PEROGRULLO

Un estado es una organización creada por el ser humano para organizar a los individuos de su especie, a fin de conseguir juntos lo que no podrían conseguir por separado, es decir, orientada al bien común. Por tanto, el principal cometido del estado será fomentar el desarrollo de los individuos que lo conforman y, por tanto, defender, proteger y estimular también el de los más débiles.

Entre los más débiles están los enfermos y las víctimas de las estructuras sociales injustas, de ahí que la protección a los enfermos y la revisión crítica del modelo de sociedad para corregir sus defectos y reparar a sus víctimas deban ser tareas primordiales del estado. Ningún ser humano que no esté enfermo tiene por qué tener menos capacidades ni derechos que otro. El homenaje a las víctimas del pasado, su recuerdo, deberán permanecer siempre para no volver a repetir errores.

La estructura del estado conlleva unos órganos de gobierno que, para garantizar la revisión crítica de su desempeño, debe contrapesarse con otras estructuras representativas que vigilen su desempeño y un sistema para hacer justicia en el caso de confrontación que garantice también la seguridad de sus integrantes. Los órganos de gobierno se elegirán entre todos y se revisarán de forma periódica. Por tanto, todo poder debe ser elegido, ninguno se ostentará por otro derecho  que no sea el de libre elección. Para que los ciudadanos puedan ejercer su libertad han de acceder a un modelo educativo orientado a ello, que garantice su libertad de pensamiento y crítica.

Los estados pueden ser grandes o pequeños pero no de cualquier tamaño. La identidad cultural correspondería a la estructura mínima de un estado, en el que pueden caber otras identidades culturales siempre y cuando se vele siempre por la protección de los más débiles y por el desarrollo de las potencialidades de todos los individuos, sin privilegios para nadie. En cuanto un estado lo conformen diversas identidades culturales, estas deberían tener siempre el derecho a formar parte o no de un estado mayor si se consideran perjudicadas.

Nadie es menos que nadie si tiene las mismas oportunidades. Por tanto, si hay lugares más pobres que otros, o personas de alguna raza, etnia o identidad cultural con menor desarrollo, es porque algo se está haciendo mal. Tampoco el bienestar de un estado se puede alcanzar en detrimento de otros.

Si has leído hasta aquí y te descojonas, háztelo mirar. Siempre podrás irte a cortar lazos amarillos (o del color que te guste). Para empezar, podrías entretenerte en cortarle las uñas de los pies al ciudadano que duerme bajo ese cartón.

 

ESTO ES LO QUE HAY

El glifosfato, herbicida utilizado en la agricultura, incluido en la lista de sustancias posiblemente cancerígenas para humanos, continuará utilizándose en la Unión Europea hasta 2022 con el entusiasmo del gobierno español. No en vano, nuestra Ministra de Agricultura incluso llegó a arengar el pasado mes de septiembre a las organizaciones agrarias para su defensa. Nuestro cáncer no importa, el mercado, sí. El mercado deja huellas y culpables, y si a usted le diagnostican cáncer nadie buscará responsables que no sean colectivos. Los gobiernos que aprueban y consienten estas medidas no son culpables, ¡es la humanidad la culpable!

España, su gobierno, continúa subvencionando, 400 millones de euros desde 2007, a catorce plantas de carbón, combustible fósil no renovable y uno de los mayores responsables de la contaminación de nuestras ciudades. El cambio climático continúa y lo hace ya sin brújula. La Tierra busca un nuevo equilibrio que no sabemos si será compatible con la vida humana. Pero no importa. El mercado, esa forma de esquilmar a los menos capaces, que tiene ideólogos, profesores de universidad, periódicos y empleados escribientes y, sobre todo, lacayos enjaulados que no dejan de votarlos, que esperan su alpiste diario a cambio de promesas de futuro vacías, el mercado, insisto, prevalece sobre todo bicho viviente.

Harías bien en no engañarte. A nuestro gobierno no le interesas si no es como paria del mercado. Espero que te hayas convencido ya de que lo de su preocupación por Venezuela era un camelo. También lo de Cataluña, no seas inocente, es otra cortina de humo más. Y si le preocupa algo esto, ya lo puedes comprobar cada día en la propaganda que emite en el canal público de televisión a través de voceros que en su día se creyeron que iban a ser periodistas, es por cuestiones de mercado. Incluso las banderas se las refanfinfla, no te engañes. Las patrias y reyes que les interesan son aquellos que cotizan en el mercado de valores. Su capacidad de adaptación al entorno es inimaginable, y les da igual reyes que presidentes, democracias que dictaduras, patrias grandes o pequeñas. Son los auténticos predadores de la especie más depredadora.

La democracia necesita de conservadores. Son fundamentales. Tanto, y si me apuran, aún más, que los progresistas. Pero, por favor, España, Europa entera, necesita otros, no estos. Gente moderada, mesurada, pragmática, que mire al mundo como un legado recibido y que hay que entregar a los que vienen, que respete al planeta, a los seres que lo habitan, que entiendan que el futuro, a día de hoy, o es colectivo, o no lo habrá.

Qué utopía esta. Esta sí que es una utopía y no la de los parias de la tierra y la famélica legión. Y cuánta falta haría. Pero ya vamos muy tarde para ese cambio de mentalidad El capitalismo extremo que vivimos agostará los campos, incendiará banderas y extinguirá una forma de vida, y puede que la vida humana, a pesar de que para cuando esto suceda, hasta los gusanos hayan acabado con sus conservadores cadáveres. Y con los nuestros, que lo consentimos. Así que esto es lo que hay.