CARNE FRESCA PARA LOS ZOMBIS

Días después de la selecciones en Andalucía, aún me encuentro estupefacto con los resultados,tratando de comprender por qué y cómo hemos llegado hasta aquí. La irrupción de una extrema derecha violenta (expulsar, muros, memoria histórica, religión…) me ha sobrecogido.

Siempre me he considerado un hombre de izquierdas, mi voto ha oscilado entre partidos nacionalistas andaluces y diversos colectivos progresistas. Por una parte, porque estoy convencido de que hay un modo de nacionalismo deseable, que dista mucho de ser de corte supremacista o excluyente, que lo entiendo como respuesta a la forma tan despiadada de globalización que se ha desarrollado, que no ha resultado ser más que una mera oportunidad para ampliar mercados para, una vez rotas las reglasen nombre de un concepto de libertad a la medida de los que más tienen,esquilmar a quien venga. Una globalización la de ahora que abomino, y que explica las migraciones y las guerras, los nacionalismos xenófobos y el resurgir del totalitarismo, de los patriotas de lo suyo. Defiendo un nacionalismo que preserva la cultura de los pueblos frente al monocultivo cultural de la hamburguesa doble con queso, que realza el valor de la propia para contribuir a la diversidad del mundo. Porque la riqueza es el mestizaje, el respeto a la diversidad y nunca la imposición de un modelo para todos. Por eso soy nacionalista para mi cultura y por eso la quiero como algo que se ofrece a las demás y que también recibe las influencias de otras, para su progreso y el de la humanidad.

Por otra parte, me he considerado de izquierdas porque un día bebí de pensamientos e influencias cristianas, por las que interpreté que todos éramos hermanos y teníamos derecho a desarrollarnos como personas; a tener las mismas oportunidades, a que nadie es menos ni más que nadie. Unas influencias que hace tiempo que abandoné pero de las que también se han alejado no pocos de los que continúan considerándose cristianos, esa facción que pretende hacernos comulgar con ruedas de molino a quienes pensamos diferente, que se siente perseguida ante la pérdida de poder político.

Me reconozco cándido, qué puedo decir después de haber escrito lo anterior. Y a pesar de eso, o precisamente por eso, trataba de entender a esos cientos de miles de votantes que habían elegido dar su voto a Vox, que la dirige un señor que va armado, que no sonríe ni en la victoria, con un programa marcadamente xenófobo, machista, violento,que nos lleva a tiempos pasados, a una nueva reconquista, en palabras de uno de sus líderes.

Trataba de entender,decía, a los votantes. No me han importado mucho las reflexiones de articulistas acerca del fenómeno, aunque me duelan las de algunos amigos que defienden que lo que viene no es fascismo porque sus votantes no son fascistas.Menuda reflexión, como si a Hitler lo hubieran aupado los nazis al poder, o a Mussolini gente que se considerase nazi o fascista. Hay veces que pienso si sirve para algo haber leído mucho, haber escrito. Evidentemente para algunos no es sino un oficio, una forma como otra cualquiera de ganarse la vida en lugar de una oportunidad para comprender el mundo. De qué poco les ha servido a algunos tanta lectura. Quien vota a un partido que anuncia de forma explícita lo que pretende hacer no es inocente de lo que pueda suceder, y más si lo que llegue a suceder no sea más que volver a repetir la historia.

Tampoco me ha sorprendido cómo el Partido Popular, que tanto le chorreaba la baba al defender su amada Constitución española, rápidamente se echa en brazos de los que abominan de ella. Constitucionalistas accidentales, de pose, no tienen empacho alguno en abrir el camino a lo que sucedió en Alemania en los años 30 del siglo pasado.Tampoco este partido será inocente, ni sus votantes ni voceros, esos que claman ahora diciendo que Vox no es extrema derecha.

 Como decía, trataba de comprender como en una de las regiones más pobres de Europa cientos de miles de votos habían ido a parar a manos de quienes solo van a luchar por defender los privilegios perdidos, si es que han perdido alguno en estos cuarenta años, porque cuando se es totalitario no es posible conformarse con algo que no sea el total.

Intentaba descifrar quién podría haber votado a la extrema derecha más allá de su caladero predecible devotos. Y en esas estaba cuando me encontré a Antonio.

Antonio es de una edad similar a la mía, mediada la cincuentena. Lo conozco desde que comencé a trabajar. Él es vigilante de una empresa de alimentación cercana, en la que ejerce no solo de guarda, sino que también ha de mantener limpio el establecimiento, retirar basuras, hacer recados,buscar cambio para sus jefes, etc. Trabaja en eso desde que lo conozco, heredó el puesto de su padre y lo compartió con su hermano, ya fallecido por enfermedad cardíaca, durante años.

A Antonio le gusta el fútbol, se lleva bien con todo el mundo, con emigrantes que comercian de forma legal en tenderetes, con el chino que le arregla el móvil que se le estropea, con las empleadas del hogar latinoamericanas que acuden a hacer las compras que les ordenan las señoras… La crisis le redujo la jornada laboral y el sueldo, pero al menos no lo dejó en la calle como a otros del barrio obrero en el que vive,como a parte de su familia. Antonio es uno de los nuevos votantes de Vox, según me contó sin tapujo alguno. Sus argumentos, que ya estaba bien, que ya estaba harto de tanto ladrón, que había que cambiar.

Luego hablé con María,una chica de casi cuarenta años que trabaja como empleada del hogar, una extraordinaria trabajadora, una mujer dedicada a sus hijos, a su familia, que se crió con sus tíos porque sus padres eran incapaces de darle a su prole un mínimo de educación. Así salieron muchos de sus hermanos, relacionados con ámbitos muy oscuros de nuestra sociedad. Los tíos de María la recogieron casi recién nacida al regresar de Australia, en donde se habían exiliado tras sucesivas detenciones en la dictadura debido a la militancia sindicalista, esto es, por defender los derechos de los trabajadores bajo una dictadura. María no votó a Vox, simplemente se le olvidó votar, aunque no incumplió la promesa que le había hecho a su hijo de llevarlo esa tarde a comerse unas tortas con nata en un centro comercial, antes de ir a conocer la nueva iluminación navideña del centro. Se me olvidó, se me olvidó, fue la respuesta a mi pregunta.

Antonio y María han vivido cuarenta años de democracia que han sido un modelo de fracaso en la educación, en la que se han confundido acumular conocimientos con formar para la libertad de pensamiento. Eso nos ha tocado a todos, porque el problema de Antonio y María es similar, el mismo diría yo, al de esos escritores que defienden que no hay fascismo y que pretenden ser intelectuales sin intelecto. Mientras unos han vivido aislados en sus barrios obreros a las buenas de dios,otros han sufrido otro tipo de aislacionismo, el de vivir en un mundo de Yupi anestesiados por ese estado del bienestar que no llegaba a todos. Y el resultado es parecido,una falta de comprensión de la realidad que vivimos.

Antonio por acción, y María por omisión, también son responsables de haber resucitado a los zombis. La única diferencia es que ellos serán de los primeros en ser devorados, porque de ellos solo les interesa el voto o la abstención, sin duda son los más frágiles de la cadena y, ya se sabe, las fieras devoran primero a los animales debilitados.

La pregunta que me hago es por qué la izquierda, ese movimiento que dice defender a los desheredados de la sociedad, no ha llegado hasta ellos, hasta gente como Antonio o como María. Cuando escuché a Antonio decir que había votado a Vox, no pude sino recordar a Pablo Iglesias durante la noche electoral, diciendo algo tan digno de no sé qué de salud o de fraternidad. Antonio no entendería nada de aquello, al igual que para María, la Internacional debe de ser alguna jugadora de la selección de fútbol femenino.

La nueva izquierda tiene poca, muy poca calle. También vive en su propio mundo de Yupi de consignas y de reflexivas reuniones en horarios solo aptos para funcionarios y profesores universitarios, mientras sus posibles votantes  tratan de sobrevivir como pueden en la ciudad sin ley que son los suburbios; o anestesiados por la televisión, por telenovelas, por María del Monte o Juan Imedio, de tarde en tarde. Canal Sur no se debe cerrar porque los medios de comunicación públicos son el único ámbito ajeno a intereses particulares en información, pero la televisión pública de Andalucía ha hecho mucho daño con ciertos programas, y lo sigue haciendo, a la dignidad de los andaluces. En especial a la de las andaluzas. Ha confundido cultura popular con chabacanería y lo que podría ser un motor de culturización se ha convertido en un abrevadero para alimentar de bazofia y debilitar aún más a los últimos de esta sociedad.

Hemos abandonado a su suerte a quienes no entienden de consignas, porque en cuarenta años no hemos sabido o querido, y hemos tenido la oportunidad para ello, que recorran el camino a la libertad que es la educación. Hemos creado guetos expulsando a los más pobres y a los más débiles de sus barrios tradicionales. Lo seguimos haciendo apostando por la economía de pisos turísticos, a favor de los que más tienen, en contra de los que han de marcharse. Continuamos abriendo centros comerciales, e inaugurándolos nuestros próceres además, espacios ajenos a nuestra cultura de barrio que destruyen multitud de empresas familiares que constituyen la verdadera riqueza económica de pueblos y ciudades; lo mismo que hacemos con el taxi, para favorecer a grandes empresas multinacionales de empleo precario y coches y corbatas inmaculadas, como ya hicimos antes con la desaparición de las empresas de comestibles para crear supermercados donde explotar a sus empleadas, porque son mujeres por lo general las explotadas.

Si Vox está aquí también es porque nos cargamos a los pequeños autónomos para crear puestos de trabajo precarios y mal pagados, por parte de empresas que pagan sus impuestos fuera o explotan a trabajadores del tercer mundo que luego tienen que huir de sus países para llenar pateras y superpoblar nuestros extrarradios, esos espacios que la izquierda no entiende y que son el nuevo caladero de votos para fascistas y probablemente el del terrorismo que venga, allí donde vive gente como Antonio o como María, el lugar que jamás pisará un intelectual salvo para hacer un dibujo que le reafirme de sus convicciones.

Hablábamos de desenterrar a Franco y sin llegar a levantar su tumba han surgido de la tierra removida los zombis que arrasaron Europa de sur a norte. No han tenido ni que cambiar de carnaza. Basta una generación para que volvamos a picar en el cebo envenenado.Hay muchas responsabilidades en esto. Yo he preferido sacar las mías.

DIARIO DE ABORDO. LIBERTAD AHOGADA

Tengo a mi disposición dos de los termómetros sociales más potentes de la sociedad actual: trabajo en una farmacia y paseo un perro. Aunque ambos me sirven durante toda la semana,la farmacia es más eficiente en cuanto para registrar la temperatura en días laborables y el perro para los festivos y sus vísperas. Digo vísperas porque los viernes por la noche son un anticipo de lo que vendrá. Hoy sábado el parque apareció arrasado.

He decir que vivo en un barrio de clase media alta, tirando a alta, que no se me olvide, de familias con formación universitaria en su mayoría, menos rancio que otros similares dela ciudad, en el que, por poner un ejemplo, el lucimiento a lo largo de este último año de banderas rojigualdas no ha sido tan irritativo para mis ojos como el que de otros lugares de la ciudad.

El barrio cuenta con un instituto público de enseñanza y un par de famosos y prestigiosos colegios concertados a los que los hijos de estas familias acuden a labrarse un futuro,esos que forman parte, a decir del pichaflojismo, de la generación más preparada de la historia de este país y que en cuanto crezcan, si sobreviven al alcohol de garrafa, habrán de exiliarse en otras ciudades y otros países de Europa.

Los veo salir cadaviernes por la noche. Se arremolinan a las puertas de los supermercados, de chinos,intentando obtener botellas de alcohol destilado con el carnet de identidad deun hermano mayor o de algún cómplice, o simplemente con la mirada hacia otro lado del dueño del garito. Luego avanzan con el botín hacia plazoletas y parques,en los que luego los jardineros recogerán sus inmundicias en lugar de cuidarlos árboles para que padres que no se quieren enterar de lo que pasa se quejen del alcalde, clamando por la suciedad de los espacios públicos o del mal cuidado de las plantas. El caso es echarle la culpa a alguien que no sea a sus hijos.

Estos muchachos y muchachas beben sin medida y sin control, ávidos de perder la voluntad. En eso consiste su diversión, además de en dejar el mobiliario de todos listo para ser sustituido ante la próxima campaña electoral.

Si en estos cuarenta años el progreso en el derecho a la salud ha sido notable, el fracaso del derecho ala educación no lo ha sido menos. Educarse no es amasar conocimientos sin oponerlos al servicio de la sociedad, igual que emborracharse no es lo mismo que beber para compartir, tradición tan mediterránea.

Urge cambiar el modelo educativo pero hay miedo a la libertad; a la verdadera, no a esa que venden Albert y Pablo y su liberalismo para listos, esa de hacer lo que me dé la gana y que el que venga detrás que arree. La verdadera libertad continúa ahogada en alcohol de 40 grados.

NO APRENDEMOS, NO HACE FALTA

Una amiga uruguaya a quien adoro me da la noticia del fallecimiento de Luisa Cuesta. De noventa y ocho años de edad, era activista por los derechos humanos y encabezó la agrupación Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, en la que se apoyó para buscar a su hijo Nebio Melo Cuesta, apresado en Buenos Aires en 1976 por la dictadura hermana argentina y que hasta el día de hoy continúa desaparecido. Luisa falleció, pues, sin haber encontrado a su hijo, como tantas otras personas en Argentina o en Uruguay, en España, en…

Luisa, me contó mi amiga, era un símbolo de justicia y paz que solo buscaba respuestas, una madre coraje, me comentó otra buena amiga.

― Una lástima, porque no aprendemos― me dijo la primera.

No, no es cuestión de que no aprendamos, le respondí. Decir que no aprendemos como sociedad me resulta injusto, me suena a repartir la culpa entre todos para continuar igual porque no hay remedio, como un fatalismo al que estamos condenados. Y no, no es que no aprendamos, es que los deberían aprender no lo hacen porque no tienen necesidad.¿Para qué? Los que salen indemnes, victoriosos de las atrocidades que han provocado no aprenden porque no tienen que aprender.

Recuerdo a Luisa Cuesta y también a los miles de muertos que continúan sepultados en las cunetas de nuestras carreteras, en fosas comunes, que fueron asesinados de forma impune por quienes no han aprendido, por quienes no tuvieron nada que aprender porque nadie les reprendió. Qué molesto, ¿no, compatriotas?

Hoy los cachorros de estos que nunca han tenido necesidad de aprender emergen por todos lados. Un militar de la dictadura de Brasil gobierna el país, el presidente de Estados Unidos autoriza matar a los desgraciados que avanzan hacia su país huyendo de otros tan salvajes como el tocayo del pato Donald, el día en el que sus votantes se aprestan a arrasar las ofertas del Black Friday inermes a su negra conciencia, puede hasta que rifles de saldo. Aprovecha la oferta para matar aun espalda mojada. In God we trust te lo agradecerá.

Coincidiendo con el fallecimiento de Luisa Cuesta, el Partido Popular y Ciudadanos se abstuvieron de condenar a Franco en el Senado, a pesar de los centenares de miles de muertos que dejó. ¿Cuál es el argumento que les impide esa condena, es de forma o es en realidad de fondo la cuestión?

Buenistas, equidistantes,cobardes en suma, que amparan a los quisieron pasar página cubriendo con una alfombra cómplice los huesos de los que cayeron bajo las balas del no condenable, fueron los que absolvieron a aquellos cuyos herederos regresan.

Si fuera solo Vox el problema…

Luisa Cuesta murió sin que se hiciera justicia. Ni fue la primera ni será la última. No solo no aprenden ni se arrepienten; ni siquiera tienen empacho a la hora de lucir sus enseñas en los balcones, las de una patria que les pertenece y en la que los demás estamos de prestado. Mientras nos lo consientan.

HERIDAS DE GUERRA

Somos los que fuimos tanto

siendo nada.

Entre poetas y presos (La Raíz)

Conozco a mucha gente de origen humilde que a base de empeño ha sabido labrarse un futuro. Gente que tiene detrás las luchas de sus padres por salir de la pobreza y las de ellos mismos por no elegir el camino fácil que escogieron muchos otros vecinos o compañeros de colegio, para continuar viviendo a las mismas puertas oscuras de la exclusión cuando no en la cárcel o dos metros bajo tierra clavados a una jeringuilla. Gente que para llegar donde ahora está ha tenido que esquivar situaciones difíciles incluso a codazos, porque solo a codazos, porque únicamente siendo héroes les ha sido permitido salir de los sótanos de la sociedad.

Verdaderos supervivientes, conocen como nadie nuestras cloacas y no quieren volver a pisarlas. Se han dejado la piel en el camino, y muchas veces, y esto es lo trágico, hasta la conciencia de clase. Hablarles de políticas sociales y correctoras de la desigualdad les hace recordar a aquellos otros que no quisieron o no supieron luchar. No son para ellos las políticas sino el mérito personal el que posibilita salir del agujero.

Desgraciadamente, en este sector de la sociedad encuentran un nada despreciable nicho de votantes los partidos más reaccionarios, que en nada los van a favorecer, que los van a dejar caer al menor de los fallos, pero que en democracia (si democracia es votar solamente) les van a servir para seguir mandando y sosteniendo sus privilegios, los de unos pocos, nunca los de ellos. Tan solo les permitirán abrigarse con sus banderas, esos trapos que agitan para continuar esnifándose el país. Son las heridas que deja la pobreza, de las que se alimentan.

JACARANDAS DE AMÉRICA

Hoy, cuatro de noviembre, atravieso el ecuador camino de los cincuenta y seis. Seis meses atrás, en plena primavera, las jacarandas florecían en mi ciudad. Hoy, lo estarán haciendo en el cono sur americano. Recuerdo en especial las jacarandas de la ciudad de Buenos Aires, quizás la ciudad americana, junto a Rosario, que más me ha recordado a Sevilla.

Hoy siento la tristeza de constatar que 2018 será el primer año, desde 1998, que no cruzaré el charco atlántico, que no me llenará de vida esa tierra aún de promisión que se llama América, tierra que me ha dado tanto.

El escritor uruguayo Joaquín DHoldán corre a defenderme de la melancolía: Que estamos en otras personas y no en otros lugares. Que somos historias y no paisajes. 

Y sí, puede que no pise este año América, pero la tengo muy dentro del corazón, y la tendré siempre, porque estamos en otras personas y somos las historias que alberga nuestro corazón. Por eso sé que permaneceré en América cada día que me reste. Para mí siempre, todos los días, habrá una jacaranda en flor.

LO SOCIAL EN LA LITERATURA CONTEMPORÁNEA

El jueves 4 de octubre de 2018 participé en el Espacio Santa Clara en la mesa redonda Lo social en la literatura contemporánea junto a los escritores Kiko Amat, Pablo Gutiérrez e Isaac Rosa, moderados por Daniel Ruiz García. Estas son las cuestiones y reflexiones que planteé:

Dice Fernando Pessoa que las decadencias son fértiles en virilidad mental y las épocas de fuerza en debilidad del espíritu. Creo que dijo bien Pessoa. Durante los años de la presunta bonanza económica, la que al parecer hubo hasta 2008, se consideraba algo patógeno incluir algún tipo de resorte político en la ficción literaria. Era, por así decirlo, de mal gusto. Todo iba bien.

Sin embargo, en aquellos años felices de la economía trilera del boom inmobiliario, los muchachos de las Tres Mil Viviendas de Sevilla, y los de tantos otros barrios similares como los que aparecen en la novela Maleza de Daniel Ruiz García, abandonaban sus estudios para ganar el dinero fácil que el cemento y el ladrillo les ofrecía, haciendo saltar por los aires desde sus andamios los esfuerzos que hicieron durante décadas la comunidades educativas, un fracaso del que aún se resienten estos barrios, ahogados por los tradicionales problemas derivados de la exclusión social, que se han vuelto ahora más complejos al ser lugar de destino de migrantes de regiones en conflicto, esos turistas de cuarta división que aparecen por nuestras ciudades, que, sin embargo, no se alojan en los apartamentos que la nueva versión 2.0 de la economía trilera, la que mueve una mano invisible similar a la que propone Isaac Rosa, nos promete, sino en los pisos patera que ofertan los basureros urbanísticos del extrarradio.

Con la caída de Lehman Brothers en 2008, que retrata Pablo Gutiérrez de en Democracia, regresa la literatura política. Desahucios, paro, el 15-M del Cienfuegos de Kiko Amat, y nosotros a adelgazar nuestra economía porque no hay pan para tanto chorizo.

Parece que la literatura social, al resurgir en momentos de crisis, en lugar de cumplir una función de compromiso, atiende a un nicho de mercado literario. Quizás ahora decline de nuevo y haya que esperar para un nuevo rasgado de vestiduras literario a la caída de Ryanair o al desplome de los alquileres turísticos en los que invierten hasta empresas taurinas.

A partir de estas reflexiones me surgen cuestiones para debatir en torno a la literatura social:

¿La ideología sustituye a la calidad literaria? ¿Puede suplantarla? ¿Escribimos sobre lo que los lectores, o los nuestros en particular, quieren escuchar? En todos los géneros hay buena y mala literatura, pero quizás en lo social sea más difícil de digerir una posición política diferente y se tiendan a perdonar las deficiencias de los que consideramos nuestros.

¿Sobrevolamos las historias o las aterrizamos? ¿Contamos historias en las que lo social es un marco o excusa, o es el centro de lo que queremos hablar? A veces lo social es nada más que la ambientación elegida para una historia que se podría haber escrito en otro entorno. Otras, en cambio, aunque no lo parezcan, arrancan nuestras miserias como sociedad a partir de una historia aparentemente intrascendente. Como ejemplo reciente: Cara de pan, de Sara Mesa. Sigue leyendo

PEROGRULLO

Un estado es una organización creada por el ser humano para organizar a los individuos de su especie, a fin de conseguir juntos lo que no podrían conseguir por separado, es decir, orientada al bien común. Por tanto, el principal cometido del estado será fomentar el desarrollo de los individuos que lo conforman y, por tanto, defender, proteger y estimular también el de los más débiles.

Entre los más débiles están los enfermos y las víctimas de las estructuras sociales injustas, de ahí que la protección a los enfermos y la revisión crítica del modelo de sociedad para corregir sus defectos y reparar a sus víctimas deban ser tareas primordiales del estado. Ningún ser humano que no esté enfermo tiene por qué tener menos capacidades ni derechos que otro. El homenaje a las víctimas del pasado, su recuerdo, deberán permanecer siempre para no volver a repetir errores.

La estructura del estado conlleva unos órganos de gobierno que, para garantizar la revisión crítica de su desempeño, debe contrapesarse con otras estructuras representativas que vigilen su desempeño y un sistema para hacer justicia en el caso de confrontación que garantice también la seguridad de sus integrantes. Los órganos de gobierno se elegirán entre todos y se revisarán de forma periódica. Por tanto, todo poder debe ser elegido, ninguno se ostentará por otro derecho  que no sea el de libre elección. Para que los ciudadanos puedan ejercer su libertad han de acceder a un modelo educativo orientado a ello, que garantice su libertad de pensamiento y crítica.

Los estados pueden ser grandes o pequeños pero no de cualquier tamaño. La identidad cultural correspondería a la estructura mínima de un estado, en el que pueden caber otras identidades culturales siempre y cuando se vele siempre por la protección de los más débiles y por el desarrollo de las potencialidades de todos los individuos, sin privilegios para nadie. En cuanto un estado lo conformen diversas identidades culturales, estas deberían tener siempre el derecho a formar parte o no de un estado mayor si se consideran perjudicadas.

Nadie es menos que nadie si tiene las mismas oportunidades. Por tanto, si hay lugares más pobres que otros, o personas de alguna raza, etnia o identidad cultural con menor desarrollo, es porque algo se está haciendo mal. Tampoco el bienestar de un estado se puede alcanzar en detrimento de otros.

Si has leído hasta aquí y te descojonas, háztelo mirar. Siempre podrás irte a cortar lazos amarillos (o del color que te guste). Para empezar, podrías entretenerte en cortarle las uñas de los pies al ciudadano que duerme bajo ese cartón.

 

GRACIAS

Cada mañana me levanto, y después de una ducha con agua caliente, salgo a la calle. Voy a la panadería, en la que Enrique acaba de hacer el pan. Para él soy el de la talega de cuadros, con la que voy para evitar usar tanto plástico. Después me dirijo al quiosco de prensa, en el que Luisa ha dispuesto ya los periódicos del día. Soy un antiguo, lo sé, me encanta desayunar pasando las hojas, leyendo a algunos articulistas, evitando por salud mental a otros. Luisa ha estado de vacaciones apenas una semana, porque “la cosa está muy mala”, a pesar de que trabaja todos los días del resto del año sin descanso. La he echado mucho de menos. Antes podía elegir entre cinco puestos de prensa para comprar el periódico, pero hoy solo queda Luisa a menos de quince minutos de casa.

Son tiempos en los que los gurús de la economía nos bombardean con que el cliente es lo primero, satisfacer nuestras necesidades, hacernos vivir experiencias inolvidables con los productos que nos venden. A mí, en cambio, en especial cuando pienso en ellos, en los enriques y luisas que me rodean, solo me sale darles las gracias.

Gracias porque el agua llegue hasta mi casa; calentita, además. Gracias a los que madrugan todas las mañanas para para que yo tenga el pan caliente, mi periódico. Gracias a los que cada día se levantan para que tengamos una sociedad humana.

No somos nadie sin el otro. Esta sociedad necesita mucho progreso aún, porque hay quien no tiene agua, y mucho menos caliente, ni dinero para pan ni formación para tratar de interpretar la realidad y poder hacerla mejor y más vivible para todos. Es en el todos en el que nos falta pensar.

Pero, de momento, y a pesar de todo, lo que esta mañana sale de mis labios es la palabra gracias. A mucha, mucha gente. Porque por muy malos que sean algunos, nosotros, de momento, somos más.

EL ASCUA Y LA SARDINA

Marc Márquez aconseja usar casco. La farmacéutica, género mayoritario en la profesión, aconseja utilizar bien los medicamentos, pero ¿quién defiende a los que los toman?, ¿quién se moja por ellos, ¿quién lucha de forma independiente para garantizar un derecho tan simple y elemental, tan simple y elemental que no está escrito en ninguna legislación, de que los medicamentos sean efectivos y seguros en las personas que no tienen más remedio que usarlos?

Sí, hoy puede que mueran tres mil quinientas personas en la carretera, pero hace tiempo que se sabe que los muertos por medicamentos triplican, y hasta quintuplican los fallecidos por accidente de tráfico. Solo cuatro de cada diez alcanzan el efecto deseado. Las consecuencias que se derivan son esas: entre diez y quince mil muertos diarios, y estados que triplican sus gastos de prestaciones sociales y sanitarias a pesar del despilfarro en medicinas (y en medicina también). Resulta lastimoso saber que esos cuatro medicamentos podrían ser ocho, ocho de diez, que se podrían ahorrar muchas vidas humanas y también, patriota, mucho dinero, pero no se hace.

Sin embargo, esto parece que a nadie interesa. Unos, nuestros políticos patriotas agitadores de diferentes banderas y sus funcionarios miran para otro lado, en un ejercicio de patriotismo. Otros, los profesionales, en lugar de erigirse en servidores de la sociedad, se contentan con servir a su amo (ya quisieran tener la dignidad de los perros y otros animales de compañía), o con preguntar eso tan patriota de “qué hay de lo mío”. Capaces de matar antes de que alguien toque algo de su parcelita de poder, sus exclusividades, aunque las exclusividades maten más que sus actuaciones profesionales.

Muchos denuncian hoy los males de la sanidad, pero pocos miran al horizonte. Es más, casi nadie mira más allá de su propio ombligo, por muy alejado que lo tenga. Su ascua y su sardina. Como lo que importa es el qué hay de lo mío, el que abomina de los crímenes de la industria farmacéutica se queda en eso, el que se dedica a la Farmacovigilancia con sus tarjetas amarillas y sus rams, el médico con su medicina y el farmacéutico mirando para otro lado, contando sus billetes en su jaula dorada por fuera y llena de excrementos por dentro, como todas las jaulas. Vuestra patria es vuestro ombligo, lleno de mierda por dentro.

Siento vergüenza cuando veo que las escuelas de salud pública no hacen esfuerzo alguno por investigar esta situación. También, y mucha, de los agitadores de banderas por ser capaces de matar por sus patrias, pero jamás de dar la vida por sus compatriotas. Y cuando salen agitadores como Spiriman a la calle y lo veo juntándose con ciertos farmacéuticos, no dejo de pensar en lo que cuesta movilizar a las personas para acabar dejándose engañar como chinos, como el chino que dicen que fabrica los medicamentos de las subastas andaluzas y que ahora resulta, el escándalo del valsartán ha aclarado mucho, que es el que todo lo maneja y lo fabrica. Al final, nadie mira el problema sino lo suyo.

Tres mil quinientos muertos diarios en las carreteras, casi quince mil al salir de las farmacias. Y no se os cae la cara de vergüenza. Malditos seáis. Al final os darán jarabe de vuestra propia medicina y os reventarán los gusanos. Con vosotros sí que haremos caja. De pino.

EL SEPULCRO ESTÁ VACÍO

Europa estima que España crecerá a buen ritmo este año, un 2,9%, por encima de la media en la zona euro. Sin embargo, se desviará cuatro décimas por encima del déficit estimado debido a la subida de las pensiones, del salario de sus funcionarios y del rescate de las autopistas madrileñas.

Se eleva de forma importante el precio de los alquileres de viviendas, también su precio de venta en zonas de interés para el turismo. Desaparece la población autóctona de los centros históricos de las ciudades, que pasan a ocuparse por habitantes más perecederos que un yogurt sin conservantes. El derecho a la vivienda en España lo garantiza las empresas de embalajes.

Continúan las banderas en los balcones.

Esta mañana, el sepulcro está vacío.

Hasta luego.