HISTORIAS DE ALLÍ

2014-04-30 17.57.56En estos días he comenzado a entrevistar a mujeres de un barrio deprimido de mi ciudad. Llevo dándole vueltas a un asunto que ojalá fuese el eje central de una próxima novela. Voy dando como palos de ciego en busca de la historia, tratando de que alguna de ellas me dé las claves de lo que en realidad quiero contar.
El barrio es un lugar al que poca gente quiere entrar y del que muchos quieren salir. Aislado del mundo, en una especie de vacuola poco permeable, este suburbio de mi ciudad en el que el desempleo llega hasta a niveles del 70 %, no deja de sorprenderme.
Viven allí personas a las que alguna vez les dieron un pisito. Venían de corrales y casas de vecinos, de chabolas y toldos en descampados, que ocupaban terrenos de interés inmobiliario. Vivían en casa con pozos ciegos, con bombas de agua en los patios. Hijas de lateros, de afiladores, de gitanos encarcelados, lavaban de niñas la ropa en casa de un policía, trabajaban de internas en casas bien de la ciudad.
Una de ellas me dijo que no sabía dónde vino al mundo:

Yo no nací en ningún sitio,
porque los gitanos siempre íbamos de un lado para otro.

Otra era hija de un gitano de familia con dinerito y una paya, pero que se quedaron sin nada por el dichoso casamiento. También había a quien le crió su abuela porque sus padres estaban presos por la política. Por la política de unos civiles que no podían ver a los gitanos y tenían el régimen y la excusa perfecta para ponerlos entre rejas.
Hoy sus hijos son electricistas, albañiles, camareros. Muchos están parados y han vuelto a las casas de sus padres y sus abuelos, a los pisitos que les dio Franco allá por los años 70 del siglo pasado, los socialistas veinte años más tarde, para que abandonasen sus barrios de origen y otros se enriqueciesen haciendo pasar la piqueta por aquellas casas viejas y erigiendo altares de ocho o más plantas al Dios especulación, el único Dios en el que esos otros creen.
Aquellos niños que hoy son adultos sin trabajo jugaban en descampados junto a las tapias del cementerio. Alguno se trajo a su casa la dentadura, o el brazo de alguno de los muertos cuyo nicho había caducado, cuyos restos eran arrojados por los sepultureros al otro lado de las cercas del camposanto.
A muchas de ellas sus maridos no les dieron buena vida. Como aquel que bebía y se iba de putas cada vez que le daba la gana, u otro al que su mujer le tiró la freidora con aceite caliente para evitar que le pegara.
A pesar de todo, la mayoría coincide en que lo mejor del barrio son sus vecinos. Contrariamente a lo que los de fuera pensamos, se llevan muy bien con sus vecinos, con los de su plazoleta.
La plazoleta ha sustituido al corral antiguo. Se sientan a charlas en los portales y conservan tradiciones de cuando vivían en los corrales de Triana o San Bernardo, como celebrar las cruces de Mayo, aunque quizás hayan sustituido la del Santísimo por Halloween. Aunque quizás los móviles hayan sustituido a otros juegos infantiles y ya no jueguen las niñas a la comba ni se les escuche cantar aquello de:

Viva la media naranja,
viva la naranja entera.
Vivan los guardias civiles
que van por la carretera…

Su aislamiento geográfico, al final de la ciudad, incomunicado por unas vías del tren que el Ayuntamiento socialista dejó como único lugar sin soterrar de toda la ciudad, hizo del barrio un lugar excepcional para cobijo de delincuentes, esos que tendrían que marcharse si algún día los de aquí dejásemos de cercar a los de allí. Porque parece que nunca vamos a permitir que deje de haber un aquí y un allí.
Quién quiere un cambio, a quién le preocupa. Por eso la única solución que algunos habitantes solo es esta:

Yo le pido a Dios que me toque la lotería,
para poder comprarme un pisito y volver a mi barrio.

Así escribimos la historia de esta ciudad del último siglo. Todos jugamos al trile. Los ricos, al trile de la especulación inmobiliaria; los pobres, al trile con los dados en la calle Sierpes si no vienen los guardias. Y los de en medio, acarajotados, continuamos mirando al cubilete que nos han presentado los que han dirigido con democracia o sin ella, que han hablado en nombre de muchos, pero que al final siempre han beneficiado a los mismos.
Por eso me quedo siempre con ellas, aunque la historia de exclusión les esté comenzando a robar lo que nunca creyeron que iban a perder: los recuerdos.

EL AGUJERO

PASTADENTALHace unos años una multinacional de productos de limpieza, entre los que incluía los propios de nuestra higiene dental, promovió un concurso de ideas entre sus trabajadores para incrementar las ventas de su pasta dentífrica, famosa por combatir el mal aliento. Como siempre, esta gente nunca tiene bastante, siempre quiere más y todo le parece poco. Y se pusieron manos a la obra.

Tras arduas comeduras de coco se conoció el desenlace. La idea ganadora no fue una enrevesada estrategia de marketing, ni tampoco un poderoso anuncio publicitario como los que solían hacer; fue algo mucho más simple lo que recomendó uno de los empleados: hagan ustedes el agujero del tubo más grande.

Cada vez que me afeito y ha salido más espuma por el agujero de la que necesitaba me acuerdo de la persona a la que se le ocurrió aquella genial idea, quien a estas alturas es más que probable que ya haya sucumbido a algún expediente de regulación de empleo y esté hoy prejubilada, o simplemente en paro. Hace ya algunos años de esto, y de todos es sabido que las multinacionales no son agradecidas y tienen mala memoria, y en época de recortes, o en cualquier otra, no les tiembla el pulso para sacar la motosierra y amputar al personal que haya a partir de una determinada edad, y así someterse a una cura de adelgazamiento que engorde la cuenta de resultados. Luego se guarda la motosierra un tiempo hasta que el amputador pasa a ser el amputado y se continúa el ciclo bíblico del ojo por ojo. Perdón por la divagación.

Cuando se ve la política realizada en estos últimos años en los países occidentales en general y en España en particular, podemos darnos cuenta de cuánto se copió la genial idea de este empleado. El crecimiento ficticio de estos años se basó en dos estrategias fundamentales:

  1. Hacer más gordo el agujero del tubo (consumo, consumo, consumo)
  2. El juego de la escoba

Estas avanzadísimas teorías económicas acabaron como ya se sabe. Nos dieron por el tubo, porque el dichoso tubo se vació y la música del juego de la escoba se apagó. Obviamente esto pasó cuando los países PIGS teníamos la escoba, y también con el cogedor de mierda hasta arriba, mierda compuesta esencialmente de ladrillos de gafas, cemento y hormigón.

Llama la atención que las políticas de futuro pasen por abrir más el agujero de la pasta de dientes, y continuar cepillándose trabajadores, mientras los DJ (diyéi en moderno) de la troika y la banca mundial se preparan para poner un nuevo disco y de paso, cambiarle el cepillo a la escoba.

UN EURO POR RECETA: UNA FILOSOFÍA DE SANIDAD Y DE ESTADO

Publicado en Diario de Sevilla 9/noviembre/2012

En una demostración de las muchas similitudes que tienen los gobiernos conservadores españolistas y catalanistas, el Partido Popular que gobierna en la Comunidad de Madrid, ha decidido copiar la medida impuesta hace meses por Convergencia i Unió en la Generalitat de Catalunya, de imponer a los usuarios de la Sanidad pública el pago de un euro por receta. Según el nuevo presidente de los madrileños Ignacio González, se trata de medida disuasoria y no recaudatoria, aunque prevean el ahorro de 83 millones de euros para las arcas. Hasta ahora, nadie ha relacionado estos ingresos con las deducciones fiscales que supondría el proyecto Eurovegas en Madrid, que la Plataforma “Eurovegas no” estima, entre deducciones y ahorro de IBI, de 905 millones de euros en diez años.

El euro por receta, más allá de otras consideraciones y conjeturas, introduce, al igual que el copago/repago, una penalización por enfermedad, que incide, una vez más, como otras medidas que ha impuesto el Partido Popular, sobre las capas más desfavorecidas de la sociedad, que son además las que padecen más la enfermedad.

Penalizar la enfermedad es una carga de profundidad contra una sanidad no exenta de muchas deficiencias, pero que había supuesto una conquista social que ahora está en peligro. Que un Estado decida tener un sistema sanitario público, universal y gratuito, significa un acuerdo, por el que los ciudadanos asumen que ninguno de los que constituyen esta comunidad va a dejar de tener acceso a la salud, con independencia de su condición económica o social. Esto es una decisión política, de protección de unos a otros frente a la enfermedad, y que nace como consecuencia de que el derecho a la salud se convierta en un aspecto esencial de la carta de los Derechos Humanos. Pero además, se ha visto que hacerlo desde una atención primaria fuerte, en la que el medicamento es uno de los recursos terapéuticos básicos, es mucho más barato y eficiente. El medicamento es el recurso terapéutico más económico para abordar la enfermedad, y si se utiliza de forma adecuada, evita ingresos hospitalarios, utilización de dispositivos sanitarios mucho más costosos y costes sociales enormes, como las bajas laborales o jubilaciones anticipadas por enfermedad. Que existen medicamentos, financiados por el Estado y de más que dudosa utilidad terapéutica, está fuera de toda duda, y por ahí, en cuanto a una política racional de financiación de medicamentos, podría haber mejoras sustanciales de eficiencia. Pero una vez más, como con el tema de los desahucios por impagos hipotecarios, el gobierno ha decidido ponerse del lado de las grandes empresas, en lugar del de los ciudadanos que los auparon al poder.

Introducir esta tasa al consumo es un ataque frontal a la Salud Pública y supone continuar en la senda de sustituir un sistema sanitario público y universal, financiado a través de los impuestos, por un modelo similar al de los seguros privados, en la línea de los nuevos hospitales de Madrid y Castilla La Mancha, de gestión privada pero integrados en el sistema público, en el que el Estado pasa de ser garante a cliente. El resultado sin duda será el de tener que aumentar el porcentaje del PIB dedicado a sanidad, lo que se venderá como un avance, cuando en realidad constituye un derroche del que se resentirán otras políticas sociales necesitadas de financiación. Porque si el sistema sanitario español ha dedicado menos porcentaje de PIB a sanidad lo ha sido por su calidad y eficiencia y no por racanería. Y lo que necesita un sistema sanitario como el español es invertir más en recursos humanos, modernizar más su modelo de atención sanitaria, atendiendo a la complejidad que supone el abordaje de los pacientes crónicos y polimedicados, que son los que implican mayor necesidad de recursos a emplear.

Insistir en este tipo de medidas no significa únicamente castigar al que más necesita y menos puede pagar, con las consecuencias sobre el bolsillo de todos que esto implica. Significa también no abordar de frente el tema de la financiación pública de medicamentos. Significa dar la espalda a la opinión de los profesionales implicados, que conocen muy bien el problema, puesto que lo sufren a diario junto a los pacientes. Significa, en definitiva, un modelo de gobernar a espaldas de los ciudadanos y a favor de medidas cortoplacistas y de los grandes poderes económicos. Una forma de hacer las cosas en las que se culpabiliza al ciudadano y sus abusos de la crisis de este país. Mientras tanto, después de que muchos pierdan sus casas, sus trabajos y sus empresas, el Estado financia y rescata con dinero público, español o europeo, las malas prácticas empresariales privadas que nos han llevado hasta aquí.

Un Estado que castiga a los más débiles supone un retroceso social que nos lleva a tiempos pasados, y en esto perdemos todos. Por ello no es casualidad que haya quien discuta precisamente eso, la conformación del propio Estado y se evidencie la necesidad de acercar los órganos de decisión a los ciudadanos. Con el peligro emergente de que, al igual que algunos tratan de romper lo conseguido en lugar de reformarlo, se está alimentando a que otros traten de hacer lo propio con el modelo democrático de convivencia, que tanto tiempo y de manera tan imperfecta, hemos tardado en conseguir.

A TRES EUROS LA UNIDAD

La implantación de servicios de Atención Farmacéutica en España ha sido hasta ahora, un fracaso. Reconocerlo no debe hacer sentirnos mal, sino que nos debe convencer es de que lo que hay que hacer, es cambiar de estrategia.

Analicemos la que ha sido hasta ahora la estrategia que se ha desarrollado, en mi opinión:

  1. Política de implantación: inexistente, o cuando menos, absolutamente irreal. Se ha limitado a apelar, no a la voluntad de farmacéuticos comunitarios, sino a su mala conciencia para conseguir que algo tan complejo y de tan elevada responsabilidad sea la salvación de un sistema de acceso a medicamentos obsoleto. Como consecuencia de esto, la implantación de la Atención farmacéutica en España se parece a un desierto, y los lugares donde se ejerce son como cactus de ese desierto (por lo que pinchan y molestan a quienes forman parte de esa duna infinita y estéril que es la profesión).
  2. Política de formación: inexistente, o cuando menos, absolutamente irreal (bis). Aquí ha enseñado a hacer Atención Farmacéutica cualquiera que tuviera un power point sobre algo que se le pareciera. Se ha llamado Atención Farmacéutica al horario de apertura de farmacias, a actividades como la dispensación de medicamentos (la dispensación activa es la nueva denominación de la venta cruzada de marketing), el fomento del cumplimiento terapéutico de lo prescrito por otros (aunque fuese una barbaridad). Cualquier curso que no llevase  (o lleve) al principio de su denominación las dos palabras otrora mágicas y hoy cansinas, de Atención Farmacéutica, no servía para nada. Aunque fuese Atención Farmacéutica en Veterinaria, para poner pendientes o aretes (recuerdo cómo el presidente dela Sociedad Brasileñade Farmacia Comunitaria defendía con orgullo, el logro de haber conseguido la exclusividad para los farmacéuticos de poner ese tipo de adornos). Como consecuencia,la Atención Farmacéuticaha asumido la esencia de la profesión farmacéutica, que lo mismo sirve para un roto que para un descosido, que es todo y nada a la vez, y que más que vacía de contenido, lo que está es contenida de vacío.
  3. Política (a secas): inexistente, o cuando menos, absolutamente irreal (bis, bis). Ni hacia dentro ni hacia fuera. Porque hacia fuera de la profesión nadie ha entendidola Atención Farmacéutica, y eso es prueba irrefutable de que quienes de verdad no la han entendido es quienes se han arrogado la facultad de explicar lo que era. Y hacia dentro tampoco ha ido mucho mejor. Porque se ha confundido (y cuando la confusión dura tanto hay que concluir que es intencionada) una nueva práctica profesional innovadora, que trata de disminuir la morbi- mortalidad que ocasionan los medicamentos, con una limpieza de cutis, de un cutis envejecido y reseco que precisa una transformación real, que solo tiene sentido si se basa en ofrecer respuestas necesarias a problemas reales dela sociedad. Sehan instaurado políticas de consenso, que pactan unos cuantos, por decreto, y se castiga a la hoguera del silencio a quienes disienten, difieren o simplemente no se tragan el anzuelo. Como consecuencia, nadie toma en serio a los farmacéuticos. Y peor aún, los políticos, que oyen campanas, encargan a otros profesionales algo de lo que han oído. El resultado es un pastiche al que le llaman seguimiento farmacoterapéutico, que realiza el personal de enfermería, que no resuelve nada, pero que aumenta la confusión y el desánimo, sin resolver nada.

 

A pesar de todo, la población necesita un profesional que evalúe todas las necesidades farmacoterapéuticas de los pacientes; que identifique problemas que tienen su origen en la farmacoterapia del paciente y su forma de utilizarla, o que puede resolverse con algún medicamento; y que se desarrolle planes de cuidados tendentes a resolver los problemas detectados de acuerdo a la experiencia del paciente.

A pesar de todo, no se puede poner puertas al campo y quienes tratan de silenciar la verdad, no podrán resistir el empuje de la razón.

A pesar de todo, el cambio sigue estando en las manos de los farmacéuticos. Basta con asumir y aprender de los errores para encarar el futuro. Lamerse las heridas, apretar los dientes y mirar hacia delante. Es posible convencer a políticos, profesionales de la salud y a los propios farmacéuticos de que las cosas pueden hacerse de otra manera.

Nadie nos va a echar cuenta, salvo nosotros mismos. Montar una Unidad Experimental que nos permita vislumbrar el futuro, se podría hacer en España si cada farmacia pusiese tres euros al año (veinticinco céntimos al mes). Serían más de sesenta mil euros al año para implantar un servicio, y conocer sus beneficios y diseñar un modelo docente y de prestación de servicios. Si quisiésemos implantar uno por Comunidad Autónoma, quizás hubiera que poner cuatro euros al mes (unos cincuenta euros al año).

Quizás esté llegando el momento de que la profesión agarre el toro por los cuernos y decida si quiere este futuro para sí. Si a alguien convence esta idea, que la mueva.

¿PARA QUIÉN ES LA ATENCIÓN FARMACÉUTICA?

Ayer día 29 hice un post un tanto polémico, que produjo tuiteos y retuiteos, y alguna discusión en facebook, para explicar lo que quería decir. Creo que a muchas personas les condicionó el título, aunque otras simplemente no estaban de acuerdo con lo que exponía. Agradezco mucho todos los mensajes, que siempre fueron respetuosos y argumentados. Si exponer ideas libera, recibir críticas no es menos positivo, ya que permite aprender de la controversia, para afirmarse o rectificar.

Como consecuencia de estas aportaciones, se me ocurrió no retrasar mucho un nuevo post. Aunque este no trate de rebatir ideas suscitadas ayer, sí que se me ocurrió a partir de las opiniones que recibí.

Porque lo que me pregunto y trato de responderme a través de estas palabras, es la cuestión de para quién es la atención farmacéutica. Puede parecer que la respuesta es sencilla, pero creo que nuestras actuaciones no lo dejan tan claro.

Cuando los farmacéuticos comunitarios hablamos de la atención farmacéutica, lo hacemos como de algo nuestro, algo que tenemos que hacer. Algo que hay que hacer para que sobreviva la profesión, para reforzar nuestro papel ante la sociedad, para salvar un modelo, que se hará cuando nos lo demanden y exijan o que hay que hacer ya y adelantarse a los tiempos. Muchos ven que es el clavo ardiendo al que agarrarse para evitar las llamas del infierno, que son las que han calentado el clavo y están muy cerca. ¿Es la atención farmacéutica únicamente nuestra?

Cuando otros farmacéuticos hablan de la atención farmacéutica — de atención primaria, hospitalarios —, lo hacen de algo que les gustaría hacer, pero que si alguien debe ejercer, es el farmacéutico comunitario, pero que desgraciadamente está más cerca de la gestión del producto — por cierto, ¿de qué vive? — que de lo sanitario — ¿qué le reconocen? —. Y por supuesto, se reconoce que es un profesional infrautilizado, con un potencial enorme por ser el profesional de más proximidad a la población, y que debería despertar a este mundo. ¿No es la atención farmacéutica también de ellos?

Si los que hablan son los profesores de las Facultades de Farmacia, mejor no escucharlos, y perdonarlos porque no saben lo que hacen. Los pobres están en su mundo. En ese mundo que sostenemos entre todos y que no da respuestas a las necesidades de la sociedad en materia de farmacéuticos, que ignoran las leyes y los cometidos que tienen que cumplir los que salen de sus aulas, como si no fuera cosa de ellos. ¿Pero quién le pone el cascabel a ese gato? Es mejor tomarla con los comunitarios, claro está.

Y si se habla con los políticos, más de lo mismo. El farmacéutico debería hacer, tiene un papel indispensable, es pieza clave, etc, etc. Y ven la atención farmacéutica como algo que deberían hacer si se lo propusieran en serio. ¿Tú no eres responsable de la salud de los pacientes, o solo para salir en la tele cuando se hace un trasplante óctuple?

En resumidas cuentas, unos y otros miran hacia el farmacéutico comunitario, como si no les fuera nada en ello. Menos el profe universitario, que le están cambiando el pañal y ahora no puede sacarlo su cuidador. ¿Nene, tú qué dices de la atención farmacéutica?

¿Y nadie mira al paciente? ¿Nadie ve las profesiones como producto de las necesidades de la sociedad para resolver problemas concretos que tiene, y que cambian conforme dicha sociedad evoluciona?

No sé si será suficiente, pero la atención farmacéutica no será una realidad hasta que todos orientemos nuestra mirada hacia los pacientes. Mientras se vea como algo gremialista, esto no tendrá futuro. Y en este escenario, los únicos que ganan con el fracaso son aquellos que viven de que la atención farmacéutica en España sea eso precisamente. Porque ya se sabe que a río revuelto, ganancia de pescadores.

Las Facultades de Farmacia tendrán que formar servidores de la sociedad en materia de medicamentos, en lugar de aprendices de todo y maestros de nada con derecho a margen comercial.

Los políticos tendrán que mojarse y tomar decisiones, para que el derecho a la salud, en lo que respecta a los medicamentos, quede garantizado. Y no como hoy, que falta voluntad política para profundizar en ello y se espera a que otros muevan pieza.

Los profesionales también tendrán que dejar de mirarse al ombligo y exigir, en nombre de los pacientes, que la atención farmacéutica sea una realidad. Porque el fracaso de que la atención farmacéutica no exista, no es solo de los farmacéuticos comunitarios; es de todos, profesionales de todo ámbito, docentes y políticos. Porque quienes mueren y sufren son aquellos a los que nos debemos, y de los que nos acordamos muy poco, salvo de palabra.

Levantemosla mirada. Miremosmás allá de nuestros zapatos. La sociedad necesita de los farmacéuticos. Y eso es responsabilidad de todos. Al clavo ardiendo, el farmacéutico se agarró asido de una soga a la que van mucha más gente agarrada de la que se cree.

A FAVOR DE LAS SUBASTAS DE MEDICAMENTOS Y DE OTRAS COSAS

Recientemente, el gobierno regional de Andalucía ha iniciado un proceso, pionero en España, por el que algunos e los medicamentos más utilizados en la atención primaria, salgan a concurso público, para pagar el menor precio posible por la prestación farmacéutica. Algo razonable y legítimo para la Administración sanitaria que, no se olvide, es la que representa el interés de toda una sociedad, que un día decidió que el Estado debería ser el garante de nuestro derecho ala salud. Estoes necesario recordarlo de vez en cuando, porque hay otros lugares en los que el derecho a la salud lo gestionan en nombre del Estado, entidades privadas, con lo que ese derecho se difumina en prestaciones variables, y el derecho se transfigura en una cuenta de pérdidas y ganancias.

Las subastas han levantado ampollas y sarpullidos de todos colores en el ámbito de la farmacia comunitaria, cuyos honorarios vienen de un margen comercial del precio de los medicamentos. A igualdad de margen y menor precio, menos ganancias y mayor deterioro económico en el sector.

Por tanto, parece entrar en colisión el derecho de una sociedad entera, a pagar menos por sus medicamentos, con el de un gremio que queda en medio del que fabrica y el que paga. No creo que haya ninguna duda sobre quién saldrá vencedor en un combate tan desigual.

Muchos farmacéuticos han hablado de hacer boicots a los laboratorios que han entrado en los concursos. En mi ya larga trayectoria profesional, recuerdo muchos boicots, a fabricantes de dietética infantil que salieron del canal farmacéutico, a empresas de productos cosméticos, a los que abandonaron registros de medicamentos para hacerse complementos dietéticos y salir del sector, a…., a….Hacer lo mismo ante problemas similares solo puede llevar a obtener resultados semejantes, digan las vísceras lo que digan.

La vida que le queda a un sector que va en contra de los intereses de la sociedad tiene que ser muy corta, si no se hace algo urgente. Al menos, tan urgente como el deterioro al que se ha visto sometido. Y este deterioro es de tipo “bola de nieve”. El tamaño de la bola en la actualidad es relativo: depende de cómo se mire.

En cuanto a las posibles soluciones, además de la rapidez y urgencia con la que deban ser acometidas, hay que evaluarlas también en función de la profundidad de las mismas y el beneficio a la sociedad que aportan. Pero lo que está claro, es que todas tienen que enfocarse hacia cuánto de útiles son parala sociedad. ElEstadoya sabe su camino: recortar precios por diversas vías. Sin embargo, lo que hay que ver es qué es lo que puede aportar el gremio.

Las soluciones que aporta el gremio hasta ahora distan mucho de ser revolucionarias. En medio de un infantilismo llorón, colegios profesionales y alguna que otra sociedad científica, o hablan del importante sacrificio económico que ha hecho la profesión farmacéutica en estos años, que es tan cierto como su aversión a cambiar, o hacen proyectos científicos para demostrar el valor de lo que ya hacen, quizás para demostrar que es injusto que la sociedad no nos quiera, y que hacemos muchas cosas. Una nueva versión de inmovilismo….pero esta, mucho más científica, faltaría más.

No niego los sacrificios, ni niego el valor de lo que se hace; lo que no acepto es que lo que se hace no tenga que cambiar, y que si no se cambia, no haya que asumir sacrificios.

La sociedad es algo vivo, que evoluciona incansablemente. Lo que hoy es un hito histórico, mañana se convierte en una rutina y en un derecho adquirido. Si Fleming hizo historia descubriendo la penicilina, este y muchos antibióticos se convirtieron en medicamentos de uso rutinario — quizás demasiado rutinario — y hoy es impensable en nuestra sociedad, que no en otras, poder acceder a ellos.

El gremio farmacéutico se desangra poco a poco por su empecinamiento en mirarse su ombligo y en lamerse sus heridas, por ponerse en frente de una sociedad a la que dice servir, pero a la que niega que le puede servir mejor. Se insiste en seguir haciendo lo que ya está superado, en demostrar que lo que se hace es bueno, y se resiste a afrontar que hoy la sociedad necesita otras cosas de los farmacéuticos.

Si los farmacéuticos comunitarios quieren seguir existiendo deben cambiar de bando. Y el único bando seguro para una profesión es estar al lado de las necesidades y el sufrimiento de la sociedad, dando respuestas actuales a problemas actuales. Es cierto que ese bando es cambiante, pero es el único seguro para estar en la realidad.

Por esto estoy a favor de las subastas de medicamentos, pero también a favor de un cambio radical en la profesión farmacéutica, que debe abordar el problema de la elevada morbi- mortalidad asociada a medicamentos, para la que tiene respuestas, pero para la que todavía le falta una buena dosis de valentía.

POR NO EJERCER LA ATENCIÓN FARMACÉUTICA TE SACARÁN LAS MUELAS

Manuel, por ponerle un nombre diferente del que sus padres le dieron y proteger su intimidad, es un paciente esquizofrénico que acude a nuestra farmacia desde hace años. Vive solo y su historia con la enfermedad surge tras una relación matrimonial tormentosa con su ex mujer, a la que un mal día agredió cuando apareció la enfermedad con la que convive desde que su familia le abandonó.

A pesar de su historia pasada, Manuel es un hombre pacífico. Es obvio que la medicación que tiene colabora mucho en ello, y sus obsesiones, repeticiones y manera de ser hacen que todo el que lo trata, y no me refiero a lo terapéutico, quiera salir del paso cuanto antes y quitárselo de encima. Por eso, cuando en pleno invierno nos contaba que tenía siempre mucho frío, que en su casa estaba helado y no paraba de dar tiritones, con la mandíbula rígida por el frío, imaginábamos, al menos yo, esa casa de hombre descuidado, por hombre y por esquizofrénico, con algún cristal roto, o ventanas abiertas o cualquier cosa que pudiera culpabilizarlo, a él o a la nueva compañera que sustituyó a su esposa, que se llama Esquizofrenia.

La mandíbula le dolía mucho, la dentadura estaba muy rígida y se le clavaban los dientes, su presión arterial y frecuencia de pulso se disparaban — “Esos son tus nervios, Manuel, que no te dejan tranquilo” — y su médico de familia lo derivó a Odontología, donde le estaban sacando las piezas dentales poco a poco.

Un buen día, a raíz de otro caso interesante, se me encendió la bombilla, y pensé que su medicación podía explicar muchas cosas. Lo comenté con el equipo que me acompaña ahora en este valle de lágrimas profesionales que atiende por Atención Farmacéutica, con el estudiante colombiano Luis y la profesora brasileña Patricia, y nos pusimos a estudiar lo que le estaba pasando. Después de mucho estudio y discusión, encontramos que la mirtazapina que tomaba estaba a dosis máximas, y que podría estar causando un síndrome serotonérgico, que se estaba manifestando con bruxismo, rigidez mandibular, taquicardia e hipertensión. Aprovechamos la visita que tenía a su psiquiatra para enviar un informe, que fue muy bien venido, y se sustituyó su medicación antipsicótica por mianserina, y se aumentó la dosis de alprazolam de liberación retardada a nueve miligramos diarios, para desintoxicar de serotonina.

Hoy Manuel tiene la presión arterial controlada, su frecuencia de pulso razonable, ha desaparecido el bruxismo, la rigidez mandibular y, en los días más duros del invierno, su frío.

Lo que no han vuelto, y ya no volverán, son las muelas de Manuel. Si todos los que estamos involucrados en el cuidado de Manuel, hubiésemos estado más atentos a su problema, sin arrojarle nuestros prejuicios, Manuel tendría su dentadura indemne. Pero no ha sido así. Manuel está sin muelas (alguna queda, no obstante) y yo acabo de enviar una tarjeta amarilla a Farmacovigilancia, y probablemente redactaré un artículo científico con su caso, que engordará mi prestigio profesional y quizás mi vanidad. Eso sí, nadie me sacará las muelas por no haber actuado antes.

Reflexionando sobre este caso, pensé en la profesión farmacéutica que da la espalda a esta nueva práctica profesional en todos sus estamentos, desde el docente al investigador, pasando por la práctica ausencia de una práctica real relevante. A nosotros también nos sacarán las muelas como colectivo, y nos quedaremos para sopitas y comida bien batida, porque envejecimos como profesión y no supimos rejuvenecerla con nuevos impulsos.

Pero también a la atención sanitaria pública, que está sorda y ciega a los profesionales que aportan nuevas prácticas para beneficio de la población y de las arcas públicas, que está llena de prejuicios ante lo que no venga de los médicos y su medicina obsoleta y medicalizada, también a ella le están sacando las muelas. Y el dinero, porque su avejentamiento y pérdida de norte lo aprovechan algunos para sacarle el dinero de la cartilla.

Una pena para todos, salvo para los protésicos dentales de toda índole que se llenan los bolsillos en tiempos de crisis, por la cobardía de todos.

LA ATENCIÓN SANITARIA. BUENA, MEJORABLE

 

Existe un consenso general de que la atención sanitaria en España es de elevada calidad y que goza de un alto grado de satisfacción dentro de los usuarios. Este hecho se debe a varios aspectos fundamentales que lo caracterizan:

  • Universalidad: todos los ciudadanos quedan dentro del sistema, lo que permite generar políticas de promoción a la salud sin que nadie quede fuera, lo que protege a los más desfavorecidos y, por lo que esto implica en la salud pública, también genera protección a los que tienen más recursos. Por tanto, la universalidad de la atención a la salud no solo protege a quien menos tiene, sino también a quien tiene más y podría costearse otro tipo de atención sanitaria, que además le sería perjudicial.
  • Financiación del tratamiento farmacológico: existen estudios que demuestran que en los países en los que existe financiación de los tratamientos se obtienen mejores resultados que si tienen que pagarse por los ciudadanos. Sin embargo, uno de los puntos clave a reflexionar es qué tratamientos financiar y si un porcentaje igual para todos los trabajadores activos, sin discriminación por la renta, es la mejor forma de realizar la financiación parcial que ahora se hace.
  • Formación de los profesionales: se han hecho muchos progresos en los últimos años por que los profesionales de la salud mejoren su formación y lo hagan de una forma independiente de los intereses de compañías privadas.

 

A pesar de la buena imagen del sistema sanitario, la crisis de estos años está creando una imagen de escaso control del gasto y de insostenibilidad, que no se corresponde con la realidad, y que esconde la utilización política de algo tan sensible como la salud, ofreciéndose la financiación de servicios y tratamientos como armas electoralistas y que están distorsionando la equidad y la prestación de servicios básicos de salud, como es el acceso a los profesionales y a los medicamentos.

El gasto sanitario público español es el 9,5 % del PIB a sanidad, inferior a los países de nuestro entorno, como Francia (11,8), Alemania (11,6), Portugal (10,1) o Reino Unido (9,8).

El presupuesto sanitario en Andalucía para 2012 será de 1174,43 € por habitante, y se encuentra por debajo de la media española en 36,38 €, siendo 383,35 € inferior al de la Comunidad que más invierte en salud, que es el País Vasco.

 

 

MAYOR INVERSIÓN EN SALUD

Es necesario invertir más en Sanidad para equipararnos a los países de nuestro entorno, y para ello el aumento de la presión fiscal y la lucha contra el fraude pueden ser vías de financiación.

El copago no puede ser una vía de financiación sanitaria. La sanidad es universal y pública, pero no gratuita, ya que la pagamos a través de los impuestos. Introducir un impuesto como el copago no es necesario ni recomendable, ya que puede hacerse todo mediante la declaración de la renta.

El copago introduce cuestiones que son absolutamente injustas:

  • Que pague el que utiliza los servicios sanitarios, cuando quienes se benefician de ellos son los que los necesitan y los que no, ya que el nivel de salud de la población no depende de la de cada uno de los individuos sino también del colectivo como tal.
  • Señalar al paciente como culpable de los costes sanitarios, introduciendo un impuesto además que grava a quien más necesita de los servicios sanitarios, lo que produce perjuicios para todos al empeorarse los resultados en salud de la población.

Los países como Francia, Alemania o Portugal, que tienen tasas de copago, son los que tienen que dedicar mayor porcentaje de PIB a sanidad y tienen una atención sanitaria más cara.

MAYOR EFICIENCIA EN LOS RECURSOS UTILIZADOS

Independientemente de valorar las bondades del sistema sanitario actual y de los esfuerzos que se han realizado en los últimos años, es necesario señalar que hay muchos aspectos que se deben y pueden mejorar.

En primer lugar, hay que hacer una apuesta decidida por la atención primaria. Los países que tienen más y mejor atención sanitaria son más eficientes. En España el 54% del gasto en sanidad se destina a atención especializada. Con frecuencia se utilizan tecnología sanitarias caras e innecesarias. La atención especializada ha sido utilizada además en Andalucía, como herramienta de una acción política que pretendía transmitir modernidad y avance, pero que tiene como consecuencias introducir más inequidad. Cuanto más desequilibrio hacia la atención especializada, mayor inequidad se introduce, porque menos usuarios disponen de más recursos.

Para que la atención primaria se desarrolle, en un entorno complejo como el de las patologías crónicas y la polimedicación, debe existir una atención pluridisciplinar en la que los profesionales tengan tiempo para tratar adecuadamente a los pacientes. La medicalización de la sociedad es inversamente proporcional al tiempo dedicado a los usuarios.

Por otra parte, hay profesionales que pueden aportar mucho en este nuevo entorno, como farmacéuticos en el trabajo con polimedicados crónicos, psicólogos y no solo en el entorno de las enfermedades mentales. Se precisa una atención más horizontal y participativa, y una gran coordinación. El escenario de la atención primaria para las enfermedades crónicas debe generar otro diseño diferente al actual, con poca participación de los usuarios y excesiva dependencia del médico.

GASTO FARMACÉUTICO

El gasto farmacéutico es otro aspecto a mejorar. Aunque ha descendido en los últimos años, en la distribución del gasto sanitario ocupa una parte mayor que en otros países. También en el entorno hospitalario ha crecido mucho el gasto en medicamentos.

Resulta curioso cómo en uno de los países con los medicamentos más baratos, existe ese gasto farmacéutico. Esto prueba la excesiva medicalización como consecuencia del escaso tiempo que se puede dedicar a los pacientes.

Hasta ahora, prácticamente autorización de medicamento y financiación estatal han ido implícitos en casi todas las ocasiones. Hace falta realizar una selección de los medicamentos a financiar públicamente, basada en criterios estrictamente científicos.

Es absolutamente prioritario que se dispongan de agencias de evaluación de tecnologías sanitarias, con el ejemplo del NICE británico (National Institute for Health and Clinical Excellence), que permita estudiar y ofertar las que más puedan beneficiar a los pacientes y coordinar las actuaciones de los profesionales.

La disminución del gasto farmacéutico y la crisis están poniendo en grandes dificultades a establecimientos sanitario como las farmacias, que garantizan el acceso a los medicamentos, se los financian al estado, pero que están muy poco aprovechados como centros sanitarios.

En Andalucía existen 3.564 farmacias, en las que trabajan unos 5.000 farmacéuticos y que viven de un margen comercial por la dispensación de medicamentos y en menor medida, otros productos relacionados con la salud y el bienestar. En los últimos años, se han establecido políticas de aperturas de farmacias, la mayor parte de las veces por motivos políticos más que sanitarios. Hoy este sector precisa de una auténtica reconversión, ya que no se justifica la existencia de tantas farmacias, y por otra parte, su actuación sanitaria, aunque sería muy necesaria, no tiene aprovechamiento.

Se precisa una disminución importante del número de farmacias, que no ponga en peligro el acceso a la población de los medicamentos, y reconvertir a los farmacéuticos en agentes de salud implicados en la resolución de los problemas que producen los medicamentos. Estudios científicamente avalados han demostrado que el gasto producido por el fracaso de los medicamentos dobla la inversión realizada en el llamado gasto farmacéutico. Por tanto, una parte importante de los farmacéuticos procedentes de la reconversión de las farmacias, deberían implicarse en lamedora de los resultados de los medicamentos. Además, las farmacias que continúen realizando su labor no deberán financiarse por un margen comercial por venta de medicamentos, sino que sus honorarios deberían venir dados por su implicación en actividades de salud pública relacionadas con los medicamentos. No puede existir ningún profesional de la salud que viva de producir gasto, sino de mejorar la eficiencia del sistema y la salud de los ciudadanos.

SALUD PARTICIPATIVA

Los ciudadanos deben ganar en autonomía y corresponsabilidad en las políticas sanitarias. Para ello, proponemos que existan Consejos en cada centro de salud, que se reúnan periódicamente, y que cuenten con la participación de los profesionales de la salud, los pacientes usuarios del mismo, farmacéuticos de la zona, centros socio- sanitarios y centros escolares. Estos Consejos deberán tener como finalidad mejorar la comunicación entre todos los agentes implicados y la realización de programas de salud comunitaria.

La salud del siglo XXI, con una elevada prevalencia de patologías crónicas, es extraordinariamente compleja y precisa de un abordaje pluridisciplinar, en el que la coordinación y la participación de pacientes y diferentes profesionales de la salud, además de médicos y enfermeras, es imprescindible.