GENTRIFICACIÓN

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ELLOS REGRESARON

Primero echaron a los gitanos,

pero como no lo era, no me importó.

Luego desalojaron casas de vecinos

y barrios enteros, pobres y demasiado céntricos.

Pero yo no vivía allí, y tampoco me importó.

Y no solo no me importó.

Compré, vendí, gané,

a costa de ellos,

de los que echaron.

¿O echamos?

Ahora es mi vecino el que se ha ido,

y los nuevos inquilinos cantan y bailan

cada madrugada.

Y los nuevos son otros nuevos, mañana,

y pasado mañana.

Y gritan, y vomitan,

y arrastran sus trolleys sobre mi cerebro,

cada madrugada.

Ahora soy yo el que arrastra las maletas,

No tengo avión que me espere

ni nadie para ignorarme.

Andan ciertos plumillas escandalizados por la invasión de turistas de nuestra ciudad. Han aprendido a decir gentrificación sin que se les trabe la lengua. Incluso alguno, preso de un ignorante adanismo, perdonen la reiteración de sinónimos, hablan de que todo empezó con los gitanos de Triana, fenómeno poco estudiado, dicen, cuando hay libros y tesis doctorales, trabajos de antropología realizados que, como antes se las refanfinflaba el tema, habían ignorado.

Ahora se cruzan en el ascensor con individuos en pantalón corto y poco depilados a quienes no conocen y los escuchan cada madrugada beberse el mundo a mayor gloria de Ryanair. Ahora sí tenemos un problema. Antes, no, cuando se expulsaron a los pobres, gitanos de Triana y payos de la Macarena o San Bernardo, de su adorado centro para tener una ciudad entera, su casco histórico, pero para ellos, la ciudad, para mirarse el ombligo sin miedo, antes, repito, no existía problema. Fue entonces cuando se crearon guetos, la banlieau sevillana que tanta fama nos da y que existe en tantas ciudades. Gentrificación camino de la desculturización y la marginalidad, terreno abonado para la delincuencia.

Ahora son ellos los que caminan hacia la marginalidad, ahora son ellos los que tendrán que irse a los bloques de extramuros mientras sus jefes continúan arreglando apartamentos para turistas tatuados. Y en sus casas acabarán follando los y las de las despedidas de solteros y solteras del mundo mundial, que dejarán caer sus orejitas de conejo o sus monteras toreriles, la ropa interior del color de la vergüenza, sus fluidos seminales y estomacales sobre el suelo por el que un día arrastraron sus zapatillas.

Gentrificación, sí; del inglés gentrification. Tan antiguo como la avaricia. La que rompió el saco. En el que muchos ocultaron su cabeza para no ver nada. Pero ahora el saco está roto y se ve todo. Todo, todo, todo. En un par de generaciones, ya tendréis un piso donde cultivar marihuana. Al tiempo.

La foto está tomada del blog de José Fariña: https://elblogdefarina.blogspot.com/2018/03/gentrificacion-y-gentrificaciones.html

SÁLVESE QUIEN PUEDA

Ya, los costes económicos que nos produce el cambio climático son muy superiores a los que supondría paliarlo.

Desde hace ya muchos años, los costes, económicos también, del daño que producen los medicamentos, superan con mucho, con muchísimo diría yo, los de pagar su factura.

Desde el 2 de diciembre, los andaluces, con el indudable apoyo de las políticas que se han hecho durante décadas en su comunidad, han elegido democráticamente a los adalides de la desigualdad para gobernar en una de las regiones más pobres y desiguales de Europa, a los que en sus últimos años de gobierno han aumentado la brecha social en todo el país, haciendo pagar la crisis que provocaron los especuladores a las clases más desfavorecidas, las mismas que han hecho posible, por acción u omisión, tanto da, que el nuevo gobierno sea posible.

La pobreza no es solo ausencia de dinero. Esta más bien es su consecuencia y hay quienes han dado en la tecla para que juegue a su favor. Ya lo hizo el régimen anterior durante treinta y seis años y los que vienen al fin han aprendido a imitarles.

Y hay otros pobres que se creen que no lo son, que también están ahora henchidos de democracia y de alegría, a pesar de que esos a quienes les han entregado sus votos fueran quienes diseñaron las políticas que los pusieron de patitas en la calle de sus empresas, para dejarlos suspirando por llegar a la edad de jubilación, vendiendo seguros o lo que se pueda.

El planeta necesita cambios, urgentes y drásticos, y los seres humanos elegimos para nuestros gobiernos a quienes pretenden seguir exprimiéndolo. Quizás los votantes tengan razón, puede ser que solo ellos traigan cambios de forma drástica y urgente, tienen mucha experiencia en eso. Sálvese quien pueda. O quien quiera. Feliz 2019.

DIARIO DE A BORDO. LA PEREZA

Hay defectos en los seres humanos que me enervan. Y cuando me refiero a los seres humanos también estoy yo incluido, porque somos imperfectos y caemos, con mayor o menor frecuencia en la ineptitud, sea cual sea la causa. No obstante, eso de vincular humanidad e imperfección nos suele conducir a la autocomplacencia y, por tanto, a no cambiar. Movidos por la pereza.

La pereza. Hubo un tiempo en que lo que más me molestaba en los seres humanos era la soberbia, esa actitud arrogante que adoptan no pocas personas ante la adquisición de una una mínima cuota― y cuanto menos, peor―de poder. Quizás eso fue hace años, en la época en la que colaboré en la Universidad de Granada, donde no solo me encontré con gente soberbia, sino que cualquiera que apenas se iniciaba a trabajar con nosotros adquiría una porción inconmensurable en un brevísimo lapso de tiempo. Sin embargo, ahora es la pereza, la indolencia, la que más me preocupa.

La soberbia, aun siendo una pésima cualidad, tiene un aspecto innegable de partir de una cualidad, imaginada casi siempre, a veces real, de quien la ejerce. Sin embargo, la pereza, la indolencia, es un mal nocivo y a la vez silente, porque sus consecuencias son devastadoras en los demás ya que suelen pasar desapercibidas. Los perezosos, los indolentes, tienen además la rara y valiosa habilidad de hacer culpables a los demás de sus desvíos, acusándolos de soberbia, por ejemplo, de histeria, agresividad, o de cualquier otra cosa con tal de permanecer en su indolencia. Mientras la soberbia es ruidosa, abiertamente agresiva, la pereza es callada y, por qué no decirlo, traidora y egoísta.

Ya lo dijo Albert Einstein, si el mundo está en peligro no es por las malas personas sino por las que permiten la maldad. Y ahí dentro están todas las formas de indolencia. Desde las más pequeñas, desde las que, apenas sin darnos cuentas, nos llevan a las mayores tragedias.

Foto tomada de EL COLUMNERO

AVANTI CON LA GUARACHA

La vista es un sentido del ser humano, una capacidad fisiológica que permite ver los objetos materiales. Sin embargo, la mirada tiene que ver con lo social, con lo político, con nuestra interpretación personal. Por ello, una cosa es el objeto, o conjunto de objetos que tenemos ante nuestros ojos, y otra la interpretación que cada cual hace de ellos, su mirada.

No sé qué ven ustedes en esta fotografía. En mi caso, lo que me ha llevado a fotografiar este escenario es el recuerdo sobre las últimas elecciones en Andalucía. Veo en la foto cómo los andaluces hemos sacado la mierda afuera para dejarla esparcida por el suelo. Hemos dejado la papelera vacía, lista para volverla a llenar de mierda y, quizás, para volver a esparcirla.

Los próximos inquilinos de gobierno suprimirán diferentes organismos y fundaciones mientras se suben los sueldos un 50%. Habrá más para menos. También eliminarán impuestos a los que más tienen, así que en la tierra de las desigualdades creceremos en lo nuestro, en desigualdad por obra y gracia de los votantes. Volver a ser lo que fuimos, dice nuestro himno, el basurero de este país, eso sí, con cante jondo.

Pues nada, chicas y chicos de nuestra Andalucía, avanti con la guaracha. Con la guaracha de la compañía de la extrema derecha; con la guaracha de que estos que no son extremos sino tan solo algo rancios, y que por eso, por su moderación, van armados y besan la tumba de quien fue responsable de la muerte de centenares de miles de españoles, andaluces incluidos, por supuesto, y que en todo caso, para los que les van a soplar la gaita desde su escaño o desde el papel prensa, son iguales a los chicos, y chicas, de morado, esos que toman las calles pero solo las del centro, que por los suburbios se pierden; avanti con la guaracha de pensar, o esconder la ambición tras ese pensamiento ligero, que, al igual que en la Alemania prenazi, aliándose con ellos se les anula; avanti con la guaracha de que la regeneración va a venir de los compañeros de Bárcenas; avanti tutti.

Pero no se pongan nerviosos, ni nerviosas, queridos compatriotas (ponga usted la nación que desee al margen, legal o ilegal, que lo peor está por llegar. Que Dios os coja armados. Y, por qué no, si así lo deseáis, confesados. Hay alforjas que no tienen fondo. Y siempre se puede vaciar la basura para volverla a llenar de inmundicias aún peores. Las que vendrán de vuestra mano y vuestro voto.

Qué ojito habéis tenido, miarmas.

FELIZ NAVIDAD (y 2)

Hoy llega la luz

Llega la luz para abrirse camino entre las tinieblas, para darnos la oportunidad de resucitar entre nuestras cenizas. Venimos de tiempos oscuros, pero tenemos la oportunidad de renacer. La Navidad es tiempo de esperanza. Para intentarlo otra vez, para levantarnos, para hacer frente a la derrota, para combatirla. El otoño es tiempo de melancolía, de reconocer nuestros errores, de penar hasta acabar desnudos, sin las hojas que protegían nuestro cuerpo. El invierno lo es de fortaleza, de resistencia, de valentía, pues hemos quedado desnudos, nada tenemos, o lo tenemos todo, porque solo estamos, solo somos, nosotros. ¿Y qué somos sino nuestra desnudez?

La luz nos encuentra cuando el frío se ha incrustado en nuestros corazones, cuando parecemos muertos pero no lo estamos. El sol está lejos pero viene, ya viene el sol, y nada ni nadie podrá impedirlo. Hagamos frente a las sombras, al frío, muy pronto tendremos la oportunidad de sembrar, una vez más, de recoger nuevos frutos si hemos sido capaces de arar de otra forma nuestra tierra.

El sol viene pero no lo adores, porque antes de que lo pienses se alejará de nuevo. El sol ilumina tus actos, los únicos que pueden hacer que recojas nuevos frutos. Ya viene la luz, para todos. A todos nos da la oportunidad. Es hora de salir de la madriguera.

DIARIO DE A BORDO.FELIZ NAVIDAD (1)

Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Lucas 2,7.

Temblando, con su diminuto cuerpo aún sin lavar desde que salió del vientre de su madre. El resto trataba de proporcionarle estímulos y calor mientras él se debatía entre la vida y la muerte. Su primera cuna fue la cesta de salvamento en la que fue evacuado en un helicóptero de la guardia costera de Malta. […]

Respeto a quienes por sus convicciones no celebran la Navidad. Es más, admiro su resistencia ética, su coherencia y su disposición para ir en sentido contrario a la mayoría, por tener pensamiento propio. Ellas, estas personas que piensan así, nunca soltarán a Barrabás. Mejor dicho, claro que lo soltarán, pero tampoco permitirán la crucifixión, ni del hijo de Dios ni de nadie. A mí, en cambio, me encanta celebrar la Navidad, y no por cuestiones religiosas sino, me permito decir en mi ignorancia, antropológicas, además de porque me da la oportunidad de denunciar la hipocresía de no pocos creyentes, a quienes les parece que el fundamentalismo es cuestión exclusiva de facciones radicales musulmanas.

El diario.es publica hoy la noticia que motiva esta entrada en el blog. El Open Arms, es hoy un portal de Belén en alta mar.

Ningún país ha admitido a los emigrantes que alberga la embarcación de la ONG española. Ni la izquierdista (sic) Grecia ni las católicas Italia o Malta, ningún país ha permitido el desembarco, y no quiero ni pensar lo que dirá esa derecha nacionalcatólica de mi país y sus panfletos que le dan vox como el barco ose acercarse de nuevo a nuestras costas. Estos católicos para los que todos somos hermanos, siempre y cuando gocemos de pasaporte español ⸺ en vigor y desde el nacimiento, que no todo pasaporte es válido para ellos ⸺, seamos de tez no demasiado oscura y consideremos cultura eso de matar animales después de clavarle dos o tres puyas⸺ según categoría del lugar, a más categoría, más puyas⸺, seis banderillas y al menos un espadazo, si no son más, incluyendo verduguillo.

Estos patriotas que defienden sus alforjas, que no tienen fondo, que nunca están suficientemente llenas, me recuerdan mucho a Herodes y sus soldados, a aquellos fariseos  para los que la religión comienza y termina en el rito y el resto del tiempo lo pasan protegiendo su poder. Estos son los que crucificarían de nuevo a un Jesucristo renacido una Nochebuena en la que los de siempre, vagan buscando posada porque nadie les permite alojamiento. Y, además, gozan de un pueblo, como el mío, en el que no menos de cuatrocientos mil bárbaros elegirían, en elecciones libres como las del pasado 2 de diciembre, soltar a Barrabás con tal de que los de siempre, los que llevan siglos poniéndoles el pie en el pescuezo cuando no haciendo sacrificios humanos con ellos, continúen mandando. Y es que en una comunidad tan amante de las tradiciones, qué mayor tradición puede haber que perpetuarlos en el poder.

Claro, que todo esto, no sería posible sin esa figura, tan tradicional también en la comunidad del lazo amarillo, del caganet, que no sé qué significa pero que a mí me recuerda a esos especímenes que tan bien definió Martin Niemöller y luego popularizó Bertolt Brecht.

Que cada cual sepa dónde está. Mientras tanto, feliz Navidad a las personas de buena voluntad, entre las que siempre están quienes no la celebran y quienes tienen la valentía de pensar por sí mismas.

NI EN SUEÑOS

Hoy domingo trabaja Laura. ¿Quién es ella, se preguntarán? Laura es una de las empleadas del supermercado en el que suelo hacer las compras, el más cercano a casa. Hoy domingo trabaja, como he dicho, como si no tuviera bastante con el resto de la semana, y no ha sido el primero ni el último de este tiempo navideño tan cruel con algunas trabajadoras. Hace meses me contó, porque solemos hablar de vez en cuando, desde la época, demasiado corta para mí, por cierto, en la que fui esencialmente un amo de casa. Me contó, digo, porque con tanta subrogada se me van a perder, que estos días extras quizás se lo pagasen como horas extras, o puede que le dieran más vacaciones, aunque ella sabía, lo admitió después, que casi seguro que, como otras veces, no habría ni lo uno ni lo otro. En fin, Manué, que con el paro que hay tampoco puede una protestar, acabó por confesar. Cuando yo era un niño no existían supermercados. Mi madre solía comprar en la plaza y en la lechería de Manolo. Manolo, los placeros, regentaban pequeños establecimientos en los que las familias trabajaban para sacar adelante sus pequeños negocios, a pesar de que muchas veces pasaban el quinario para cobrar las cuentas de gente que apuntaba y tardaba más de lo deseado en pagar. Laura, en cambio, trabaja para unos dueños que no conoce, tiene su enjuta nómina y jamás fía como Manolo, porque los ordenadores de las grandes empresas no lo permiten, son tan poco de fiar como sus propietarios a la hora de pagar extras.

Enrique también ha trabajado hoy. Enrique regenta una panadería y, como todas las noches, despacha el pan que hace cada madrugada y lo sirve desde las tres y media de la mañana. El pan precocido es anatema para él, no así las bolsas de plástico indegradables en las que sirve el género recién hecho, ni tampoco los tiques de compra que jamás entrega, salvo, claro está, petición expresa de las empleadas del hogar que compran para la señora de la casa. Entonces sí, entonces rasga un trozo de hoja de un famélico cuaderno de anillas, desgastado de tantas cuentas hechas de cabeza y tantos tiques, y escribe a bolígrafo lo que ha cobrado, no ya sin membrete ni IVA desglosado, sino sin tan siquiera la descripción de la compra. ¿Qué trabajo le costaría cumplir a Enrique la legislación sobre las bolsas o los tiques de compra?

Al igual que aquellas tiendas de proximidad que acabaron casi desapareciendo, hoy los taxis se despeñan a toda velocidad en esa dirección. Pequeñas empresas familiares que desaparecerán y darán paso, con la inestimable colaboración de la obcecación de los taxistas, a empresas deslocalizadas en las que los conductores serán la visión encorbatada de los ciclistas repartidores de Glovo o los suicidas motoristas de Telepizza, que trabajarán lo que les echen sin más seguridad que las que les de el cinturón de su automóvil.

La brecha de la desigualdad continúa ensanchándose. A unos les falta visión; a todos, sentido de colectividad. Nada parece importarnos. Los problemas son de los otros mientras no nos toquen, sin querer darnos cuentas de que no estamos fuera de peligro, tan solo en la cola del desguace.

Y después de entregarles nuestro trabajo, les entregamos nuestro voto. Dejamos de tener voz para tener vox. ¿Cómo no se van a sentir demócratas? ¿Cómo no van a ser patriotas? Más que nadie. Ni los depredadores más optimistas hubieran soñado un escenario como este.

CARNE FRESCA PARA LOS ZOMBIS

Días después de la selecciones en Andalucía, aún me encuentro estupefacto con los resultados,tratando de comprender por qué y cómo hemos llegado hasta aquí. La irrupción de una extrema derecha violenta (expulsar, muros, memoria histórica, religión…) me ha sobrecogido.

Siempre me he considerado un hombre de izquierdas, mi voto ha oscilado entre partidos nacionalistas andaluces y diversos colectivos progresistas. Por una parte, porque estoy convencido de que hay un modo de nacionalismo deseable, que dista mucho de ser de corte supremacista o excluyente, que lo entiendo como respuesta a la forma tan despiadada de globalización que se ha desarrollado, que no ha resultado ser más que una mera oportunidad para ampliar mercados para, una vez rotas las reglasen nombre de un concepto de libertad a la medida de los que más tienen,esquilmar a quien venga. Una globalización la de ahora que abomino, y que explica las migraciones y las guerras, los nacionalismos xenófobos y el resurgir del totalitarismo, de los patriotas de lo suyo. Defiendo un nacionalismo que preserva la cultura de los pueblos frente al monocultivo cultural de la hamburguesa doble con queso, que realza el valor de la propia para contribuir a la diversidad del mundo. Porque la riqueza es el mestizaje, el respeto a la diversidad y nunca la imposición de un modelo para todos. Por eso soy nacionalista para mi cultura y por eso la quiero como algo que se ofrece a las demás y que también recibe las influencias de otras, para su progreso y el de la humanidad.

Por otra parte, me he considerado de izquierdas porque un día bebí de pensamientos e influencias cristianas, por las que interpreté que todos éramos hermanos y teníamos derecho a desarrollarnos como personas; a tener las mismas oportunidades, a que nadie es menos ni más que nadie. Unas influencias que hace tiempo que abandoné pero de las que también se han alejado no pocos de los que continúan considerándose cristianos, esa facción que pretende hacernos comulgar con ruedas de molino a quienes pensamos diferente, que se siente perseguida ante la pérdida de poder político.

Me reconozco cándido, qué puedo decir después de haber escrito lo anterior. Y a pesar de eso, o precisamente por eso, trataba de entender a esos cientos de miles de votantes que habían elegido dar su voto a Vox, que la dirige un señor que va armado, que no sonríe ni en la victoria, con un programa marcadamente xenófobo, machista, violento,que nos lleva a tiempos pasados, a una nueva reconquista, en palabras de uno de sus líderes.

Trataba de entender,decía, a los votantes. No me han importado mucho las reflexiones de articulistas acerca del fenómeno, aunque me duelan las de algunos amigos que defienden que lo que viene no es fascismo porque sus votantes no son fascistas.Menuda reflexión, como si a Hitler lo hubieran aupado los nazis al poder, o a Mussolini gente que se considerase nazi o fascista. Hay veces que pienso si sirve para algo haber leído mucho, haber escrito. Evidentemente para algunos no es sino un oficio, una forma como otra cualquiera de ganarse la vida en lugar de una oportunidad para comprender el mundo. De qué poco les ha servido a algunos tanta lectura. Quien vota a un partido que anuncia de forma explícita lo que pretende hacer no es inocente de lo que pueda suceder, y más si lo que llegue a suceder no sea más que volver a repetir la historia.

Tampoco me ha sorprendido cómo el Partido Popular, que tanto le chorreaba la baba al defender su amada Constitución española, rápidamente se echa en brazos de los que abominan de ella. Constitucionalistas accidentales, de pose, no tienen empacho alguno en abrir el camino a lo que sucedió en Alemania en los años 30 del siglo pasado.Tampoco este partido será inocente, ni sus votantes ni voceros, esos que claman ahora diciendo que Vox no es extrema derecha.

 Como decía, trataba de comprender como en una de las regiones más pobres de Europa cientos de miles de votos habían ido a parar a manos de quienes solo van a luchar por defender los privilegios perdidos, si es que han perdido alguno en estos cuarenta años, porque cuando se es totalitario no es posible conformarse con algo que no sea el total.

Intentaba descifrar quién podría haber votado a la extrema derecha más allá de su caladero predecible devotos. Y en esas estaba cuando me encontré a Antonio.

Antonio es de una edad similar a la mía, mediada la cincuentena. Lo conozco desde que comencé a trabajar. Él es vigilante de una empresa de alimentación cercana, en la que ejerce no solo de guarda, sino que también ha de mantener limpio el establecimiento, retirar basuras, hacer recados,buscar cambio para sus jefes, etc. Trabaja en eso desde que lo conozco, heredó el puesto de su padre y lo compartió con su hermano, ya fallecido por enfermedad cardíaca, durante años.

A Antonio le gusta el fútbol, se lleva bien con todo el mundo, con emigrantes que comercian de forma legal en tenderetes, con el chino que le arregla el móvil que se le estropea, con las empleadas del hogar latinoamericanas que acuden a hacer las compras que les ordenan las señoras… La crisis le redujo la jornada laboral y el sueldo, pero al menos no lo dejó en la calle como a otros del barrio obrero en el que vive,como a parte de su familia. Antonio es uno de los nuevos votantes de Vox, según me contó sin tapujo alguno. Sus argumentos, que ya estaba bien, que ya estaba harto de tanto ladrón, que había que cambiar.

Luego hablé con María,una chica de casi cuarenta años que trabaja como empleada del hogar, una extraordinaria trabajadora, una mujer dedicada a sus hijos, a su familia, que se crió con sus tíos porque sus padres eran incapaces de darle a su prole un mínimo de educación. Así salieron muchos de sus hermanos, relacionados con ámbitos muy oscuros de nuestra sociedad. Los tíos de María la recogieron casi recién nacida al regresar de Australia, en donde se habían exiliado tras sucesivas detenciones en la dictadura debido a la militancia sindicalista, esto es, por defender los derechos de los trabajadores bajo una dictadura. María no votó a Vox, simplemente se le olvidó votar, aunque no incumplió la promesa que le había hecho a su hijo de llevarlo esa tarde a comerse unas tortas con nata en un centro comercial, antes de ir a conocer la nueva iluminación navideña del centro. Se me olvidó, se me olvidó, fue la respuesta a mi pregunta.

Antonio y María han vivido cuarenta años de democracia que han sido un modelo de fracaso en la educación, en la que se han confundido acumular conocimientos con formar para la libertad de pensamiento. Eso nos ha tocado a todos, porque el problema de Antonio y María es similar, el mismo diría yo, al de esos escritores que defienden que no hay fascismo y que pretenden ser intelectuales sin intelecto. Mientras unos han vivido aislados en sus barrios obreros a las buenas de dios,otros han sufrido otro tipo de aislacionismo, el de vivir en un mundo de Yupi anestesiados por ese estado del bienestar que no llegaba a todos. Y el resultado es parecido,una falta de comprensión de la realidad que vivimos.

Antonio por acción, y María por omisión, también son responsables de haber resucitado a los zombis. La única diferencia es que ellos serán de los primeros en ser devorados, porque de ellos solo les interesa el voto o la abstención, sin duda son los más frágiles de la cadena y, ya se sabe, las fieras devoran primero a los animales debilitados.

La pregunta que me hago es por qué la izquierda, ese movimiento que dice defender a los desheredados de la sociedad, no ha llegado hasta ellos, hasta gente como Antonio o como María. Cuando escuché a Antonio decir que había votado a Vox, no pude sino recordar a Pablo Iglesias durante la noche electoral, diciendo algo tan digno de no sé qué de salud o de fraternidad. Antonio no entendería nada de aquello, al igual que para María, la Internacional debe de ser alguna jugadora de la selección de fútbol femenino.

La nueva izquierda tiene poca, muy poca calle. También vive en su propio mundo de Yupi de consignas y de reflexivas reuniones en horarios solo aptos para funcionarios y profesores universitarios, mientras sus posibles votantes  tratan de sobrevivir como pueden en la ciudad sin ley que son los suburbios; o anestesiados por la televisión, por telenovelas, por María del Monte o Juan Imedio, de tarde en tarde. Canal Sur no se debe cerrar porque los medios de comunicación públicos son el único ámbito ajeno a intereses particulares en información, pero la televisión pública de Andalucía ha hecho mucho daño con ciertos programas, y lo sigue haciendo, a la dignidad de los andaluces. En especial a la de las andaluzas. Ha confundido cultura popular con chabacanería y lo que podría ser un motor de culturización se ha convertido en un abrevadero para alimentar de bazofia y debilitar aún más a los últimos de esta sociedad.

Hemos abandonado a su suerte a quienes no entienden de consignas, porque en cuarenta años no hemos sabido o querido, y hemos tenido la oportunidad para ello, que recorran el camino a la libertad que es la educación. Hemos creado guetos expulsando a los más pobres y a los más débiles de sus barrios tradicionales. Lo seguimos haciendo apostando por la economía de pisos turísticos, a favor de los que más tienen, en contra de los que han de marcharse. Continuamos abriendo centros comerciales, e inaugurándolos nuestros próceres además, espacios ajenos a nuestra cultura de barrio que destruyen multitud de empresas familiares que constituyen la verdadera riqueza económica de pueblos y ciudades; lo mismo que hacemos con el taxi, para favorecer a grandes empresas multinacionales de empleo precario y coches y corbatas inmaculadas, como ya hicimos antes con la desaparición de las empresas de comestibles para crear supermercados donde explotar a sus empleadas, porque son mujeres por lo general las explotadas.

Si Vox está aquí también es porque nos cargamos a los pequeños autónomos para crear puestos de trabajo precarios y mal pagados, por parte de empresas que pagan sus impuestos fuera o explotan a trabajadores del tercer mundo que luego tienen que huir de sus países para llenar pateras y superpoblar nuestros extrarradios, esos espacios que la izquierda no entiende y que son el nuevo caladero de votos para fascistas y probablemente el del terrorismo que venga, allí donde vive gente como Antonio o como María, el lugar que jamás pisará un intelectual salvo para hacer un dibujo que le reafirme de sus convicciones.

Hablábamos de desenterrar a Franco y sin llegar a levantar su tumba han surgido de la tierra removida los zombis que arrasaron Europa de sur a norte. No han tenido ni que cambiar de carnaza. Basta una generación para que volvamos a picar en el cebo envenenado.Hay muchas responsabilidades en esto. Yo he preferido sacar las mías.

DIARIO DE ABORDO. LIBERTAD AHOGADA

Tengo a mi disposición dos de los termómetros sociales más potentes de la sociedad actual: trabajo en una farmacia y paseo un perro. Aunque ambos me sirven durante toda la semana,la farmacia es más eficiente en cuanto para registrar la temperatura en días laborables y el perro para los festivos y sus vísperas. Digo vísperas porque los viernes por la noche son un anticipo de lo que vendrá. Hoy sábado el parque apareció arrasado.

He decir que vivo en un barrio de clase media alta, tirando a alta, que no se me olvide, de familias con formación universitaria en su mayoría, menos rancio que otros similares dela ciudad, en el que, por poner un ejemplo, el lucimiento a lo largo de este último año de banderas rojigualdas no ha sido tan irritativo para mis ojos como el que de otros lugares de la ciudad.

El barrio cuenta con un instituto público de enseñanza y un par de famosos y prestigiosos colegios concertados a los que los hijos de estas familias acuden a labrarse un futuro,esos que forman parte, a decir del pichaflojismo, de la generación más preparada de la historia de este país y que en cuanto crezcan, si sobreviven al alcohol de garrafa, habrán de exiliarse en otras ciudades y otros países de Europa.

Los veo salir cadaviernes por la noche. Se arremolinan a las puertas de los supermercados, de chinos,intentando obtener botellas de alcohol destilado con el carnet de identidad deun hermano mayor o de algún cómplice, o simplemente con la mirada hacia otro lado del dueño del garito. Luego avanzan con el botín hacia plazoletas y parques,en los que luego los jardineros recogerán sus inmundicias en lugar de cuidarlos árboles para que padres que no se quieren enterar de lo que pasa se quejen del alcalde, clamando por la suciedad de los espacios públicos o del mal cuidado de las plantas. El caso es echarle la culpa a alguien que no sea a sus hijos.

Estos muchachos y muchachas beben sin medida y sin control, ávidos de perder la voluntad. En eso consiste su diversión, además de en dejar el mobiliario de todos listo para ser sustituido ante la próxima campaña electoral.

Si en estos cuarenta años el progreso en el derecho a la salud ha sido notable, el fracaso del derecho ala educación no lo ha sido menos. Educarse no es amasar conocimientos sin oponerlos al servicio de la sociedad, igual que emborracharse no es lo mismo que beber para compartir, tradición tan mediterránea.

Urge cambiar el modelo educativo pero hay miedo a la libertad; a la verdadera, no a esa que venden Albert y Pablo y su liberalismo para listos, esa de hacer lo que me dé la gana y que el que venga detrás que arree. La verdadera libertad continúa ahogada en alcohol de 40 grados.

NO APRENDEMOS, NO HACE FALTA

Una amiga uruguaya a quien adoro me da la noticia del fallecimiento de Luisa Cuesta. De noventa y ocho años de edad, era activista por los derechos humanos y encabezó la agrupación Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, en la que se apoyó para buscar a su hijo Nebio Melo Cuesta, apresado en Buenos Aires en 1976 por la dictadura hermana argentina y que hasta el día de hoy continúa desaparecido. Luisa falleció, pues, sin haber encontrado a su hijo, como tantas otras personas en Argentina o en Uruguay, en España, en…

Luisa, me contó mi amiga, era un símbolo de justicia y paz que solo buscaba respuestas, una madre coraje, me comentó otra buena amiga.

― Una lástima, porque no aprendemos― me dijo la primera.

No, no es cuestión de que no aprendamos, le respondí. Decir que no aprendemos como sociedad me resulta injusto, me suena a repartir la culpa entre todos para continuar igual porque no hay remedio, como un fatalismo al que estamos condenados. Y no, no es que no aprendamos, es que los deberían aprender no lo hacen porque no tienen necesidad.¿Para qué? Los que salen indemnes, victoriosos de las atrocidades que han provocado no aprenden porque no tienen que aprender.

Recuerdo a Luisa Cuesta y también a los miles de muertos que continúan sepultados en las cunetas de nuestras carreteras, en fosas comunes, que fueron asesinados de forma impune por quienes no han aprendido, por quienes no tuvieron nada que aprender porque nadie les reprendió. Qué molesto, ¿no, compatriotas?

Hoy los cachorros de estos que nunca han tenido necesidad de aprender emergen por todos lados. Un militar de la dictadura de Brasil gobierna el país, el presidente de Estados Unidos autoriza matar a los desgraciados que avanzan hacia su país huyendo de otros tan salvajes como el tocayo del pato Donald, el día en el que sus votantes se aprestan a arrasar las ofertas del Black Friday inermes a su negra conciencia, puede hasta que rifles de saldo. Aprovecha la oferta para matar aun espalda mojada. In God we trust te lo agradecerá.

Coincidiendo con el fallecimiento de Luisa Cuesta, el Partido Popular y Ciudadanos se abstuvieron de condenar a Franco en el Senado, a pesar de los centenares de miles de muertos que dejó. ¿Cuál es el argumento que les impide esa condena, es de forma o es en realidad de fondo la cuestión?

Buenistas, equidistantes,cobardes en suma, que amparan a los quisieron pasar página cubriendo con una alfombra cómplice los huesos de los que cayeron bajo las balas del no condenable, fueron los que absolvieron a aquellos cuyos herederos regresan.

Si fuera solo Vox el problema…

Luisa Cuesta murió sin que se hiciera justicia. Ni fue la primera ni será la última. No solo no aprenden ni se arrepienten; ni siquiera tienen empacho a la hora de lucir sus enseñas en los balcones, las de una patria que les pertenece y en la que los demás estamos de prestado. Mientras nos lo consientan.