TRES MIL VIAJES AL SUR. ANABEL CARIDE

ANABEL Y YOCuando Tres mil viajes al sur se abría camino a través de las teclas de mi ordenador, y la estructura en cuatro historias adquiría forma, de pronto me sorprendí un día elucubrando acerca de la cita literaria con la que iniciaría el libro. A veces me pasa eso, que cuando aún no he terminado algo ya pienso en el paso siguiente. Para quienes no me conocen mucho, aunque estén cerca de mis trabajos, esto les lleva a pensar que hago muchas cosas a la vez y no las termino, que me enredo. Pero quienes están al corriente de mi trayectoria personal, saben que tiene que ver con mi forma de ser y que lo que empiezo, sea un maratón, una investigación o una novela, lo termino, aunque tarde siete años en hacerlo, como me sucedió con El guacamayo rojo. Los Tauro somos así.

Ahí se quedó el pensamiento, pero una vez que llegue al final de Tres mil viajes al sur, aun cuando sólo era por aquel entonces una obra apenas hilvanada, lo que me dio tiempo a presentar al Premio Ateneo de Sevilla de novela, volví a pensar sobre ello y se me encendió la bombilla de la mejor manera posible: hablar con Anabel Caride, una poeta que me encanta y que había vivido muchos años en el barrio de La Oliva, uno de los que conforman las Tres mil viviendas sevillanas, el término de la ciudad en el que brotan las historias.

Qué bonito sería―pensé―que una poeta del barrio estuviera en el libro.

Hablé con Anabel y le pedí si me podía hacer el poema de entrada de Tres mil viajes al sur. Me parecía precioso que la novela comenzase con los versos de una escritora del barrio, aunque ya no viviera allí. Y me dijo que sí, que le hacía mucha ilusión. Luego, la conversación continuó más o menos por estos derroteros:

― Anabel, había pensado que al ser  un libro basado en historias de mujeres, podrías ayudarme a buscar a diferentes escritoras y que cada una me hiciera uno para cada uno de los relatos. Aunque en realidad me encantaría que tú me hicieras todos, pero imagino lo difícil que tiene que hacer tantos, así que a ver si puedes ayudarme a encontrar a las personas idóneas.

― Yo te los hago todos. Mándame el libro.

Eso fue lo que ella me contestó y eso fue lo que yo también hice, enviárselo. Feliz.

Pasó el tiempo y, antes de que se fallase el Premio Ateneo, Anabel me envió……siete poemas a elegir: dos para la entrada y uno para cada historia, salvo para la de Blessing, para la que me envió dos. Abrumado, después de leerlos y releerlos, de pedir ayuda porque me gustaban todos, “me apropié” de seis de los siete, utilizando los dos de entrada, uno para la misma y otro como colofón, y cuatro para los diferentes relatos. Sólo tuve que dejar, y con todo el dolor de mi corazón, uno de los de Blessing, porque no se me ocurrió una buena excusa como para que esa historia llevase dos. Todos los poemas han salido publicados en el fantástico poemario de Anabel titulado Lloverá sobre tu nombre, editado por Anantes a finales de 2015, y que me hizo el honor de prologar. No ha habido forma mejor de redondear una obra como Tres mil viajes al sur como ésta, gracias a la inmensa generosidad de Anabel Caride.

Todos los escritores deseamos tener éxito con nuestras obras. Que tengan buena crítica, que se vendan y podamos ganarnos la vida con nuestra creación literaria, que nos hagan crecer. Imaginen cómo me encuentro yo a menos de una semana de que se presente Tres mil viajes al sur. Es muy difícil conseguir el reconocimiento que todos queremos, pero hay otros aspectos que son tan importantes o más que éste, como es el de encontrar en tu camino a personas espléndidas, con la calidad humana y literaria de Anabel Caride. Podrán suceder muchas cosas en mi corta o larga trayectoria literaria, exitosa o fracasada, pero conocer a gente de la talla de Anabel dará por bueno todo lo que venga.

Sirvan estas palabras para agradecer a Anabel que Tres mil viajes al sur sea mejor libro gracias a sus poemas. Que en el mundo haya personas como ella son la prueba de que no podemos perder la esperanza. Gracias.

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TRES MIL VIAJES AL SUR. CARIDAD O JUSTICIA

Poligono surTres mil viajes al sur surge de mi actividad como voluntario en el Polígono Sur de Sevilla, las estigmatizadas Tres mil viviendas. Comencé a ejercer de voluntario a principios de 2006, después de que poco antes de la Navidad diese una charla sobre hipertensión arterial a mujeres del barrio, invitado por mi amiga Julia del Valle. Cuando conocí las instalaciones de la Parroquia Jesús Obrero, encontré muchas similitudes a la Clínica de Philips, un centro de cooperación y docencia que la Universidad estadounidense de Minnesota mantenía en una iglesia episcopaliana que había visitado meses atrás durante una estancia de investigación. Mi pretensión fue repetir aquella grandiosa experiencia, en la que profesores y estudiantes de Medicina, Farmacia, Enfermería y Fisioterapia compartían práctica asistencial tutelada, dirigida a emigrantes ilegales que residían en la ciudad de Minneapolis. Monté una consulta allí a principios de 2006 y allí sigo, a pesar de que la idea de repetir la experiencia fracasó, porque los profesores de la Universidad de Sevilla, y la forma de enseñar una profesión no son, desgraciadamente, iguales.

Una de las primeras personas a las que conocí fue a un antiguo trabajador de una empresa de cerámica de Triana. Padecía de un enfisema pulmonar del que murió poco tiempo después. Apenas pude verlo un par de veces y ni recuerdo su nombre. Lo que sí que no se me olvida era su historia. Carecía de medios para pagar sus tratamientos porque no tenía pensión. Nunca estuvo asegurado, lo supo cuando ya su enfermedad le imposibilitó para trabajar. Durante décadas su tarea se desarrolló dentro de un pozo de fango muchas horas al día. Antes de sumergirse encendía un cigarro, y con la colilla encendía el siguiente, ya que no podía echarse nada en los bolsillos. Aquel obrero que vivió muchos años en un corral de vecinos trianero, que fue desalojado de su casa para trasladarse al sur fue de los primeros que conocí y que me removió las entrañas. Después, he ido conociendo la vida de muchas personas más, como aquella mujer que pedía en las puertas de una iglesia, y  que perdió la custodia de sus hijas de un día para otro y cada día rezaba a su Vaticano, las estampitas de santos que le regalaban las feligresas, para volverlas a ver.

Cuando me preguntan acerca de lo que hago allí muchos me alaban. Cuando les hablo de las causas de la exclusión la mayoría no me contesta, se limitan a escucharme. Y si continúo y trato de hacerles ver el aislamiento que sufren, la necesidad de soterrar el tren y derribar los muros que los encajonan, ya el tema es otro, aparece el escepticismo, el miedo; el estigma.

En esta ciudad gusta mucho hacer caridad, donar ropa que se pasa de moda, hacer un festival para recoger donativos, o, para los más aventureros, realizar safaris solidarios adentrándose en barrios humildes. Hacer cositas y no modificar la realidad, para continuar sintiéndonos bien por lo buenas personas que somos. Cada día que pasa pienso si yo también soy parte del problema, si lo que hago lleva a que algún día pueda haber algún cambio real. Mientras tanto, lo único que puedo hablar es de lo agradecido que me siento por haber conocido a muchas personas que viven más allá de las fronteras del miedo.

Foto tomada de @miPoligonoSur

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿CÓMO SE CONSTRUYÓ?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur surgió como idea la noche en la que se presentó El guacamayo rojo y tuvo título días después, en la habitación de un hotel de Lima donde me hospedaba. Para darle la estructura que tiene, me inspiré en Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, de ahí que a una de las protagonistas la bautizara con el nombre de Alberta, en homenaje al malogrado escritor. Para elaborar la historia realicé una intensa tarea de documentación, algo que es habitual en las obras que he publicado, y sin duda deudora de mi pasado como investigador en ciencias de la salud. Aquel viernes de julio y El guacamayo rojo también se inspiraron en la lectura de referencias bibliográficas y en la entrevista a muchas personas testigos de las épocas en las que se enmarcaban las historias.

Lo primero que hice fue visitar al profesor de la Universidad Pablo de Olavide Francisco José Torres Gutiérrez, que había escrito un libro titulado Segregación urbana y exclusión social en el Polígono Sur, inspirado en sus investigaciones de doctorado. Tuvo la generosidad de regalármelo, lectura imprescindible para entender los procesos sociales y demográficos que explican la situación actual.

Después entrevisté a muchas personas que viven en el Polígono Sur, a las que he conocido en estos diez años largos que llevo ejerciendo como voluntario en el barrio. Escuché muchas historias―tengo unas grabaciones que son joyas―, y también me inspiré en las de otras personas, algunas de ellas ya fallecidas, que durante este tiempo me hablaron de tantas cosas. Al final del libro hay una lista de agradecimientos hacia quienes han sido fuente de inspiración para conformar la obra. Espero que no se me haya olvidado nadie.

Quiero tener un recuerdo muy especial para Mohamdi Freesahara, a quien conocí por medio de la poeta y amiga María Magdalena Blanco Odriozola. Gracias a los dos pude contactar con mujeres que han venido de tierras muy lejanas en un viaje durísimo, muchas de las cuales han tenido que soportar no pocas vejaciones para llegar a Europa, y que todavía lo siguen pasando mal. Con Mohamdi recorrí barrios, semáforos y tiendas para buscar interlocutores que quisieran contarme su travesía. Encontrar a personas como Mohamdi en tu vida, aprender de la madurez de este joven tan comprometido, es una de las mayores fortunas que este libro me puede dar.

Tras la finalización de Tres mil viajes al sur, hemos elaborado un video, que se presentará el 22 de abril, con la ayuda indispensable de mi gran amiga Lourdes Ramírez Mota, y de Benito Herrera. En él han participado muchas mujeres del Polígono Sur y hemos recorrido el barrio de punta a cabo para filmarlo. Me siento muy agradecido por la generosidad de las mujeres, y no menos orgulloso de haber enamorado a Lourdes del barrio. Ojalá muchos más habitantes del otro lado quieran hacer el camino que ha realizado mi amiga, el tres mil un viaje al sur.

Un último párrafo para quienes lean esta entrada al blog y puedan ofrecer trabajo a muchas de estas personas: conocer a esta gente y darles la oportunidad de labrarse un futuro será algo de lo que no te podrás arrepentir. Muchas veces, los mejores son invisibles para la mayoría. Te puedo ayudar a encontrarlos.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿Y TÚ, QUÉ HARÍAS?

2015-06-07 13.30.14Tres mil viajes al sur cuenta cuatro historias de mujeres en su viaje hacia la marginalidad, dentro de los procesos sociales que se dieron en grandes ciudades españolas  en los años 50-70 del siglo pasado, como consecuencia de la despoblación de las zonas rurales y del desahucio sufrido por muchas familias de barrios humildes. Todas fueron confinadas a la periferia, a barrios de autoconstrucción y a los terribles polígonos. Muchos de los que hoy ocupamos barrios residenciales lo hacemos en edificios construidos sobre solares y territorios en los que se dieron estos procesos y, por tanto, somos cómplices en mayor o menor medida de ellos.

En este marco, Tres mil viajes al sur pretende reflexionar sobre las vidas de estas personas y de sus descendientes, deportados al extrarradio y que fueron carne de cañón en los años 80 del siglo pasado para el consumo de drogas y sus consecuencias delictivas, que profundizaron aún más en la brecha social y estigmatización de los habitantes de estos guetos.

Por estos motivos, la gran mayoría de los personajes que son ajenos al barrio donde se desarrolla Tres mil viajes al sur no tienen nombre. No lo tienen la ciudad ni el barrio, ni tampoco los que viven fuera, salvo alguna excepción intencional. Porque lo que sí que es intencional es promover la reflexión ética en los lectores, ayudar a que los que lean sus páginas se pregunten qué harían si ellos fueran algunos de los personajes sin nombre que aparecen a lo largo de las cuatro historias.

¿Qué haría, amigo lector, si usted fuera cooperante de una ONG en ese barrio, si fuera el director de un instituto que debe aceptar o rechazar alguna solicitud, si vive protegido al otro lado del muro que lo separa de ese barrio que rechaza?

Tres mil viajes al sur carece de respuestas a las preguntas formuladas, y pretende huir de cualquier forma de maniqueísmo. No tiene pretensión de adoctrinar, sino de hacer pensar, de que el lector forme parte de la reflexión y que ayude a encontrar las respuestas que buscamos. Por ello, el verdadero final de la historia no está escrito; está fuera de las pastas del libro, y entre todos habremos de culminarlo algún día. En la vida real.

NOSOTRAS

NosotrasDisfruto los días previos a la presentación de Tres mil viajes al sur de la lectura del libro Nosotras. Historias de mujeres del Polígono Sur, gracias a Pilar Vizárraga, presidenta de la Asociación de mujeres gitanas Akherdi, que me lo prestó el día en que nos conocimos. Un libro ya descatalogado, que coordinó el antropólogo Paco Cordero, y que es una joya.

Resulta conmovedora su lectura y frustrante a la vez. En un país acostumbrado a enterrar la memoria de los perdedores, como si éstos no constituyeran parte de esa patria que esos sepultureros dicen defender, conocer la lucha por la vida de las mujeres que llegaron al Polígono Sur, gitanas y payas, me concita ambos sentimientos. Cuánta pobreza,cuánta hambre, cuánto sufrimiento.

Y allí están, allí siguen, tras los muros. Encerradas entre el muro del tren y las vallas de Su Eminencia, entre el muro de Hytasa y las grandes avenidas que las aislan. Cuánto me gustaría que todos aquéllos a los que se les llena la boca con la palabra España cogieran un pico y una pala para derrumbar estas murallas. Mucho me temo que no lo van a hacer. Unas monedas de vez en cuando, o un festival benéfico en el que actúen de monos de circo, será suficiente para limpiar sus conciencias. Cuando éstas son cortitas, con cualquier limosna se quedan como patenas. Y que sigan los muros, para que continúe la fiesta.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿DE QUÉ VA ESTA NOVELA?

PANO_20160330_162719 (1)Tres mil viajes al sur consta de cuatro relatos interdependientes. Aunque cada uno de ellos tiene entidad propia, es en el conjunto donde se completa todo. Que existan cuatro historias diferentes me ha permitido elegir diferentes narradores para cada una de ellas, y diferentes voces narrativas también. La interdependencia se justifica en que son relatos de un mismo barrio marginal, y como en cualquier barrio, marginal o no, las personas suelen conocerse, algunos sólo de vista y otros con más profundidad. Por eso he elegido esa estructura para contar la historia.

Tres mil viajes al sur cuenta la vida de mujeres que viven en los suburbios de una gran ciudad. Aunque no se nombra ni al barrio ni a la ciudad, con las intenciones explícitas de no estigmatizar aún más a los lugares en los que se desarrolla y de globalizar estas circunstancias a muchos otros barrios y ciudades de la denominada civilización (sic) occidental, quedan muy claros los espacios en los que se desarrolla, y mucho más si se trata de textos de mi autoría, en los que los espacios son también protagonistas de la historia: Sevilla en Aquel viernes de julio; São Paulo en El guacamayo rojo.

Como imagino que me volverá a repetir Carmen, una de mis grandes lectoras, en Tres mil viajes al sur continúo con mi idea obsesiva sobre los viajes. Si en Aquel viernes de julio el viaje se realizaba en 1936 a través de los barrios en guerra de la ciudad de Sevilla, y en El guacamayo rojo por la historia de la ciudad de São Paulo a través de la emigración andaluza a Brasil, en las cuatro historias de Tres mil viajes al sur, a pesar de que cada una de ellas el tiempo de la historia se desarrolla en una sola jornada, el tiempo del relato se fundamenta en la analepsis, en el recuerdo del viaje de  cada una de las personas tuvo que hacer y que las llevó a vivir  a la periferia, lejos de su lugar de origen.

Tres mil viajes al sur conjuga diferentes historias de mujeres a las que la situación social y política las ha abocado a ser expulsadas de los lugares en los que nacieron y que persisten, como en cualquier emigración, en sus recuerdos. La idea de la novela surgió con fuerza durante la presentación de El guacamayo rojo. Al día siguiente participaba en un Congreso científico en el Polígono Sur de Sevilla, que recientemente ha tenido el dudoso honor de ostentar la medalla de plata en el escalafón de los barrios más pobres de España, y caí en la cuenta de que había emigraciones tan duras como la que relataba en la novela, y que eran las que se daban dentro de la misma ciudad. Así nació la idea, y días después, en un hotel de Lima, a donde había llegado para impartir unas conferencias, surgió el título.

Para escribir la novela, he entrevistado a muchas personas, a profesores que han estudiado el fenómeno de la marginalidad, a personas que viven en zonas de exclusión social, a vendedores ambulantes de pañuelos de papel en los semáforos, a mujeres víctimas de abusos en los viajes de emigración…. Sus historias  me han conmovido, me han indignado y también me han hecho reír, porque la alegría no se ha perdido en muchas de las personas que menos tienen (dinero).

Tres mil viajes al sur trata de la vida real de gentes que viven cerca de nosotros, aquí y ahora. Seres humanos a los que tenemos arrumbados lejos de nuestra vista, ignorados por nosotros y prisioneros de algunos delincuentes, que encuentran en barrios así el lugar ideal para hacer lo que les plazca sin que nadie les moleste. Tres mil viajes al sur es un grito, una llamada de atención a una sociedad que no tiene mucho margen ya para seguir con este ritmo de vida que produce tanta infelicidad. Y también es una invocación a la esperanza, a que está en nuestra mano derribar muros, enterrar miedos y comenzar a crear un mundo diferente. Sí, se puede; claro que se puede.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿POR QUÉ EN SAN BERNARDO?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur cuenta la historia de cuatro mujeres que residen en un barrio marginal de una gran ciudad, lugar al que llegaron tras la expulsión de sus familias de los antiguos lugares en los que vivían para, a cambio de la concesión de una nueva vivienda en el extrarradio, liberar solares en los que construir edificios para las emergentes clases medias o altas que surgieron en los años 70 del siglo pasado en España.

La novela la ideo durante la presentación de la anterior, El guacamayo rojo, que trataba la emigración andaluza en Brasil a través de tres generaciones. Al día siguiente iba a participar en unas jornadas científicas en el Polígono Sur, donde trabajo como voluntario desde principios de 2006, y caí en la cuenta, esa idea tan potente que un escritor la transforma en una historia que merezca ser contada, de que hay emigraciones mucho tan duras como la anterior, o quizás mucho más, como la resultante de ser expulsado de tu barrio para enviarte a otro lugar alejado, y que quienes provocan eso aprovechen para enriquecerse, todo bajo el manto de una caridad que en realidad sólo esconde injusticia.

Las cuatro historias de Tres mil viajes al sur suceden en un solo día cada una de ella, en una estación diferente del año, pero se nutren de un viaje, el que realizan hasta llegar a esa prisión de muros invisibles, alejada de todo, para que nada incomode al resto de los habitantes de la ciudad. Aunque no se menciona ni el barrio ni la ciudad en el libro, es obvio que son Sevilla y su Polígono Sur los espacios en los que se desenvuelven los personajes, al igual que San Bernardo o Triana son dos de los barrios de expulsión. De ahí que, teniendo la firme idea de presentar el libro en un lugar emblemático y significativo, las posibilidades eran estos dos barrios y el Polígono Sur.

A través de relaciones familiares llegué a contactar con la Hermandad de San Bernardo, cuya Casa de Hermandad goza de un espacio amplio para poder realizar la presentación y, tras una conversación con el Teniente de Hermano Mayor, encuentro una disposición total y absoluta para desarrollar el acto en esa antigua casa de vecinos reformada que es su sede.

Las Hermandades de la Semana Santa sevillana son de las pocas organizaciones que articulan la ciudad y que conservan como pocas las huellas de su historia. La Hermandad de San Bernardo, tras la de la Macarena, es la que mayor número de hermanos tiene, también la segunda en nazarenos de todas las fiestas. San Bernardo fue un arrabal de los más pobres de la ciudad y hoy es un barrio selecto y apacible en el que adquirir una vivienda, construida sobre los solares de aquellos corrales y casas de vecinos, es inasequible para la mayoría de los sevillanos. La nómina de hermanos de San Bernardo vive en la diáspora, en los polígonos del extrarradio, en los suburbios de la ciudad. Donde ahora viven una, dos familias, antes lo hacían decenas y decenas de ellas. Éstas y sus descendientes constituyen la Hermandad, y cada Miércoles Santo, día de salida en estación de penitencia hacia la Catedral, se produce uno de los fenómenos más emocionantes y menos conocidos de toda la Semana Santa: el regreso del éxodo, del exilio. Eso me contaron en la Hermandad y eso pude presenciar el último Miércoles Santo. Aquellas familias, sus descendientes en primera y segunda generación, vuelven a ver pasar la cofradía desde las puertas de las que fueron sus casas. Hasta allí llevan sus sillas, su comida, para ver pasar a su Cristo de la Salud y a su Virgen del Refugio. Y allí se quedan después, vestidos con sus mejores ropas, que denotan su éxito en la vida o su persistir en la pobreza aún, pero todos juntos, abrazados, entre risas, orgullosos de pertenecer a un barrio del que no reniegan, a pesar de haber sido expulsados. Cada año faltan más mayores, pero sus herederos persisten en esa tradición, el único hilo conductor con el barrio que les hemos permitido conservar.

Por eso me siento orgulloso y agradecido a poder presentar Tres mil viajes al sur en un espacio tan significativo. Voy a ir, acompañado de gentes del Polígono Sur, a uno de los pocos lugares que conservan su memoria. Y entraré allí con emoción y respeto, con la emoción y el respeto que me produce el sufrimiento de tantas personas que hoy, cincuenta años después, continúa, para vergüenza nuestra.