ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

CEGUERAEn estos días, y a pesar de que cada día soy más pesimista con el futuro de los farmacéuticos como profesionales de la salud, por mucho onanismo triunfalista que se pregone en sus Congresos, he dirigido un modesto trabajo de investigación para que una alumna de un Máster de Farmacia cumpla los requisitos necesarios para la obtención de dicho título.

El objetivo propuesto era conocer si los usuarios de una farmacia que no hubieran recibido servicios de seguimiento/optimización farmacoterapéutica y que acudieran a retirar su medicación habitual sin quejarse de problema alguno con su medicación, alcanzaban o no los resultados esperados de la misma. Es decir, si había algún fallo de la farmacoterapia, o como les gusta decir a los consensuadores españoles que raramente han visto a un paciente, si experimentaban o corrían el riesgo de experimentar, resultados clínicos negativos.

La metodología seguida ―no me voy a extender mucho en esta entrada con la misma, ― consistía en ofrecer aleatoriamente a los candidatos una evaluación rápida de su farmacoterapia, aprovechando que acudían con su tarjeta sanitaria para prescripción electrónica. Se analizaba la medicación y se obtenían los resultados de efectividad en lo que se pudiese evaluar, ya que resultados analíticos o de otras pruebas han quedado sin verificar si el paciente luego no los traía, por no disponer de ellos o por la imposibilidad de acceder a la historia clínica del paciente.

Se captaron diez pacientes, cinco hombres y cinco mujeres, y ahora estamos estudiando los datos. Dan miedo. Estoy convencido de que este trabajo merecerá ampliarse y hacer una tesis doctoral, que daría para mucho si lo que va apareciendo se confirma, a pesar de una muestra tan escasa.

Lo primero que hemos visto es que todos, absolutamente todos los pacientes, sufrían al menos dos resultados negativos de la medicación, y eso que, como he dicho con anterioridad, han quedado aspectos de efectividad, que no de seguridad, sin evaluar. Este dato me parece importantísimo: el 100% de la muestra de pacientes que toman medicamentos de forma crónica tiene al menos dos problemas con sus medicamentos,  a pesar de que no se haya podido evaluar todo.

Cuando se presente la investigación se podrán dar más detalles de la misma, aunque me pregunto si a alguien le importarán esos datos. Pero sí quiero adelantar el caso de una mujer que se encuentra en prediálisis, y que en la evaluación detectamos que el cansancio que mostraba se debía a una bradicardia a consecuencia de su dificultad de eliminación renal del atenolol que tenía que utilizar por un infarto previo que sufrió. Informamos a su médico para que los sustituyera por otro medicamento de la misma familia pero de eliminación biliar y no hizo caso (en Román paladino se dice se acojonó), pero la paciente, que afortunadamente tenía cita con su nefrólogo en los días siguientes, confió en nosotros, no se rindió y le llevó nuestro informe. El resultado fue quey su atenolol se sustituyó por carvedilol y la bradicardia desapareció. Así, los profesionales de la salud dejamos de joderle el riñón a la señora, al menos la jodienda gratuita de darle atenolol, y quizás ese trasplante que pudiera venir se retrase un tiempo más o no tenga que hacerse, lo cual no sé si es positivo o negativo para estos políticos de la Andalucía imparable, que quizás deseen seguir liderando los trasplantes en España y nosotros hayamos contribuído a fastidiarles (iba a poner joderles, pero ya me estaba repitiendo mucho) las cifras.

Pueden conocer los costes de los servicios sanitarios en Andalucía en esta dirección:

http://www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdesalud/ordenpreciospublicos/default.asp

Por decirles algo, un trasplante renal en Andalucía cuesta 39.181,42 euros. Ahorrando uno solo, podríamos comprar 15.672 cajas de carvedilol y tratar a 1.300 andaluces (y andaluzas) durante un año con ese medicamento, por poner un ejemplo.

Pero más allá de los costes económicos del trasplante, y de los medicamentos tan carísimos que debería tomar de por vida con posterioridad para evitar el rechazo al nuevo órgano, ¿alguien tiene idea de las consecuencias sobre la calidad de vida del paciente? No hay página web oficial que nos informe sobre cómo se sienten las personas que sufren procedimientos como éstos. Es cierto que, ante la posibilidad de la muerte, cualquier aspecto así les merece la pena a muchos. Pero, ¿y si llegaran a saber que su caso podría haberse evitado? Muchísimos procedimientos quirúrgicos, muchísimo sufrimiento se podría haber evitado si los pacientes crónicos dispusieran de servicios de gestión integral de la farmacoterapia para optimizar sus resultados y prevenir problemas como éstos.

Aquí tienen algunas razones por las que de un tiempo a esta parte, me dedico a la literatura. Para quienes me preguntan, aquí está la respuesta. Así he conseguido que mis frustraciones sean mías y sólo mías, y únicamente dependan de mi torpe manera de juntar palabras. No necesito a nadie más

Para modificar la situación expuesta, doctores tendrá la Iglesia, aunque me temo que esa Iglesia a la que aludo, sus feligreses y sus sacerdotes, padecen de una ceguera que sólo puede explicarse desde el talibanismo y la sinrazón. Y caerán en el infierno, que existe, claro que existe, al menos en lo que se refiere a quienes pudiendo hacer otra cosa, no la hicieron. Porque tuve hambre y no… pues eso.

La imagen que ilusta se ha obtenido de http://www.lamilanabonita.com

 

Anuncios