ESCUELAS SEDOF: APRENDER DE LOS PACIENTES

SEDOF_VIEl pasado sábado 11 de abril la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF) celebró su sexta Escuela SEDOF. Cuando todavía no se han cumplido tres años de su fundación son ya seis las jornadas celebradas a lo largo de la geografía nacional: Benidorm, Madrid, Zaragoza en dos ocasiones, Sevilla y Barcelona han sido las ciudades en las que esta joven institución ha compartido sus conocimientos, sus dudas, sus apuestas, con muchos farmacéuticos que entienden que el único futuro posible de nuestra profesión es contribuir a la disminución de uno de los mayores problemas de salud pública a los que se enfrenta nuestra sociedad, la morbi- mortalidad asociada a los medicamentos, principal generadora de gasto sanitario y social, y de sufrimiento humano evitable. Que se haya repetido en Zaragoza no es ninguna casualidad, ya que la Universidad San Jorge es la primera institución universitaria que ha creado una Unidad de Optimización de la Farmacoterapia (UOF) para formar a sus alumnos de grado y posgrado en esta importantísima actividad asistencial atendiendo a pacientes reales.

Estas jornadas se financian con la  cuota de inscripción de los asistentes y no se reciben ayudas por parte de la industria farmacéutica ni de organismo alguno. Todos los socios pagamos y no generamos ningún gasto y solo, cuando nuestras posibilidades nos lo permiten, financiamos la asistencia de algún profesional de excelencia que nos pueda ayudar en el camino que nos hemos propuesto. En esta edición hemos podido contar con la presencia de Djenane Ramalho de Oliveira, profesora de la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil), formada en la Universidad de Minnesota junto a Linda Strand, lugar de referencia mundial para la implantación de servicios de Medication Therapy Management (MTM).

Cada jornada se centra en algún aspecto que los profesionales creen que deben mejorar en su día a día en la práctica asistencial. En este caso, y de ahí la invitación realizada a Djenane, queríamos saber más sobre Medication Experience, un concepto traducido aquí como Experiencia Farmacoterapéutica, que trata de enfatizar en los aspectos psicosociales y culturales de cada paciente como herramienta para optimizar los resultados de los medicamentos. La conferencia inaugural que realizó nuestra invitada se centró en este importante aspecto,  e insistió en que no se podía disociar de la aplicación de los imprescindibles conocimientos biomédicos. Asimismo se realizaron dos sesiones clínicas con sendos pacientes crónicos polimedicados usuarios de la UOF, que coordinaron la responsable de la Unidad Amaya Ruiz, Djenane Ramalho de Oliveira y Manuel Machuca, y en la que participaron los asistentes presenciales y a distancia, gracias al Aula Virtual de la Universidad y se enfatizó mucho sobre cómo la experiencia farmacoterapéutica de cada paciente podría ayudar a mejorar sus resultados en salud.

Djenane también nos mostró el esperanzador camino que siguen en su estado. Allí el gobierno ha apostado definitivamente por estos servicios que en España denominamos de optimización de la farmacoterapia y van a proceder a contratación de cientos de farmacéuticos para implantarlos, que desarrollarán sus actividades en diversos entornos asistenciales como farmacias comunitarias y centros de salud. Un éxito que viene de un trabajo continuado y bien planificado.

 En SEDOF somos conscientes del camino que se debe seguir y apostamos sin fisuras por recorrerlo junto a las instituciones farmacéuticas que lo deseen. También sabemos que esta práctica todavía es testimonial en nuestro país, a pesar de los numerosos esfuerzos realizados. Nuestra pretensión es ayudar a conseguirlo y para ello solo pretendemos ser una de las herramientas facilitadoras, una sociedad en la que quien crea que puede sentirse cómodo para alcanzar los fines deseados lo esté, y colaborar con aquellos que prefieran hacerlo desde otros lugares y busquen lo mismo.

No podemos permitir por más tiempo que España, un país pionero en la construcción y diseminación de estas prácticas asistenciales, acabe por ocupar el furgón de cola en el reconocimiento y la remuneración. Esto necesita una reflexión global en la que SEDOF también tiene mucho que decir, debería hacerlo y lo hará desde los espacios en los que ello sea posible.

El reto es importante pero lo que depara el futuro lo es aún más si dejamos a un lado intereses que no contribuyan a transformar la realidad. Solo existirá una profesión fuerte y de prestigio si esta asume la responsabilidad de minimizar un problema enorme de salud pública que mata cinco veces más que los accidentes de tráfico y ocasiona un gasto dos veces mayor que el de los medicamentos. Nuestra mano está tendida y nuestra experiencia siempre estará al servicio de la profesión farmacéutica. El cambio no debe retrasarse más. Por todos.

 Artículo publicado en Correo Farmacéutico, en la edición de la semana del 20 al 26 de abril de 2015 

http://www.correofarmaceutico.com/2015/04/20/al-dia/entorno/aprender-pacientes

ELECCIONES AL CONSEJO GENERAL DE COLEGIOS FARMACÉUTICOS

CALLE SIN SALIDANos guste o no, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, y sus equivalentes autonómicos, son la entidades que representan al colectivo ante la sociedad hasta la fecha, y son las que toman las decisiones importantes en torno a la profesión. En el caso del Consejo General una de las esas decisiones, quizás la más trascendental y también más tradicional, es la de  no hacer nada, la de limitarse a parar los golpes que nos lanzan desde fuera, muchos causados por su proverbial inmovilismo, y también a detener toda evolución que nace desde dentro. Porque domesticar a los librepensadores, a los que decían serlo, por ser más precisos,  ha sido otra de sus actividades más sobresalientes. No hay más que ver lo que los dirigentes han hecho con el un día revolucionario movimiento de la Atención Farmacéutica, ahora constreñido en foros, consensos, declaraciones y otras actividades tan rimbombantes como estériles, que continúan dando espacio y visibilidad a quienes llevan ya décadas demostrando su incapacidad por implantar unos servicios asistenciales de impacto en la sociedad.

elecciones_CGCOF_2012Que esto sea así no lo causa la ausencia de movimientos de regeneración en el seno de los farmacéuticos. El colectivo de base se mueve y se está moviendo desde hace tiempo. Con mayor o menor calidad, hay muchos profesionales que investigan, que se interesan por cambiar, que tratan de hacer mejor las cosas. Hace veinte años era impensable que un farmacéutico comunitario presentara una comunicación a un Congreso, y hoy publican cientos en cada reunión científica que se celebra, al igual que los farmacéuticos de hospital o de atención primaria, a quienes, no se olvide, también representa el Consejo General. Es la estructura misma de la organización y la elección de quien dirige la institución la que no responde a las exigencias que los profesionales se han puesto en su día a día, con no poca frustración ante lo que otros deciden por ellos sin que puedan hacer nada, o muy poco, al respecto. Esa forma tan cerrada, tan opaca, tan poco democrática por la imposible aspiración a cambiarla desde fuera, es en buena parte responsable de la situación ante la que nos encontramos. No es cuestión de que Carmen Peña haya sido una buena o mala presidenta, que el desaparecido Pedro Capilla lo hiciera mejor o peor. Es que no se puede elegir quien va a representar a decenas de miles de farmacéuticos de diversos ámbitos profesionales, en una votación que solo tienen derecho de ejercerla cincuenta y dos de ellos, que además, encima de que representan a sus colectivos provinciales, pueden votar lo que a ellos les parece sin tener por qué consultar a sus bases.

Las próximas elecciones deberían suponer una oportunidad de revertir esto, aunque solo un cándido incurable podría creer que esto se vaya a dar. Cambiar el reglamento electoral y abogar por el voto directo de cada uno de los colegiados no haría otra cosa que legitimar la institución. Tener una asamblea representativa del sentir de los farmacéuticos de base permitiría dinamizarla y que pudiera nutrirse de las diferentes visiones profesionales, en lugar de hacer todo lo posible por ocultarlas o ningunearlas, como ha sido tradición hasta la fecha. Y todo ello iría en beneficio de la profesión, de una profesión que muchos elegimos para contribuir, desde nuestro conocimiento de los medicamentos, a una sociedad más libre y justa.

Ojalá exista la valentía necesaria para el cambio. Quizás no nos podamos permitir cuatro años más de falta de transparencia y de democracia real. Porque este camino no conduce a ningún lado y cambiarlo beneficiaría a todos. A todos, y no solo a los farmacéuticos. Es el momento de moverse.

Las fotos se han tomado de http://www.granadablogs.com y de http://www.portalfarma.com

A POR ELLOS

A POR ELLOSHace algunos años, bastante pocos, me invitaron por primera vez a dictar una clase de Seguimiento Farmacoterapéutico en una asignatura de grado en la Facultad en la que me licencié y doctoré. Me resultó curioso, puesto que aunque había formado parte del cuerpo docente de su Master en Atención Farmacéutica, nunca hasta entonces había tenido la oportunidad de dirigirme a los estudiantes, como si lo había hecho en el Grado en Farmacia de otra Universidad española, como la San Jorge de Zaragoza, o de Facultades en países más lejanos, solo en la distancia, como Argentina o Chile. No sé si es cierto aquello de que nadie es profeta en su tierra, pero de lo que si tengo más certeza es de que al menos yo, no.

Aquella clase era la primera de la asignatura en ese curso. Antes de comenzar, la profesora que me invitó se dirigió a los alumnos. Anunció que se iniciaba el plazo de admisión de alumnos internos en su Departamento, el de Farmacia y Tecnología Farmacéutica, y que quien estuviera interesado podría solicitar su ingreso para trabajar con ella, aunque advertía que su investigación no tenía nada que ver con la materia que comenzaba a impartir, el seguimiento farmacoterapéutico de pacientes, sino con los aspectos tecnológícos de los medicamentos y sus formas farmacéuticas.

Ese es el panorama de las Facultades de Farmacia actuales. Mi anfitriona, profesora de tecnología, tenía que afianzar su puesto de trabajo en la Universidad y las horas de docencia eran claves para ello. No le importaba lo más mínimo impartir una asignatura de la que no tenía ni idea, sobre la que no investigaba ni le interesaba, con tal de conseguir su objetivo. La investigación en la que mi anfitriona era especialista se centraba en aspectos de los que nadie puede dudar de su importancia en el ámbito del medicamento, pero que no tenían que ver con aquella materia. Sus trabajos se publicaban además en revistas que le proporcionaban mayor índice de impacto, y de esta forma ayudaba a conseguir sus propios fines, es decir, asentar su plaza en la Universidad.

Años atrás a esto, cuando todavía no me habían dado “la boleta” como docente en el Master de Atención Farmacéutica de la Universidad, hubo un cambio en la dirección del grupo de investigación sobre atención farmacéutica que existía en la Facultad. La nueva directora también comentó que debía afianzar su puesto en la Universidad y por ello no publicaría en esta materia sino en terapias anticancerosas. La investigación básica daba de nuevo índice de impacto y, como le escuché a una farmacóloga de otro país una vez, en sus investigaciones primero postulas y más adelante ya se verá si se demuestra lo que postulaste. Pero publicado quedaba. Aceitunita en forma de índice de impacto dentro, y huesecito fuera. ¡Qué diferente a la investigación asistencial!

Este es el panorama de la Atención Farmacéutica en la Universidad, visto con benevolencia. La farmacia asistencial, la que trata con el paciente, no interesa, a pesar de que hasta el 80% de sus estudiantes, los que sostienen la Facultad, van a trabajar en ese entorno y precisan de esa formación. Apenas existe la investigación en esa materia y muchos de los profesores que se encargan de su docencia lo hacen porque no tienen más remedio, obligados por los requisitos de la Unión Europea y con una enorme escasez de docentes que crean en ella. Los investigadores básicos la desprecian, llegando incluso a manifestar públicamente que los que nos dedicábamos a ella lo que publicábamos eran meras discusiones de taberna. Eso lo manifestó públicamente en un Congreso ante una ponencia mía, una persona que fue presidente de la Conferencia europea de Decanos de Farmacia, y también de la Asociación Iberoamericana de Facultades de Farmacia. No era ningún advenedizo profesor asociado.

Esta persona, por cierto, lideraba un movimiento por cambiar el nombre de muchas Facultades iberoamericanas que se denominan como de Química y Farmacia. Quería que todas fueran Facultades de Farmacia a secas, como las españolas, cuando las nuestras son de todo menos de Farmacia, dominadas por los químicos, que han encontrado un chollo en nuestras Facultades, en las que, gracias al gran número de alumnos que deben tragarse sus planes de estudio para hacerse farmacéuticos, pueden investigar de lo que les dé la real gana, enseñar lo que les parece, a costa de una profesión sin personalidad y unas Facultades sin misión ante la sociedad. ¿Qué más da llamarse Facultad de Farmacia o de Química y Farmacia si al final son lo mismo? Quizás valdría la pena que todas se llamasen Facultad de Química Farmacéutica, porque es lo que parecen. Eso, sin hablar de la Botánica.

Soy consciente de que muchos profesores del área no química, aún no invadida, sufren esto que opino, pero es lo que hay. Este círculo vicioso va a ser muy difícil de romper, y más en un entorno universitario público tan opaco, tan cerrado y tan paquidérmico en su evolución. Y así es imposible.

Este no es el único problema que existe para que se desarrolle la Atención Farmacéutica, pero en estos días he visto un movimiento alentador entre estudiantes de Facultades de Farmacia preocupados por su futuro. Creo que esos aires nuevos que traen pueden contribuir a los cambios y es lo que me ha motivado a salir de mi apatía y hacer pública mi opinión.

Hay que ir a por ellos, hay que cambiar las Facultades o crear estudios nuevos que faciliten que existan profesionales que atiendan la inmensa tragedia humana y económica que está produciendo la falta de control sobre los efectos de los medicamentos. Con el dinero de todos no podemos estar manteniendo a gente que no trata de resolver los problemas de la sociedad sino únicamente su puesto de trabajo.

La imagen del post ha sido captada en la página web www.urbanres.blogspot.com