SEÑOR ZOIDO, EN ESPAÑA SÍ HAY GUETOS

Señor ex Alcalde de mi ciudad:

El sábado pasado le escuché decir que en España no había guetos. Me dejó estupefacto, tengo que reconocerlo. ¿Cómo pudo decir eso? Nada más que en la ciudad que usted gobernó, la que le mando a Paseo…del Prado cuatro años después, tras haber dilapidado la mayoría absoluta más grande de la reciente historia de la ciudad.

¿Cómo llamaría usted a la periferia sevillana? Me refiero a ella, porque imagino que es la que mejor podría conocer. Mejor dicho, la que le sonará. Una periferia que no es exclusiva de la ciudad de la gracia―maldita gracia esta, por cierto―, pero que usted debería haber conocido.

Pondré ejemplos únicamente de la ciudad ex-gobernada por usted, a ver si recuerda algo:

¿Por qué no le llama gueto a Los Pajaritos, el barrio más pobre de todo ese país al que ustedes llaman España y que parece no existir más allá de la M-40? Los Pajaritos es una jaula inmensa de indigencia, de marginalidad, aislada entre grandes avenidas para que la gente con poca memoria como usted se olvide pronto.

/ ©GARCIA CORDERO

¿Por qué no llama gueto a las Tres Mil Viviendas, ese barrio al que usted le ha negado una Comisaría de Policía―vergüenza le debía de dar como ex Alcalde― como vía de entrada de las instituciones, algo esencial para normalizar un barrio? Esas Tres Mil a las que niegan el soterramiento de las vías del tren y les dificultan la entrada al nuevo parque que se ha hecho alrededor.

¿Por qué no llama gueto al Vacie, a ciertas calles del Polígono Norte, a tantos lugares de la ciudad que usted tan mal gobernó, a la vista de lo que opinaron los votantes, y a tantos y tantos barrios de tantos y tatos lugares?

España es un país muy retrasado, señor Zoido, y por eso, lo que pasa en muchos lugares de Europa se está cociendo a fuego lento ―cocina mediterránea le llaman― en la periferia de nuestras ciudades, se reproducirá con una generación de retraso en este país. Y el combustible no lo pondrá la religión. La religión arde, claro que arde, cualquiera puede llegar a ser muy inflamable. Es la desigualdad la que todo lo provoca, esa desigualdad que produce las políticas de su partido, esas políticas económicas liberales basada en el crecimiento a costa de otros, en la producción a costa de todo, en la contaminación del planeta; o esas esas políticas de trabajo que dirige otra andaluza como usted, que obliga a elegir entre esclavitud o huida (lo mismo que pasa en los países del sur). Es la economía, …. Eso.

Mucho me temo que si los suyos, los de su partido y los satélites, no se enteran a tiempo, que la siguiente generación, que hablará andaluz como usted, quizás mejor que usted, o cualquier otro acento hispano tan bien como nosotros, sea la que nos ponga un petardo en el culo. Y todos tendremos nuestra parte de responsabilidad. Ustedes porque ejecutan (esas políticas), y nosotros, porque les votamos.

España posee todos los ingredientes necesarios para fabricar esa bomba atómica que produce la desigualdad. Y esto no se resuelve mandando pobres a las escuelitas, como usted insinuó en su intervención, sino mandando a la escuelita a ustedes. Pero me temo que antes de que ocurra eso, Kim Jong-un se hace pastelero.

 

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ALEGRÍA EN EL TEATRO ENCANTADO

Queremos una piscina para las Tres Mil, y también parques infantiles. Y una piscina, y un cine, y que barran todos los días, y que…

El martes 27 de junio tuve la oportunidad de asistir al estreno de la obra teatral “El colegio encantado”, protagonizado por niñas y niños de las Tres Mil Viviendas, segundo barrio más pobre de España según estadísticas recientes, y sin duda líder a la hora de prejuicios y estigmas, esos tatuajes sociales con los que etiquetamos a quienes no tenemos el gusto de conocer.

Los alumnos de teatro de la Fundación Alalá incluidos en el taller “Pequeños Autores”, fueron los protagonistas de una obra que atrapó a un público entusiasmado. La Fundación Alalá, alegría en lengua caló, defiende la integración social a través del arte y la cultura y la alegría, y bien que puede presumir de hacerlo.

La pieza teatral, una reflexión sobre los valores personales que deben ilustrar al artista, y por ende, a cualquier ser humano, nos ofreció a los espectadores el arte de esos jóvenes como actores y actrices, músicos e intérpretes, con el flamenco y el rap y su fusión, como elementos predominantes en los cantes.

Tenía mucho interés en asistir, cambié mi turno de trabajo por estar, y más después de la invitación que me hizo la madre de una de las artistas, María del Carmen Fernández Pisa, una auténtica heroína de la vida, a quien admiro mucho y desde hace mucho tiempo por sus tremendos valores personales. Llevo más de once años de voluntario en el barrio y sé que aquella es tierra de heroínas, mucho más que de heroína, como algunos malpensados puedan sospechar.

Contemplando el espectáculo, viendo a esos jóvenes actuar, la cabeza me comenzó a dar vueltas, y reflexioné sobre la marginalidad. Probablemente no haya situación más injusta hacia los tuyos, hacia tus propios convecinos, que expulsarlos de sus barrios tradicionales para confinarlos en guetos, creados expresamente para que no molesten, como se hizo a partir de 1960 con los habitantes de Triana, San Bernardo y otras zonas de la ciudad. Ese aislamiento, esa cirugía inhumana con la que se intervino sobre la ciudad de Sevilla, y sobre muchas otras, todo hay que decirlo, trajo muchos, por no decir todos, los males que hoy continúan asolando las periferias.

Sin embargo, esta dolorosa e injusta ignorancia hacia el pueblo más humilde, allí donde se crea y se concibe el arte y la cultura de un pueblo, ha traído, entre el dolor y la injusticia, nuevas formas emergentes de arte, creaciones originales y novedosas formas culturales que esa forma de ignorancia pedante que es la cultura establecida, ignora. Y hoy, entre el desprecio de la ciudad de la caspa, ajena a toda consideración hacia las personas que conforman el cinturón de la urbe, surgen formas de expresión que sin duda conformarán el futuro, como en su día lo fueron el mismo flamenco, el tango, el jazz, el blues o el rap, que nacieron entre el desdén y la indiferencia de los que se sentían el ombligo identitario de la metrópoli.

Qué injusto y qué doloroso es el camino de la creación. Qué rabia da contemplar la marginalidad y las tragedias de muchas personas, y aún más escuchar los prejuicios que vomitan quienes tengo muy cerca. Qué maravilla el arte que surge. Qué tragedia el precio que han pagado y deben pagar muchas personas para que el arte perviva.

Mi respeto, mi reverencia, a las buenas gentes de las Tres Mil, héroes que no solo merecen la piscina, el cine, los parques infantiles y que barran sus calles todos los días, porque son ellos y no nosotros los que soportan el mayor tesoro para la supervivencia de un pueblo: su cultura.

Sí, la cabeza me dio muchas vueltas. Y salí del teatro encantado, encantado.

Las fotos se han tomado de la página http://www.fundacion-alala.org 

TREINTA AÑOS

MANUELMACHUCAFERNANDEZ

Ayer hizo treinta años que falleció, y el martes próximo cumpliría noventa, una edad difícil de cumplir para cualquiera, y seguro que aún más para él, que no llegó siquiera a alcanzar los sesenta. Me daba mucha pereza retomar el blog. Sin embargo, un día como la de hoy, a caballo entre estas dos efemérides familiares, me ha empujado a hacerlo. Y más, cuando su esposa, mi madre, que tan bien recordaba las fechas importantes, se ha adentrado en la niebla de la que ya nadie regresa y nunca más evocará acontecimiento alguno. Treinta años hace que murió, aunque huérfanos nos dejó mucho antes.

No recuerdo haber tenido referencia paterna. Sin duda, esta circunstancia ha marcado mi vida, una vida en constante búsqueda, llegando a veces demasiado tarde, otras, demasiado pronto, a los destinos marcados por la única herramienta de la que he dispuesto, esa tan poco fiable a la que llamamos intuición.

Tampoco he sabido lo que es la autoridad, más allá de las regañinas estresadas de una madre que no podía llevar todo adelante. Quizás por ello haya desarrollado mi capacidad de escucha, mi gran afición a juntarme con cualquiera que me pueda dar luz, así como mi absoluta incapacidad a plegarme a nadie que me gobierne, ni tampoco lo contrario, pues he huido siempre, tan rápido como he podido, de dirigir a otros. Una independencia rayana en la anarquía. You are a maverick, un disidente, un inconformista, dijo una vez de mí un profesor en Estados Unidos. Y sí que lo he sido, a pesar de que los años aporten serenidad y distancia.

Fue una persona afable, que me legó muchas interrogantes. Sin embargo, creo que gracias a él también, creí en la bondad de las personas, al menos como punto de partida, y eso tiene un valor incalculable, por lo que le estaré agradecido mientras viva. Reconocer que debajo de las muchas capas y pieles que tenemos la mayoría de las personas, pueda existir la magnanimidad, da mucha paz, aunque luego sea la libertad y las formas de interpretar la vida las que nos den la capacidad de utilizarla o no. Aquellos que viven en la permanente sospecha hacia los demás, a título individual o colectivo, con esa visión profundamente negativa del ser humano y de sus instituciones, sólo me producen compasión.

Treinta años, quizás cuarenta desde que todo empezó, dan para mucho, para pasar por todas las actitudes posibles, para estar a punto de caer en casi todo, para ver cómo otros caen también. Y treinta años después, con lo único que me quedo es con sus ojos de bondad, con el camino recorrido y por recorrer para tratar de entender, pero desde esa paz que me dan,  y que siento por primera vez en todo este tiempo. Que no me abandone.

Sevilla, 18 de junio de 2017

¿LOS BARRIOS POBRES CREEN QUE SE VIVE MUY BIEN?

Introducción al acto que organizó Iniciativa Sevilal Abierta en la Fundación Cruzcampo de Sevilla el lunes 17 de abril de 2017

Buenas tardes, bienvenidos a este nuevo capítulo del ciclo SEVILLA A DEBATE, Causas y consecuencias del estancamiento de la ciudad, que organiza nuestra asociación INICIATIVA SEVILLA ABIERTA, y que lleva por título, a modo de pregunta:

¿Los barrios más pobres creen que en Sevilla se vive muy bien?

Para ilustrar este debate contamos con la presencia de Manuel Lara García y Lola García Blanco, a quienes en breve pasaré a presentarles. Antes de ello, y a modo de introducción, me atrevo a hacer una breve reflexión personal acerca de si la pobreza en Sevilla es causa o consecuencia del estancamiento de la ciudad, si es este un bucle del que es imposible salir y que nos lleva a perder la esperanza de que la ciudad tome un nuevo brío, para regocijo de quienes no están interesados en que ese nuevo brío exista.

Si cuando salgamos de aquí caminásemos hacia la izquierda, nos encontraremos de inmediato con una avenida que marca uno de los cinturones más importantes de marginalidad de esta ciudad, un cinturón que la recorre desde oriente hasta el sur y que no es el único, porque qué decir de ese asentamiento chabolista de la zona norte, que nunca se vacía, que al igual que el Palacio Real del Alcázar, es el más antiguo de Europa.

El enclave en el que estamos se encuentra en una de las zonas de transición hacia nuestras propias vergüenzas, unas vergüenzas que ignoramos a pesar de que quienes viven allí, se crean o no que vivan muy bien en sus barrios, vengan o no a hacer carreritas en la Madrugá, son víctimas del modelo productivo de esta ciudad, tan falto de iniciativa empresarial a lo largo de la historia como rebosante de especulación en muchas ocasiones.

Hace unos días, a mitad de la Semana santa, quizás para que no se notara mucho, apareció en los medios un comunicado de Unicef que informa que España es el tercer país con mayores índices de pobreza infantil de la Unión Europea, tras Grecia y Rumanía; es el segundo, detrás de Letonia, en desigualdad económica, un país el nuestro en el que un informe de Intermón Oxfam afirma que 20 personas tienen tanto dinero como el 30% de la población. En el caso de Andalucía, tenemos además un 43,2% de riesgo de exclusión, muy superior a la media nacional, que es del 28,6% según la Universidad Loyola. Y qué decir de Sevilla, que alberga, a decir del Instituto Nacional de Estadística, a cinco de los diez barrios con menor renta per cápita de España.

La génesis de los barrios más pobres se explica por la migración rural a la ciudad ante la falta de oportunidades que el campo ofrecía a sus pobladores, allá por los años 60-70 del siglo pasado, y de los procesos de gentrificación de la segunda mitad del siglo pasado, por los que se expulsa a los habitantes tradicionales de arrabales como Triana, en los años 60 o San Bernardo en los 80-90, o los actuales, en la zona de Alameda de Hércules o en San Luis, en donde se sigue arrojando a sus vecinos históricos hacia la marginalidad, una marginalidad de la que no queremos saber o de la que no nos sentimos responsables aunque la generemos, y en la que, fruto de esa ignorancia, se instala y organiza la delincuencia, que victimiza por segunda vez a quienes no encuentran otro lugar en el que vivir, provocando la generación de una economía de subsistencia, sumergida y muchas veces relacionada con la delincuencia.

Por ello resulta indignante que oportunidades de normalización para estos barrios, como la construcción de una Comisaría de Policía en el Polígono Sur, que significa la entrada de las instituciones en el barrio y un paso importantísimo hacia su normalización, sean tiradas por la borda por la falta de sensibilidad de un Ministro, Juan Ignacio Zoido, que sí va a misa según vimos en una portada de prensa, pero que fue Alcalde de esta ciudad y concejal hasta hace bien poco. Y es que en Sevilla parece que somos muy dados a mantener muros que serían la envidia de Donald Trump, para poder lavar nuestras conciencias arrojando caritativas monedas desde el otro lado.

Índices de paro del 70% en estos barrios, de abstención en las elecciones de otro tanto, en un porcentaje sonrojantemente alto de nuestra población, nos deben hacer reflexionar sobre quiénes somos causa de esta pobreza y quiénes sufren sus consecuencias. Eso, o continuar encerrados detrás de esos muros ilusorios que marcan los límites de la ciudad de la gracia.

TIEMPOS CONVULSOS

destruccionAsisto perplejo al debate acerca de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Me sorprenden los arrebatos de sinceridad que se vierten en las redes sociales acerca de los problemas que nos ocasionan los emigrantes, las soflamas y lecciones sobre qué es democracia, votar y aceptar los resultados que salgan, y ―aprovechando que el Pisuerga ya es el río más largo del mundo, porque no sólo pasa por Valladolid a lo que se ve―las manifestaciones de ciertos políticos, que no tienen empacho alguno en afirmar que Trump no es más que un Pablo Iglesias teñido y descoletado.

Siento que volvemos a la década de los años 30 del siglo pasado en Europa, con la diferencia de que ya no hay un Estados Unidos que nos salve. El fascismo llega de la mano de quienes se rasgaban las vestiduras con él. Quizás una de las claves de la democracia sea aplacar al fascista que todos llevamos dentro, pero parece que no es el momento.

El fascismo ha evolucionado de forma que ya no necesita implantar dictaduras para instaurarse. Ha aprendido a manejar los votos apelando al miedo, a nuestros instintos más bajos, a ese hábito que se hizo tan popular durante la Guerra Civil y la Posguerra: la delación.

Hoy las personas ya no son personas. Como una etiqueta de Facebook, hoy no son más que inmigrantes, musulmanes, refugiados que vienen a quitarnos el pan, que atacan nuestro evolucionado modo de vivir sustentado sobre la sangre de los empobrecidos y el expolio de los recursos. Hoy, en un mundo que deriva hacia el suicidio colectivo, los únicos dioses son la economía de mercado, el crecimiento y la producción perecedera y generadora de más y más basura, de más y más contaminación, de más y más destrucción ambiental.

Tiempos oscuros de poca filosofía y mucha religión (y no sólo la clásica, sino la económica), y por tanto, tiempo de salvadores. Esos terroríficos salvadores que antes se llamaban Adolf, Benito o Francisco y ahora Donald, Vladimir o Nigel.

La democracia es el régimen que se deriva del ejercicio del voto en libertad. No hay democracia sin miedo, por muy grandes que sean las urnas. No hay democracia sin votantes formados que puedan ejercerla con libertad de pensamiento. Todo esto lo han anulado nuestros políticos. Ellos han puesto los cimientos de lo que viene.

Hoy la democracia se ha convertido en un Gran Hermano, y pronto nos mandarán abandonar la casa.

SOÑAMOS LA CIUDAD

Texto preparado para la mesa redonda SOÑAMOS LA CIUDAD, del jueves 20 de octubre de 2016

LA ZUA (2)Cuando sueño la ciudad, mi sueño es un sueño de justicia hacia los ciudadanos, hacia todos los que la componen y forman parte de ella. El ser humano es un animal social, y como tal se organiza en comunidades, en ciudades, en estados, y esas organizaciones, artificiales pero necesarias, cambiantes pero eternas, tienen el fin de hacerlo más feliz, entendiendo como tal aquello que contribuya a  su mayor bienestar físico, mental, intelectual y espiritual. La ciudad que sueño es de todos, y todos tenemos obligación con todos. El éxito debe llegar a todos o no será, y la derrota de unos es la de todos.

Cuando hablamos de nuestra ciudad de Sevilla, a todos nos han regalado alguna vez los oídos acerca de su belleza― la más bonita de España, una de las más bellas de Europa―, de su importancia histórica a lo largo de los siglos, de sus fiestas tradicionales, de su saber vivir y divertirse.

Cuando hablamos sobre Sevilla, lo hacemos de la Giralda, la Catedral, el Alcázar o el Archivo de Indias, esa zona en la que se reúnen grandes estilos arquitectónicos en apenas unos metros: el gótico de la Catedral, el barroco del Palacio Arzobispal, el renacentista del Archivo de Indias, los diversos periodos del arte musulmán en el Alcázar o en la Giralda. Hablamos de su casco histórico,  de su caserío, de sus iglesias.

Cuando criticamos a Sevilla, cuando los cronistas de la ciudad levantan la voz, lo hacen, y nosotros detrás, acerca de si las Setas o la Torre Pelli son construcciones dignas de ocupar el espacio en el que se sitúan, si la peatonalización de la Avenida de la Constitución se ha hecho bien o no, y si el centro se ha convertido o no en un parque temático globalizado como en otras ciudades históricas, para dar cobertura al turismo, una de las epidemias más depredadoras del siglo XXI en lo medio ambiental. Cuando hablamos o criticamos a Sevilla lo hacemos sobre su casco antiguo, una zona en la que viven una minoría de ciudadanos.

Cuando hablamos sobre Sevilla no hablamos, o lo hacemos cuando aparece una noticia puntual y siempre con vergüenza ajena, como si no fuera con nosotros, de que cinco de los diez barrios más pobres de España están en Sevilla, o de que el líder de esa triste clasificación a quince minutos de zonas lujosas. Y tampoco hablamos de que, a pesar de ser Sevilla una de las ciudades más pobres del país, su importancia en cuanto a inversiones en banca privada es muy superior a lo que cabría esperarse de su nivel económico, de una tradición empresarial y emprendedora escasa, que hace que quienes tengan inquietudes de este tipo deban salir a otras ciudades para poder desarrollar sus proyectos. Sevilla expulsa a sus hijos más bulliciosos, y su dinero, en vez de invertirse en la creación de riqueza que estos podrían producir, se proyecta sobre la agricultura y la construcción, es decir, de las rentas que puedan producir las fincas rústicas o la compra-venta o alquileres de fincas inmobiliarias.

Sevilla es una de las ciudades en las que más desigualdad social existe, y eso se explica en términos económicos y se traduce en lo geográfico. Está plagada de guetos, de ciudades dentro de la ciudad, en un proceso científicamente diseñado que comienza con la expulsión de poblaciones desfavorecidas de núcleos de interés inmobiliario o comercial, para poder desarrollar negocios y concentrar poblaciones de estrato social bajo en viviendas de promoción social, alejadas de los núcleos de interés económico, que luego se convierten en caldo de cultivo para la exclusión social y la delincuencia. Es lo que se conoce como gentrificación.

La gentrificación se ha desarrollado desde tiempos inmemoriales en Sevilla y en el mundo. En los tiempos modernos, en los años 60 del siglo pasado, la expulsión de población eminentemente, pero no solo, gitana del barrio de Triana, inició un proceso de transformación especulativa de ese barrio entonces humilde. La zona que ocupa hoy el barrio de Los Remedios fue limpiada de chabolismo para crear el barrio que hoy conocemos, paradigma en Europa de la urbanización irracional, avariciosa y especulativa. También se hizo de una forma parecida en el centro histórico de la ciudad, aunque no de un modo uniforme, si bien sus huellas en forma de edificios tan feos como de baja calidad aparecen por todo el caserío, para escándalo de los cronistas de la ciudad.

Aunque es un proceso incesante, y que continúa desarrollándose en estos momentos en espacios de la zona Norte del centro como en la calle San Luis, y próximamente en El Vacie, destacan también procesos como los de San Bernardo en los años 80, en la época previa al soterramiento del tren en la ciudad, soterramiento que se hizo en todas las zonas afectadas de interés económico, salvo, a pesar de que estaba previsto, en los barrios más humildes del sur: Tiro de Línea y Polígono Sur.

En todos los procesos de gentrificación hay una población que sale hacia el extrarradio, y otra de mayor poder adquisitivo que entra y ocupa el espacio. En todos hay una legislación que los garantiza, una excusa de índole sanitaria o social, producto de esa desigualdad ancestral que los hace necesarios, pero también una deslocalización y pérdida de raíces de las personas que abandonan el barrio, que deben buscar un nuevo lugar para vivir acorde con sus escasas posibilidades económicas.

Nadie duda de que las casas y corrales de vecinos de Triana o San Bernardo eran lugares insalubres, focos epidémicos por el hacinamiento de quienes allí vivían. Nadie duda de que es una vergüenza que exista El Vacie, que haya personas que vivan en esas condiciones, o en La Bachillera. Lo que sí que es más que discutible es que quienes hayan vivido en lugares así tengan que borrarse del mapa, que desaparecer de nuestros ojos para pasar a ocupar un espacio en los barrios invisibles de la ciudad. Porque el Polígono Sur es un barrio invisible, porque la Ronda del Tamarguillo es una frontera hacia los barrios invisibles de Candelaria o Tres Barrios, y porque lo que parece molestar de El Vacie es que es un barrio indecente pero visible, y no tanto por lo que sucede a las personas que conviven con las ratas y la inmundicia.

La ciudad, la bella ciudad de Sevilla, va de Bellavista a San Jerónimo, de Torreblanca a Los Remedios. No va de los Jardines de Murillo a la Macarena, o de la Torre del Oro a la Puerta Carmona. Y la ciudad que sueño es la que es, la que desbordó sus murallas y se disemina por las antiguas huertas con cuya transformación tantos próceres con calle se enriquecieron. Y para que la ciudad merezca ser una organización al servicio del ser humano debe romper con los guetos y favorecer la integración de sus habitantes.

Barrios como el Polígono Sur, que ya tienen cuarenta años, han desarrollado ya una personalidad propia. Hoy el flamenco no es Triana, es el Polígono Sur. La Sevilla eterna no está intramuros; está en el Polígono Sur. Y lo que precisan barrios como el Polígono Sur, y tantos otros, es que rompamos con su incomunicación, para que puedan integrarse en la ciudad y a la vez expulse a la delincuencia, que encuentra en ese aislamiento el espacio idóneo para sus actividades. Acabar con las barreras físicas, como el muro de Hytasa o las vías del tren, la carretera Su Eminencia o la Ronda del Tamarguillo, son inexcusables para acabar con la exclusión. Acoger edificios públicos, incluso que empresas que lleven su responsabilidad social a instalar sedes en el barrio favorecería la integración y rompería con el miedo que hay a ambos lados de las barreras físicas y psicológicas.

Hay que acabar con los guetos y evitar que se nutran de nuevas poblaciones como los inmigrantes procedentes de otras injusticias, o que otros nuevos se produzcan. Las personas deben gozar del derecho a echar raíces en sus barrios, a desarrollar sus señas de identidad propias. Y quienes deban salir han de poder integrarse en otros barrios que les puedan servir de referencia para crecer. Se copia siempre lo mayoritario, la referencia es la mayoría, y por tanto, no hay que temer de quienes vienen de barrios más humildes. Ejemplos como los edificios sociales que se hicieron frente a la iglesia de San Benito, en la cotizada zona de La Buhaira, muestran que las personas humildes pueden integrarse y no ser un problema para nadie, y en modo alguno han representado un problema para el resto de los habitantes.

La ciudad que sueño es una ciudad integral y visible, una ciudad que sea justa con todos sus habitantes y especialmente sensible con quienes más ayuda necesitan. La ciudad que sueño no es más cara ni es utópica. Porque la utopía no es más que el sueño inalcanzable de los cobardes.

RECUPERAR EL PRESTIGIO DEL FARMACÉUTICO (VIII)

Medicamentos tercer mundoDurante estos últimos años he tenido la oportunidad de entrevistarme con dirigentes políticos del Partido Popular y el Partido Socialista y con personas que estaban realizando el programa sanitario de Podemos, para diferentes elecciones en Andalucía y España. En todos los casos esto se debió a personas cercanas a los partidos que conocen las prácticas asistenciales que recuperarían el prestigio profesional del farmacéutico. A todas las reuniones acudí con las mismas diapositivas, aunque he de reconocer que el color de fondo variaba: azul en una, rojo en otra, y morado en la que resta (adivinen el color que llevaba para cada reunión). El resultado, con matices, fue el mismo en las tres ocasiones.

La responsable del Partido Popular quedó en llamarme la semana siguiente, y de eso han pasado más de cien. También los pobres creían que iban a ganar las elecciones y perdieron, aunque puedo suponer también quién desactivó ese hilo.

En el caso de los socialistas, que creían que iban a perder las elecciones y sin embargo ganaron, el señor que llevaba eso, a punto de jubilarse, no quería saber mucho del tema, a pesar de que tenía datos de la importancia de la práctica y de lo positivo que sería implantarla. El hombre no se jubiló, pero tampoco ha hecho nada después. Debe estar todavía pensando en la paguita.

En cuanto al partido emergente, escuchó y le gustó, igual que los otros dos, pero siguió en aquello tan propio de la izquierda y que gusta tanto a la derecha que hagan: medicina basada en la evidencia (esa medicina que deja de ser evidente en cuanto sale de los papeles pero que da para mucho en los curriculums), críticas a la industria farmacéutica y a sus crímenes, crímenes por cierto homologables a las los de las eléctricas, a los de los fabricantes de balones de fútbol, de ropa y de casi todo aquello que cotiza en la Bolsa de Nueva York. Poesía.

Al parecer es de izquierdas apoyar las subastas de medicamentos, para que el estado exprima a laboratorios para conseguir pasta, en lugar de lo que yo creo que sería verdaderamente progresista, seleccionar las moléculas que hayan demostrado más eficacia y seguridad, e implantar sistemas de gestión y optimización de los resultados de la farmacoterapia. En fin.

En un país de huella tercermundista como España, huella que se caracteriza por su sectarismo, su onanismo profesional (los congresos profesionales son toda una incitación a la masturbación mental en grupo, la cual, como toda masturbación, ya lo dijo Aute, queda en nada después del gustirrinín de la eyaculatoria conferencia de clausura).  Y es que el problema no está en discutir diferentes medidas para resolver un problema, sino en quién estás pensando cuando dices que quieres resolver el problema.

Quién piensa en resolver un problema que tiene la sociedad; quién piensa que quizás otro diferente a nosotros pueda ayudar a solucionar un problema; quién piensa en la sociedad para resolver un problema que tiene la sociedad.

Es triste que en un sistema público de salud como el español nuevas prácticas ajenas a las profesiones tradicionales tengan tanta dificultad para implantarse. Es cierto que los mayores enemigos están dentro, pero no deja de ser desolador después de tanto tiempo. Mucho me temo que hasta que no sea una práctica habitual en otros países, en los que ya se está abriendo camino, no llegará hasta acá. Como en cualquier país mediocre, copiar a los de fuera será el camino. Aquí la patria se resume en envolverse en una bandera, para taparse los ojos y no ver los problemas de los que no tienen más cojones que ser patriotas.

Recuperar el prestigio del farmacéutico, sí, pero a quién le interesa. Es mucho mejor tener a quien echarle la culpa de los males. Un mal farmacéutico conviene a los demás. Y al final, al papel de víctima acaba uno acostumbrándose.

Imagen tomada de osalde.org 

CONTINUARÁ