PATITOS FEOS O CISNES

Hay profesiones que miden la temperatura de la sociedad, que muestran la calidad de sus servicios, de sus instituciones. Podrían ponerse ejemplos para cada sector, aunque en el ámbito sanitario será difícil encontrar un termostato social más importante que la farmacia comunitaria.

La farmacia comunitaria es el patito feo del sistema sanitario. Lo ha sido desde hace muchos años, desde que los políticos    […]

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AMADO

Anoche murió Amado en Mar del Plata. Tenía noventa y dos años y hace casi diez que apareció con su hija Carolina por nuestra Unidad de Optimización de la Farmacoterapia. Carolina es una buena amiga, que hizo el camino inverso al de su padre, que emigró a Argentina de su Castilla natal, quizás en un barco como el de la foto, allá por los años cincuenta. Carolina está casada con Pablo, otro buen amigo, y de alguna forma ellos representan también los cambios sucedidos en mi vida a lo largo de la última década, ya que con Amado, el padre de Carolina, quizás llegara a mi cumbre como farmacéutico asistencial, y con Pablo acudo a la Universidad en la que es profesor para temas literarios.

Allá por 2009, Carolina acompañó a su padre a la consulta. Acababa de llegar a España y quería una segunda opinión acerca de lo que le pasaba, aunque eso solo lo supe más adelante, cuando le pedí meses después que me acompañase en mis clases de entonces en la Universidad de Buenos Aires. A Amado, su corazón le latía cada vez más lentamente. Su médico en Argentina le había advertido antes de viajar que, a sus ochenta y tres años, lo que procedía era implantarle un marcapasos después de visitar a sus hijos en esta patria tan madrastra con los que nacieron aquí sin mucho dinero.

Ajeno al diagnóstico de su médico, detecté que efectivamente su corazón latía lento, como consecuencia de utilizar un medicamento muy importante para él, pero que se podría sustituir por otro similar que se eliminaba del organismo por otra vía y dejaría de producirle ese problema. Se lo sugerí a su médico, cambió el tratamiento y Amado vivió, creo que sin marcapasos, hasta ayer, nueve años después de aquello.

Cuando Amado se presentó en la Universidad, les contó a los alumnos esta historia, de la que yo solo conocía el pulso lento, no lo del marcapasos. A raíz de aquel día, la primera vez que llevé a un paciente a la Universidad, la primera vez que comencé a dar clases de esta forma, a tumba abierta, sin trampas ni power-points, el caso de Amado me sirvió, además de para exponer cómo se pueden evitar efectos secundarios aprovechando las diferentes vías de eliminación de medicamentos, para explicar los impresionantes beneficios económicos y sociales de esta práctica asistencial, puesto que con una modificación del tratamiento que incrementaba su costo apenas un euro al mes, se había conseguido evitar la implantación de un dispositivo que costaba unos nueve mil euros y ahorraba una estancia hospitalaria que como media suponía unos setecientos euros al día. Esta charla que Amado me inspiró, llegó a muchos lugares, incluso creo recordar que se publicó como artículo científico, pero de poco o nada ha valido, porque la cobardía produce sordera y ceguera en quienes la sufren y deberían cambiar las cosas. Mucho me temo que pronto estará contemplada como enfermedad profesional entre los farmacéuticos, como la silicosis en los mineros.

Quiero pensar que en algo contribuí a que Amado viviera estos nueve años desde que lo conocí, como sé que vivió como su nombre indica, querido, muy querido, por Carolina y su hermano, por Ángeles, su mujer. Las veces que volví a verlo, cuando regresaba a visitar a sus hijos y sus nietos a España, sentí su afecto y tuve la oportunidad de conocer la dura vida que le tocó, desde ser un niño minero en su Castilla natal a conserje del hotel en el que, oh, casualidad, me suelo hospedar cuando voy a Buenos Aires, hasta ser empresario en Mar del Plata. Coraje de emigrante.

Pienso en Carolina y en su hermano, en la dureza de saber que su padre ha muerto tan lejos de donde están. Pienso en los emigrantes que cuando regresan de visitar a sus familias, no saben si esta vez será la última que los ven. Y también, aunque cada vez menos, pienso en esa España madrastra, tan comprometida con sus élites y nada más que con ellas; y en los farmacéuticos, tan poco dispuestos a tomar responsabilidades reales, no comerciales, con los medicamentos, y tan gallitos a la hora de entablar batallas dialécticas vacías contra sus fantasmas.  La vida es muy jodida.

Foto obtenida en:

http://www.condistintosacentos.com/percepciones-y-discursos-sobre-el-retorno-de-la-emigracion-en-la-espana-tardo-franquista-y-de-la-transicion/

 

TERNURA SANITARIA

Cada vez me gusta menos escribir sobre la carrera que estudié y que ejerzo, cada vez me gusta menos escribir sobre salud pública, nuestro sistema sanitario y el papel de los profesionales que lo integran. Cada vez, digo, me gusta menos oír hablar sobre nuevas políticas sanitarias porque poco hay de nuevas, y cuando las hay, son casi siempre para empeorar lo que había, en especial en estos años de Partido Popular en el gobierno, en el que ha estado a punto de destrozar el derecho a la salud en este país y la sanidad universal. Y caso de haber novedades que no puedan tacharse de negativas, acaban siendo meros brindis al sol.

No he podido menos que mirar con ternura la disputa entre enfermeros y farmacéuticos por reclamar en exclusiva un espacio en el sistema. Digo ternura cuando en otro momento podría haber dicho asco, porque era asco y no otra cosa lo que sentía cuando constataba que ninguna profesión tenía un concepto de servicio a la sociedad sino de defensa de privilegios. Sí, era más bien asco lo que me producía, asco por los dirigentes médicos, por supuesto por los farmacéuticos, y también por los enfermeros, asco porque me parece nauseabundo que prevalezcan los intereses de colectivos en detrimento de los de los ciudadanos, pero ese es el resumen de este país y de sus patriotas, porque aquí un patriota se parece mucho a uno de esos profesionales que miran su ombligo y se desentienden de su misión, y más aún, de la misión colectiva que deberíamos tener los que decimos estar al servicio de una patria, sea profesional o política.

Al observar ese enfrentamiento de enfermeros contra farmacéuticos no he podido evitar esbozar una sonrisa. En mi época, quienes nos consideraban los enemigos eran los médicos. Perdónenme, eran enemigos de mayor altura, y estas luchas actuales no son sino reflejo de lo bajo que está cayendo mi profesión, algo que no me sorprende viendo quiénes la dirigen tanto del punto de vista político como científico. Sí, el enemigo no está fuera sino dentro, y no sale ni con aguarrás.

Ternura de verdad me produjo Spiriman, cuando lo vi rodeado de farmacéuticos empresarios y repitiendo ese discurso interesado y económico contra las subastas de medicamentos. Y parecía un tipo listo, me dije. ¿Ni este tipo, con todo lo que ha movido, tiene un discurso político colectivo, de verdadera salud pública?

Y cuando veo los programas políticos de los diferentes partidos, con esa pobreza de ideas en lo que se refiere a salud pública, a derecho a la salud, hasta en los más pretendidamente progresistas, veo solo a personas incapaces de dejar de priorizar lo suyo y pensar en los demás, o con falta de agallas por no enfrentarse al primo médico de Zumosol. En fin… nihil novum sub sole, lo de siempre, lo de tantos años. Historia pura de este país plagado de antipatriotas.

Continuará, no sé cuándo. Me falta la paciencia, y a veces la ternura acaba por darme náuseas. Qué negico harían los fabricantes de Primperan si en este país hubiera un poco más dedecencia y menos tibieza.

Imagen en: https://jenndiaz.com/2010/06/25/los-dedos-me-buscan-la-ternura/

PERIODISMO BASURA

Esta portada de ABC hace vomitar. Los titulares son la demostración del nacionalismo más asqueroso, el más despreciable que puede haber; el que dicen atacar, a pesar de ser ellos sus máximos adalides. Cuando un estado antepone sus intereses a los de los seres humanos, algo abyecto, siniestro, esconde.

Responder a los fenómenos migratorios del siglo XXI es extraordinariamente complejo. Nadie huye del lugar donde vive porque sí, nadie abandona su tierra por capricho. Detrás de los fenómenos migratorios está la pobreza, el cambio climático, y detrás de ellos la explotación desmedida de los recursos naturales de los países de origen, el insostenible modelo de progreso en el mundo basado en el crecimiento. Un crecimiento que ya solo produce basura y desigualdad.

Para que no vengan migrantes a nuestras costas tendremos que cambiar el modelo de progreso en los países ricos, dejando el del crecimiento ilimitado y la producción de basura para pasar a un modelo de redistribución de la riqueza. ¿Seremos capaces de hacerlo? ¿Preferiremos seguir como estamos y que los que vengan, nuestros hijos, arreen?

Hace falta mucha generosidad para cambiar. El ABC y los que se sienten representados por estos titulares prefieren seccionar la verdad por donde les conviene y hacer un discurso a la medida de su egoísmo. El nacionalismo gana, la humanidad pierde. Todos perdemos, incluso el modelo de nación que este despreciable periódico pretende defender, que no es más que un basurero moral. Lo peor de la especie humana.

Perdonen, me ha dado una arcada.

RAFA NADAL

Hace una semana, Rafa Nadal conquistó su undécimo Roland Garros y todos lo celebramos. O casi todos, porque días antes no se le ocurrió otra cosa que opinar que, tras la destitución de Mariano Rajoy como presidente del gobierno, le hubiera gustado que se convocasen elecciones en vez de que se conformara un gobierno tan en minoría como el actual, lo que cabreó a más de uno hasta el punto de no alegrarse de su victoria. Y es que en este país cuesta reconocer el esfuerzo y el talento de personas que no piensan como uno.

La postura del tenista mallorquín fue criticada en no pocas columnas periodísticas, en las que se le recomendaba que se dedicara a jugar al tenis, que lo hace muy bien, y que no se metiera donde no lo llamaban. Imagino que porque para eso estaba quien suscribía el artículo.

Como no juego tan bien al tenis como Nadal, puedo permitirme opinar que a mí me ha agradado que Pedro Sánchez se haya decidido a gobernar, y que haya resuelto, por ejemplo, acoger el barco de refugiados, que se haya vuelto a la sanidad universal, incluyendo de nuevo a los inmigrantes irregulares. Me siento esperanzado con gestos así, que nos dan a entender que hay otra forma de hacer política, que es posible mirar a lo colectivo, al bien común y no al de unos pocos, los más listillos. Pero, claro, solo es una opinión, tan legítima como la del deportista, o como la del abajo firmante de cualquier columna de pago.

Me llama la atención que algunos de los que han criticado al tenista no le permitan que exprese sus opiniones políticas, como si fueran de su entera exclusividad, aunque me temo que ello se deba a que no estén de acuerdo con sus ideas.

No estoy de acuerdo con Rafa Nadal, pero me encanta que se moje y diga lo que piensa. Tanto como el escritor o periodista que firma una columna, con el que también puedo estar en desacuerdo y me lo tengo que tragar. Es más, lo que me gustaría es que algunos columnistas pusieran tanto empeño en sus artículos como Nadal en jugar al tenis. Quizás otro gallo nos cantaría.

 

Foto tomada de http://www.diezminutos.es 

ANCHOA, OTRA VEZ

Ayer doce de junio, el Ayuntamiento de Sevilla honró a sus mejores deportistas de la pasada temporada y otorgó el Premio Vida Dedicada al Deporte al gran Anchoa. Durante el acto, no me quedó claro si se le premiaba o se le entregaba a título póstumo. Tenía entendido que se había aprobado concederle el premio antes de su muerte, pero la vida no le dio para recibirlo en persona y tuvo que ser María Luisa, su esposa, qué categoría humana la suya, qué grandeza, la que lo recibió en su nombre de manos del Consejero de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía, don Francisco Javier Fernández Hernández.

Más allá de los detalles que reseño, al Consejero se le escapó en su discurso una frase que luego corrigió, en la que afirmaba que necesitábamos premiar a alguien como él, para luego decir que premiarlo era algo necesario, esencial. ¿Le traicionó el subconsciente?

GALA PREMIOS MARCA PICHICHI ZAMORA

En este país de Lopeteguis y Florentinos, de esquilmadores envueltos en banderas, es rancia costumbre la de homenajear a muertos a los que se ha puteado en vida, a gente brillante a los que se les hizo la vida imposible sencillamente porque ni el mediocre ni el miserable soportan bien la luz, cazadores de días grises y noches de luna nueva.

No quiero personalizar, Dios me libre, en el Consejero ninguna de esas características que entiendo que son del país, pero sí que creo que cuando alguien genial, admirable como Anchoa nos deja, caemos en la cuenta de lo que hemos perdido. Es cuando no nos queda más remedio que desmontar el manido discurso del mediocre, ese que dice que nadie es insustituible. Una gran mentira, claro está, hecha a la medida de esos depredadores de inteligencia.

Digo esto porque Anchoa no necesita ya nada, quienes necesitamos darle ese homenaje somos nosotros. Para salvar nuestras conciencias, para lavar nuestras culpas; en definitiva, para darnos la oportunidad de ser algo menos mezquinos.

Quienes le conocimos y le quisimos sabemos muy bien de su grandeza y también de lo mal que lo pasó en muchos momentos, y no me refiero a su enfermedad. No merece volver a ello, todo quedó atrás. Para él, evidentemente, y seguro que para su familia también, porque el corazón que tienen no hay pecho que lo acoja, pero no está de más recordar que antes de que su enfermedad le hiciera la vida imposible, otros se la habían hecho también, de forma diferente, pero no por ello menos dolorosa.

Reconocer que Anchoa ha sido una de las figuras destacadas de esta ciudad de estos últimos veinte años, alguien de talla mundial en lo suyo, es algo que necesitamos nosotros. Ni él ni su familia, nosotros. Y el verdadero premio que deberíamos darnos como sociedad sería no volver a esperar a premiar a personas como él cuando ya solo sean memoria. Lamentablemente, me temo que no será así, hay demasiados Lopeteguis y Florentinos y aspirantes a serlos. Así nos va.

MIALMA

Nací en China hace muchos años. Mis dueños, unos emplesalios madalines que se instalalon en Sevilla, pusielon un lestaulante. Chino, clalo, quillo. Fui feliz una jaltá de tiempo, pelo un día de lluvia un cholizo me lobó a mi dueña, pendiente de que no se le pasala el aloz.

Mi vida fue un calvalio. Me vendielon en un melcadillo pol na. Ayel hizo viento y me lompí. Pelo como mi dueña es muy flamenca, me va a conveltil en un abanico de felia, polque en felia llueve mucho. Así que a paltil de hoy me espela una nueva vida, mialma.