Aquel conductor era tan flojo y avispado como inocentes éramos mi hermano y yo. Nos hacía cargar la furgoneta con las bolsas de medicamentos que tenía que entregar. Lo hacíamos felices, no nos importaba en absoluto, como tampoco nos molestaba entrar en las farmacias a entregar aquellos pedidos recogidos a mano por telefonistas que escribían con letra más ilegible que la de un médico.
Mi hermano, el chófer y yo íbamos sentados delante, sin cinturón de seguridad porque entonces ni existía, y solíamos coincidir con la salida de las niñas de un colegio en una de las típicas calles estrechas del centro de mi ciudad. Pasábamos despacio mientras él las miraba. Recuerdo cómo una vez el avispado chófer me insinuó que diera un susto a las niñas que me pareció divertido. Al pasar junto a ellas les tendría que dar un golpe en el trasero, bajo la promesa de que luego saldríamos escopetados. Así lo hice, sin tener aún el desarrollo hormonal requerido para entender lo que ese sátiro de patillas y cabello largo me sugería. Cuando les di, el conductor, en vez de acelerar me recriminó delante de aquellas niñas lo que había hecho, enrojeciendo como nunca he olvidado.
Luego hice la carrera y mientras me chupé no pocas guardias y veranos de suplencias a los auxiliares, hasta que después comencé a ejercer y a luchar por que la farmacia fuese un establecimiento sanitario de prestigio en el que el farmacéutico continuará siendo un profesional reputado ante la sociedad. Entonces vinieron los años de lucha por hacer realidad la atención farmacéutica. Cuando inicié mi tesis doctoral en esta disciplina, un joven profesor de la Facultad me llegó a sugerir hacerla con él en su laboratorio galénico. Recuerdo que le dije que para mí la farmacia era un laboratorio tan digno como cualquier otro para hacer investigación y que, o hacía la tesis en la farmacia o no la hacía. Y lo conseguí.
Para mí la farmacia ha sido mi medio de vida desde antes de nacer y continúa siéndolo. Por eso veo con mucha tristeza continúe después de tantos años enrocada hacia adentro, incapaz de aprovechar su posición ante la sociedad; haciendo cursos para dispensar, como pude comprobar en la pasada Cuaresma, fajas para nazarenos y costaleros. Ojalá algún día acabe este viacrucis profesional en el que buscan culpables a quienes no comulgamos con ruedas de molino.

Entrada publicada en El Farmacéutico número 519 (15 de abril de 2015) http://www.elfarmaceutico.es/numeros-de-la-revista-desde-el-2011/ya-viene-el-sol/ruedas-de-molino#.VVTFDPntmko 

La foto se tomó de http://www.adurcal.com

SEDOF. TRES AÑOS CONTRA EL FRACKING FARMACÉUTICO

SEDOFNunca hemos estado tan informados;

jamás se ha hecho tan poco

para evitar catástrofes anunciadas mil veces. […]

 

Y no solo pretendemos mantener el mismo estilo de vida

sino que perseguimos continuamente el más allá,

el consumo infinito en un planeta finito.

Deseemos lo mejor, pero preparémonos para cualquier cosa.

León Lasa: EN NORUEGA

Extraigo estas frases del epílogo de este fantástico libro de viajes que Almuzara editó al letrado y articulista sevillano León Lasa. Para mí es inevitable leer en clave farmacéutica este y muchos otros libros. Defiendo con vehemencia que la vida es una y que lo que pasa en algún entorno puede y debe leerse en cualquier otro. El cambio climático, el cambio político, el cambio farmacéutico…estamos ante una crisis sistémica y de punto final. Se ve en todo. Cuando escuchamos que la crisis desaparece y que el sector de la construcción remonta en España, con tantos pisos vacíos, con tantos desahucios, con tanta gente en la calle, es para tentarse la ropa. Que baje el precio del petróleo, que se extienda el fracking como modelo extractivo, es para tentarse la ropa. Que la gente se asuste ante los nuevos partidos políticos que aparecen, es para tentarse la ropa.

El mundo farmacéutico también es para tentarse la ropa. Como en la vida real, un importante número de farmacéuticos no quiere ver más allá de su cúter y de su cinta celo. Al fin y al cabo, uno de los grandes regalos que nos da la vida es que es demasiado corta, de forma que podemos subsistir haciendo fracking profesional, explotando lo que hay sin límite, y que quien venga después que le vayan dando.

Porque fracking farmacéutico es el invento de la cartera de servicios, y también lo son los documentos, declaraciones y todas sus variables en las que llevamos ya décadas, sin que nada cambie. Fracking farmacéutico es explotar un modelo agotado, al que se le pretenden extraer las zurrapas caiga quien caiga.


SEDOF
nació hace tres años para tratar de generar un cambio, apostando por una sociedad científica basada en una práctica asistencial definida y concreta, a diferencia de otras sociedades farmacéuticas, que se enfocan en un profesional y un determinado entorno asistencial.

La apuesta por una práctica asistencial no ha sido bien entendida por quien no quiere entenderlo y es una pena, porque eso no provoca nada más que poner palos en la rueda de la regeneración profesional, una regeneración que no podemos hacer cada uno por nuestra cuenta. Como el climático, el cambio que necesita la profesión farmacéutica se escapa a la capacidad de diferentes agentes por separado. Como dice León Lasa, nunca hemos estado tan informados como ahora de la que se nos viene encima, y jamás se ha hecho tan poco para evitar una catástrofe mil veces anunciada. Pretendemos seguir haciendo lo mismo, mantener un mismo estilo de vida, recortar y recortar códigos de barra y seguir poniendo la mano a papá Estado, sabiendo que ese modelo no da más de sí, y que son las profesiones las que dan propuestas a la sociedad y no al revés como algunos pretenden.

Después de tres años, en SEDOF se han hecho muchas cosas, pero también es cierto que habíamos soñado con hacer muchas cosas más. Esto no se justifica solo con la inesperada animadversión de muchas instituciones profesionales, sino que también es algo que hay que pensar desde dentro. A pesar de todo, en la medida de nuestras posibilidades, se han hecho cosas y las seis escuelas SEDOF, y el apoyo a la creación de Unidades de Optimización de la Farmacoterapia (UOF) son apuestas de enorme calado que irán dando sus frutos.

Deseo que en los próximos tres años, y en especial tras las elecciones que en 2016 traerán una nueva presidencia a la sociedad, se dejen de ver fantasmas en torno a SEDOF, y que esta sociedad mantenga el proyecto de hacer realidad una práctica asistencial cuya ausencia está provocando muchas muertes y no pocos problemas en la sociedad, que es como decir en nuestras familias, nuestros amigos, nuestros allegados. Incluso entre aquellos a los que no les gusta SEDOF. Porque la parca, amigos y amigas, no entiende de política.

Ojalá dejemos de agachar la cabeza y seamos capaces de crear un futuro más allá de nosotros mismos. Deseemos lo mejor para nuestra profesión en ese sentido. Si no, preparémonos para cualquier cosa.

ESCUELAS SEDOF: APRENDER DE LOS PACIENTES

SEDOF_VIEl pasado sábado 11 de abril la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF) celebró su sexta Escuela SEDOF. Cuando todavía no se han cumplido tres años de su fundación son ya seis las jornadas celebradas a lo largo de la geografía nacional: Benidorm, Madrid, Zaragoza en dos ocasiones, Sevilla y Barcelona han sido las ciudades en las que esta joven institución ha compartido sus conocimientos, sus dudas, sus apuestas, con muchos farmacéuticos que entienden que el único futuro posible de nuestra profesión es contribuir a la disminución de uno de los mayores problemas de salud pública a los que se enfrenta nuestra sociedad, la morbi- mortalidad asociada a los medicamentos, principal generadora de gasto sanitario y social, y de sufrimiento humano evitable. Que se haya repetido en Zaragoza no es ninguna casualidad, ya que la Universidad San Jorge es la primera institución universitaria que ha creado una Unidad de Optimización de la Farmacoterapia (UOF) para formar a sus alumnos de grado y posgrado en esta importantísima actividad asistencial atendiendo a pacientes reales.

Estas jornadas se financian con la  cuota de inscripción de los asistentes y no se reciben ayudas por parte de la industria farmacéutica ni de organismo alguno. Todos los socios pagamos y no generamos ningún gasto y solo, cuando nuestras posibilidades nos lo permiten, financiamos la asistencia de algún profesional de excelencia que nos pueda ayudar en el camino que nos hemos propuesto. En esta edición hemos podido contar con la presencia de Djenane Ramalho de Oliveira, profesora de la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil), formada en la Universidad de Minnesota junto a Linda Strand, lugar de referencia mundial para la implantación de servicios de Medication Therapy Management (MTM).

Cada jornada se centra en algún aspecto que los profesionales creen que deben mejorar en su día a día en la práctica asistencial. En este caso, y de ahí la invitación realizada a Djenane, queríamos saber más sobre Medication Experience, un concepto traducido aquí como Experiencia Farmacoterapéutica, que trata de enfatizar en los aspectos psicosociales y culturales de cada paciente como herramienta para optimizar los resultados de los medicamentos. La conferencia inaugural que realizó nuestra invitada se centró en este importante aspecto,  e insistió en que no se podía disociar de la aplicación de los imprescindibles conocimientos biomédicos. Asimismo se realizaron dos sesiones clínicas con sendos pacientes crónicos polimedicados usuarios de la UOF, que coordinaron la responsable de la Unidad Amaya Ruiz, Djenane Ramalho de Oliveira y Manuel Machuca, y en la que participaron los asistentes presenciales y a distancia, gracias al Aula Virtual de la Universidad y se enfatizó mucho sobre cómo la experiencia farmacoterapéutica de cada paciente podría ayudar a mejorar sus resultados en salud.

Djenane también nos mostró el esperanzador camino que siguen en su estado. Allí el gobierno ha apostado definitivamente por estos servicios que en España denominamos de optimización de la farmacoterapia y van a proceder a contratación de cientos de farmacéuticos para implantarlos, que desarrollarán sus actividades en diversos entornos asistenciales como farmacias comunitarias y centros de salud. Un éxito que viene de un trabajo continuado y bien planificado.

 En SEDOF somos conscientes del camino que se debe seguir y apostamos sin fisuras por recorrerlo junto a las instituciones farmacéuticas que lo deseen. También sabemos que esta práctica todavía es testimonial en nuestro país, a pesar de los numerosos esfuerzos realizados. Nuestra pretensión es ayudar a conseguirlo y para ello solo pretendemos ser una de las herramientas facilitadoras, una sociedad en la que quien crea que puede sentirse cómodo para alcanzar los fines deseados lo esté, y colaborar con aquellos que prefieran hacerlo desde otros lugares y busquen lo mismo.

No podemos permitir por más tiempo que España, un país pionero en la construcción y diseminación de estas prácticas asistenciales, acabe por ocupar el furgón de cola en el reconocimiento y la remuneración. Esto necesita una reflexión global en la que SEDOF también tiene mucho que decir, debería hacerlo y lo hará desde los espacios en los que ello sea posible.

El reto es importante pero lo que depara el futuro lo es aún más si dejamos a un lado intereses que no contribuyan a transformar la realidad. Solo existirá una profesión fuerte y de prestigio si esta asume la responsabilidad de minimizar un problema enorme de salud pública que mata cinco veces más que los accidentes de tráfico y ocasiona un gasto dos veces mayor que el de los medicamentos. Nuestra mano está tendida y nuestra experiencia siempre estará al servicio de la profesión farmacéutica. El cambio no debe retrasarse más. Por todos.

 Artículo publicado en Correo Farmacéutico, en la edición de la semana del 20 al 26 de abril de 2015 

http://www.correofarmaceutico.com/2015/04/20/al-dia/entorno/aprender-pacientes

ELECCIONES AL CONSEJO GENERAL DE COLEGIOS FARMACÉUTICOS

CALLE SIN SALIDANos guste o no, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, y sus equivalentes autonómicos, son la entidades que representan al colectivo ante la sociedad hasta la fecha, y son las que toman las decisiones importantes en torno a la profesión. En el caso del Consejo General una de las esas decisiones, quizás la más trascendental y también más tradicional, es la de  no hacer nada, la de limitarse a parar los golpes que nos lanzan desde fuera, muchos causados por su proverbial inmovilismo, y también a detener toda evolución que nace desde dentro. Porque domesticar a los librepensadores, a los que decían serlo, por ser más precisos,  ha sido otra de sus actividades más sobresalientes. No hay más que ver lo que los dirigentes han hecho con el un día revolucionario movimiento de la Atención Farmacéutica, ahora constreñido en foros, consensos, declaraciones y otras actividades tan rimbombantes como estériles, que continúan dando espacio y visibilidad a quienes llevan ya décadas demostrando su incapacidad por implantar unos servicios asistenciales de impacto en la sociedad.

elecciones_CGCOF_2012Que esto sea así no lo causa la ausencia de movimientos de regeneración en el seno de los farmacéuticos. El colectivo de base se mueve y se está moviendo desde hace tiempo. Con mayor o menor calidad, hay muchos profesionales que investigan, que se interesan por cambiar, que tratan de hacer mejor las cosas. Hace veinte años era impensable que un farmacéutico comunitario presentara una comunicación a un Congreso, y hoy publican cientos en cada reunión científica que se celebra, al igual que los farmacéuticos de hospital o de atención primaria, a quienes, no se olvide, también representa el Consejo General. Es la estructura misma de la organización y la elección de quien dirige la institución la que no responde a las exigencias que los profesionales se han puesto en su día a día, con no poca frustración ante lo que otros deciden por ellos sin que puedan hacer nada, o muy poco, al respecto. Esa forma tan cerrada, tan opaca, tan poco democrática por la imposible aspiración a cambiarla desde fuera, es en buena parte responsable de la situación ante la que nos encontramos. No es cuestión de que Carmen Peña haya sido una buena o mala presidenta, que el desaparecido Pedro Capilla lo hiciera mejor o peor. Es que no se puede elegir quien va a representar a decenas de miles de farmacéuticos de diversos ámbitos profesionales, en una votación que solo tienen derecho de ejercerla cincuenta y dos de ellos, que además, encima de que representan a sus colectivos provinciales, pueden votar lo que a ellos les parece sin tener por qué consultar a sus bases.

Las próximas elecciones deberían suponer una oportunidad de revertir esto, aunque solo un cándido incurable podría creer que esto se vaya a dar. Cambiar el reglamento electoral y abogar por el voto directo de cada uno de los colegiados no haría otra cosa que legitimar la institución. Tener una asamblea representativa del sentir de los farmacéuticos de base permitiría dinamizarla y que pudiera nutrirse de las diferentes visiones profesionales, en lugar de hacer todo lo posible por ocultarlas o ningunearlas, como ha sido tradición hasta la fecha. Y todo ello iría en beneficio de la profesión, de una profesión que muchos elegimos para contribuir, desde nuestro conocimiento de los medicamentos, a una sociedad más libre y justa.

Ojalá exista la valentía necesaria para el cambio. Quizás no nos podamos permitir cuatro años más de falta de transparencia y de democracia real. Porque este camino no conduce a ningún lado y cambiarlo beneficiaría a todos. A todos, y no solo a los farmacéuticos. Es el momento de moverse.

Las fotos se han tomado de http://www.granadablogs.com y de http://www.portalfarma.com

RETOMAR CAMINOS

Este artículo se ha publicado en la revista El farmacéutico, en su número 515 correspondiente a febrero de 2015:

http://www.elfarmaceutico.es/numeros-de-la-revista-desde-el-2011/ya-viene-el-sol/retomar-caminos#.VON77PmG_T8

RETOMAR CAMINOSA principios del año 2001 dos entusiastas profesores de la Universidad de Sevilla ya jubilados, Joaquín Herrera Carranza y María José Martín Calero, organizaron lo que fue el primer y único Congreso Universitario de Atención Farmacéutica hasta la fecha. Nadie desde entonces ha sido capaz de tomar el testigo de Sevilla como organizadora de un evento así.

Catorce años después, la práctica asistencial que originó toda la literatura del Pharmaceutical Care dista mucho de ser una realidad en España. No pocos proyectos se han acometido, no pocas acciones se han intentado, no pocas ilusiones se han quedado en el camino. Sin embargo, a pesar de todo, es una práctica que no está muerta, que sigue tratando de abrirse camino en el ámbito farmacéutico y que, aunque no lo parezca, ya no tiene vuelta atrás.

Días antes de escribir este artículo, tuve la oportunidad de visitar la Universidad del Valle de Itajaí, en el estado de Santa Catarina, al sur de Brasil. Allí pude colaborar en la docencia de alumnos de posgrado en Farmacia, que atendían a pacientes derivados por diferentes profesionales en un centro de salud de la Universidad de carácter multidisciplinar. Acabé fascinado por la inmensa suerte de trabajar con los alumnos de la profesora Liege Bernardo. Preparamos las citas previstas con los alumnos, diseñamos planes de actuación, deconstruimos y construimos la práctica teniendo en cuenta todos los aspectos biomédicos y sociales de los pacientes, y, tras la entrevista, revisamos lo que se había detectado e iniciábamos las acciones necesarias para resolver los problemas detectados. Supe que realizaban sesiones clínicas dirigidas por un… filósofo, para priorizar una medicina más humanista en la que todos los profesionales, pero ninguno más que otro, tenían mucho que aportar. Tener esta oportunidad me hizo ver, en el terreno personal, dónde quisiera estar y dónde podría ofrecer lo mejor de mí mismo como profesional, al mismo tiempo que reconocí lo que no quería seguir haciendo más. Pero claro, esto es muy personal.

Recién llegado a Sevilla, asistí a un debate sobre atención farmacéutica en la Facultad de Farmacia en el marco de unas jornadas sobre salidas profesionales. Allí retomé el contacto con la Facultad, y pude comprobar los tímidos progresos que se estaban realizando en la materia. Tímidos pero bien encaminados, al menos eso fue lo que me pareció, pues eran conscientes de la importancia de aprender una práctica definida y de que este aprendizaje sólo podría adquirirse atendiendo pacientes.

Creo que es el momento de retomar la idea de un Congreso Universitario de Atención Farmacéutica y dar el protagonismo a todos aquellos profesores que, en las diferentes universidades españolas, han asumido el reto de iniciar el único camino posible que tenemos para hacer de esto una práctica que se sostenga en el tiempo: la implicación de la Universidad como comienzo de todo el proceso. Catorce años después de aquel febrero de 2001, es el momento para que los profesores universitarios tengan su punto de encuentro, su foro de discusión, su lugar desde el que aprender de otros, de mejorar, de escuchar a los que han tenido éxito, de apostar por los avances y de enseñarlos, de hacerse nuevas preguntas… En definitiva, de progresar.

Retomemos caminos, aunemos esfuerzos, miremos hacia adelante. No pasa nada si el Congreso es pequeño, si el camino que debemos recorrer es largo. Seguimos sabiendo que lo que está en nuestras manos es importante, muy importante. Y los pacientes lo están esperando. Vamos.

La imagen se obtuvo de corvalde.blogspot.com