EL INFIERNO ES UN LUGAR MUY FRÍO

20150110_091249Son las nueve de la mañana. El termómetro marca seis grados pero la sensación de frío en esta ciudad tan húmeda en invierno es mucho mayor. Imagino que hace unas horas, cuando quien yace bajo esa manta zaparrastrosa se echó a dormir, serían algunos menos. Quizás eso no importe mucho, quizás entre tres y seis grados no exista mucha diferencia. Incluso es probable que el envase de tinto peleón ― que protege con esos zapatos con suelas embadurnadas de excrementos propios o ajenos, humanos o de otros animales no tan salvajes como nuestra especie―, le haya auxiliado para soportar esas temperaturas a las que él quizás ya no les dé importancia.

Llevo varios días viéndolo. Hace años ya que regresa por temporadas a la calle en la que vivo. Más adelante se muda y busca otro lugar en el que acomodar su cartón. Otras veces he podido ver sus uñas, largas, negras, astilladas, su cabello enredado en una plasta espesa de suciedad. Afortunadamente tiene la decencia de taparse para que ni yo ni mis vecinos lo veamos.

He pensado ― pensar es gratis ― despertarlo, subirlo a mi casa, ducharlo, cortarle las uñas, darle ropa…. Pero pensar es gratis y en lugar de eso, escribir este post denunciando mi mala conciencia y la insensibilidad de todos como sociedad es más fácil. Esta es la sociedad que hemos creado, incapaz de cuidar a sus miembros más débiles. Adoradora de un becerro del oro que ahora cotiza en el IBEX- 35, cuando no en Wall Street u otros infiernos que nos atemorizan. Hace frío en el infierno, mucho frío.