HUMANIZACIÓN DE LA ACTIVIDAD DEL FARMACÉUTICO ASISTENCIAL

El pasado viernes 19 de octubre tuve la oportunidad de participar en el 62º Congreso de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), en un DESAYUNO CON EXPERTOS, en relación a la humanización de la actividad del farmacéutico asistencial. El formato fue de una entrevista, que dirigió la farmacéutica de hospital Olatz Ibarra, y conversación con los asistentes. Aquí os dejo las notas que preparé para el encuentro, que no pueden considerarse un resumen de ponencia sino parte de mis pensamientos..

La humanización de la actividad del farmacéutico asistencial parte primero de establecer cuál es dicha actividad asistencial, cuáles son sus responsabilidades en el ámbito de la atención a los pacientes que precisan de medicamentos. Tendrá un grado diferente de compromiso con el paciente si la responsabilidad incluye facilitarle el acceso a los medicamentos y su utilización correcta, que si se desea asumir responsabilidades en el éxito de la farmacoterapia. No es lo mismo comprometerse a ayudar a realizar una utilización correcta de los medicamentos, conocer sus beneficios y posibles efectos no deseados, que pasar a corresponsabilizarse, desde una óptica definida y diferente, de la consecución de resultados concretos.

Humanizar debe partir de entender al otro como ser humano, es decir, un individuo con un pasado que explica su presente, un pasado que incluye sus deseos y aspiraciones, pero también sus miedos e incoherencias. Como dice Faulkner, el pasado no existe, ni siquiera es pasado.

Somos humanos a través de la humanidad de los otros, yo soy porque nosotros somos, concepto zulú y xhosa de Ubuntu (Desmond Tutú, Nelson Mandela). No existe humanidad si no hay otro, y ese es el gran problema en el mundo actual, al menos en lo que se refiere a la cultura occidental anglosajona, auténtica invasora del resto de culturas. No hay humanidad si no hay otro y si ese otro tiene la misma dignidad que uno mismo.

La humanización en la actividad asistencial tiene que ver con el nosotros, el profesional y el paciente, y en un plano de igualdad, de intercambio para hacernos más humanos.

La humanización no solo beneficia al paciente, sino también a los profesionales. La humanización de la actividad asistencial nos humaniza en todas nuestras facetas. Si no es así, se trata de un paternalismo encubierto, una falsedad revestida de bien.

El profesional se hace más humano al ayudar a los pacientes a ser más humanos, esto es, a alcanzar el mayor nivel de salud posible y, en el contexto de la cronicidad,  lo principal que le puede ofrecer es la capacidad de gestionarlo mediante el conocimiento, porque solo así podrá responsabilizarse de sus actos y consecuencias. Un paciente más autónomo se corresponsabiliza mejor de su tratamiento, entiende su necesidad y actúa, asumiendo su propia tarea y reclamando a los demás las suyas.

La humanización tiene que ver con la dignidad del paciente y respetarla puede suponer establecer diferentes objetivos terapéuticos en función de la evolución y situación personal del paciente, en un contexto vital finito y en un contexto científico limitado..

El paciente puede ayudar al profesional a ser más humano transmitiendo al paciente información veraz sobre su situación, así como sus necesidades, temores y aspiraciones, para que de esta forma que el conocimiento del profesional pueda beneficiar al paciente de la forma que mejor pueda este asumirla.

La humanización siempre se refiere al paciente. El compromiso siempre es con este, y todo compromiso con otro profesional debe subordinarse al que se tiene con el paciente, con sus resultados en salud y con el camino que hay que recorrer para alcanzarlos de forma asumible por todos.

La humanización en el equipo multidisciplinar tiene que ver con asumir el compromiso con la salud del paciente aportando cada miembro una mirada diferente a los problemas de salud que añada valor. Si la mirada es única, clásicamente la del médico, el resto de profesionales no añaden su valor en beneficio del paciente. El ejemplo más clásico es el control de la adherencia del paciente.

Asumir con otros profesionales de la salud la vigilancia del cumplimiento terapéutico puede contravenir en algunos casos la humanización de la actividad del farmacéutico asistencial, porque se coloca en segundo plano al paciente y porque con más frecuencia de la que reconocemos, el cumplimiento no conlleva resultados positivos en salud. Aun reconociéndose que la falta de adherencia de los pacientes puede estar en torno al 50% en muchas patologías, se sabe que como causa última y exclusiva de un problema de salud, esto es, que explique el fallo terapéutico en su totalidad, supone menos del 20% de los casos

Si el compromiso es con los resultados en salud nunca se pondrá por delante a nadie que no sea el paciente. La humanización solo es posible en la relación terapéutica entre el profesional y el paciente. El gremialismo, una parte esencial del sectarismo, es decir, poner en el centro de los intereses a nuestra profesión o gremio en lugar de al destinatario de nuestros cuidados, es lo más deshumanizador que puede existir y es causa con frecuencia de un daño irreparable a las personas y a la sociedad. La humanización únicamente puede apelar a un nosotros colectivo, a un nosotros en el que nada somos si no existe el otro (nos y los otros).

¿Por qué es necesario humanizar?

Además de porque todo ser humano tiene el derecho a ser tratado así, porque si circunscribimos nuestras intervenciones al estricto conocimiento científico se perderá eficiencia en la actuación del profesional. Necesitamos conocer los significados para el paciente de lo que significa estar enfermo, de lo supone tener que utilizar medicamentos, de lo que entiende como beneficio o perjuicio, de cuál es su balance beneficio- riesgo; e una palabra,  entender su proceso de toma de decisiones y tenerlas en cuenta a la hora de ofrecer soluciones. Si nuestras intervenciones incluyen siempre conocimiento (objetivo) y experiencia clínica (subjetivo), las actuaciones del paciente son iguales (conocimiento y experiencia farmacoterapéutica).

Debemos reconocer que en el ámbito de la atención primaria, el paciente, y su entorno, son quienes toman las decisiones de modo finalista (utilizar o no, y cuánto), y que la utilización de medicamentos, más allá de circunscribirse a un hecho clínico, se ha convertido, como así lo señala Robert Cipolle, en un hecho social.

¿Qué queremos conseguir con humanizar?

Entender y que nos entiendan. Solo desde el respeto al otro se puede establecer una relación terapéutica cooperativa que permita aplicar el conocimiento de forma eficiente. Humanizando nos volvemos más humanos nosotros también, nos hace entender al otro. En el marco de la cronicidad, preservar la relación terapéutica es un objetivo de primer orden, muchas veces a costa de ganar rápidamente efectividad. Las enfermedades crónicas no son carreras de velocidad sino de larga distancia. No pongamos obstáculos. El acompañamiento al paciente en su proceso es un factor determinante a la hora de alcanzar los mejores resultados en salud, y con ello se consigue un efecto retroactivo y positivo en el profesional. Pero acompañar nunca puede ser un acto pasivo, sino tan activo como el del paciente.

 ¿Conocemos la realidad del paciente?

La pregunta correcta que nos deberíamos hacer es si estamos interesados en conocerla, y si somos conscientes de la tremenda influencia que tiene dicha realidad a la hora de alcanzar los resultados en salud.

Poner en un primer plano la experiencia farmacoterapéutica del paciente ayudará a optimizar el conocimiento del profesional y hacerlo más útil al paciente.

La experiencia farmacoterapéutica engloba los significados de los medicamentos y los problemas de salud para los pacientes. No es necesario ponernos en la piel del paciente, porque no sabemos cómo es. La experiencia farmacoterapéutica comienza antes de haber utilizado medicamentos, y tiene que ver con su experiencia propia y la de su entorno, y con los mensajes que como sociedad damos.

¿Cómo tenemos que hacer?

Preguntando, estableciendo una relación terapéutica basada en la confianza, tratando de entender las dificultades que implica tener que tomar medicamentos a lo largo de toda la vida. Que el punto de vista del paciente importe, que sea el punto del que partir en la relación terapéutica, que sea una relación viva y entre iguales, porque el encuentro implica un intercambio de conocimiento y experiencias básico para que el paciente obtenga el beneficio esperado y el profesional cumpla el papel que la sociedad le demanda y para el que ha contribuido a través de sus impuestos en su formación y en su salario.

La humanización solo se alcanza si quienes se humanizan están en un mismo plano y son conscientes de que se necesitan, para ser más dignos como personas y más humanos. No hay profesional de la salud más humano que aquel que se forma y se actualiza, que da lo mejor de sí mismo a otro ser humano, para cumplir la función que le ha sido encomendada por la sociedad.

Hay que convencer a los servicios sanitarios públicos que la atención al paciente no es un suministro de productos y conocimientos, sino que una atención correcta pasa por que los profesionales tengan tiempo para atender a los pacientes. Que no haya tiempo es mucho más caro que si lo hay. Atender no es dar sino tiene que ver más con entender. Los sistemas no pueden ser paternalistas sino cooperativos.

 

 

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EL HOY ES MALO PERO EL MAÑANA ES MÍO

No suelo reseñar obras literarias en mi blog. Las que no me gustan, porque prefiero el silencio, aunque no es menos cierto que hay libros que sí me han gustado, incluso mucho y no he realizado comentario alguno sobre los mismos. De esta novela sí que me voy a atrever a dejar por escrito mis impresiones, porque además de parecerme una novela magnífica, extraordinaria, creo que me puede dar pie a señalar el por qué. Allá voy.

Argumento:

“El hoy es malo, pero el mañana es mío” gira en torno a treinta y tres años de la vida del pintor Vidal Lamarca, entre 1936 y 1969. Vidal es un jovenzuelo de quince años al que le sorprende la Guerra Civil española en Baena (Córdoba), en la casa de Ezequiel Hervás, su padrino, correligionario anarquista de Juan Lamarca, padre de Vidal. El tiempo de la historia, que no la novela, se inicia con los terribles sucesos acaecidos en la localidad cordobesa al inicio de la guerra, durante el verano de 1936. Los combates entre el ejército franquista y las fuerzas republicanas en Andalucía y la aparición en la escena de Sebastián Lanza, un falangista al que Juan Lamarca le perdona la vida en el frente de Lopera, irrumpen en la vida del futuro pintor, que logra salvar la vida gracias a Sebastián, que lo acogerá en el pueblo imaginario de Daza (acrónimo de las poblaciones jienenses de Úbeda y Baeza), en el que una vez que abandona la cárcel vivirá preso de su pasado, convencido de que él fue quien delató al dibujante cómico valenciano Carlos Gómez Carrera “Bluff” y ocasionó su ejecución, lo que actuará como una apisonadora sobre su conciencia. El amor adolescente de Vidal Lamarca a Clara Hervás, hija de su padrino, y el de su madurez a Rosa Teva, mujer casada y moderna que llega a vivir a Daza en los años 60, marcan de forma profunda el devenir de la historia.

La novela la relata el alumno preferido de Vidal Lamarca, Pablo Suances, bien en primera persona, bien en tercera, y se estructura con un prólogo y cinco partes diferentes que hacen referencia a periodos de tiempo claves en la historia, que a su vez se dividen en capítulos en torno a personajes principales a la hora de relatar los hechos. El relato no es correlativo, los años no aparecen secuenciales, sino condicionados por la irrupción de personajes claves de la historia. Este desorden temporal ayuda de forma determinante al autor a comprender las claves de lo que se cuenta.

Prosa:

En mi opinión, brillante. La utilización del lenguaje por parte de Salvador Compán me parece exquisita, su capacidad descriptiva, extraordinaria, y su habilidad para generar estados de ánimo, colosales. Destacaría en especial el primer capítulo, dedicado a Rosa Teba, en el que mientras lo leía creía estar asistiendo a un espectáculo de patinaje artístico en lo literario, en el que las palabras se deslizaban, las acciones iban y venían, giraban como un tirabuzón y continuaban patinando. También el que se refiere a Clara Hervás y los truculentos sucesos de Baena en 1936, me parece descomunal, y ello sin desmerecer el resto de la novela, en la que se manejan extraordinariamente los tiempos y se finaliza de una forma redonda, como hay que acabar una novela, en el momento que toca, sin darse prisa ni alargarla en exceso.

Personajes:

Extraordinarios, y no solo la oscuridad del protagonista, Vidal Lamarca. Sebastián Lanza, el falangista que a su manera lo protege, es un personaje lleno de matices y contradicciones, enorme. Rosa Teba, Clara Hervás, Raúl Colón, hijo de Rosa, el mismo Pablo Suances. No hay personaje plano, todos contradictorios, enormemente humanos, hijos del tiempo en el que viven, dueños de sus propias fortalezas y miserias. Y otro personaje a destacar es la ciudad de Daza en el tenebroso tiempo de la posguerra, una ciudad permanentemente gris, asfixiante. Por decir algo, y entendiendo que era un personaje secundario en la historia, me hubiera gustado saber mucho más de Pedro Colón, padre de Raúl y marido de Rosa Teba, porque me pareció muy interesante, si bien hay que reconocer su papel tangencial en esta historia. Pero un poquito más de él no me hubiera importado saber.

Estructura:

Magnífica. Pensada para comprender la historia que se cuenta. Relatada de una forma cronológica nunca hubiera funcionado. La estructura tiene que estar al servicio de lo que se pretende contar y no de la cronología de los hechos. Otro acierto.

Otro aspecto interesante es el de diseñar una trama de ficción sobre hechos reales que sucedieron en España.

Ambientación:

Creo que debería ser de obligatoria lectura para quienes en estos tiempos que corren en España llaman a la violencia o la utilizan de una forma más o menos soterrada, como puede ser la verbal que a diario presenciamos en las redes sociales. La carnicería, la crueldad despiadada y desmedida de una guerra civil se refleja de forma magistral. Sus consecuencias, la aparición de un bando vencedor que día a día durante años y años recuerda a los perdedores quiénes ganaron la guerra, se respira en cada hoja del libro referida a esos tiempos. Quizás no deberíamos agitar con tanta inconsciencia las banderas y reconocer que no todos los que conviven con nosotros son iguales y que esto no es malo.

Sí, es cierto, otra novela más sobre la Guerra Civil española. Hay lectores que se cansan de este tema. Hay también mucho equidistante que prefiere no saber nada más de lo que no ha tenido más remedio que conocer, aunque lo haya hecho a su manera. Quizás haya quien no desee acercarse a esta novela porque la temática le causa sarpullidos. Lo siento por ellos, porque se van a perder una novela extraordinaria, magistralmente escrita y con la que, fíjense por dónde, se hace mucha más patria que con otras que nos cuentan solo aquello que queremos escuchar.

 

El hoy es malo, pero el mañana es mío

AUTOR: Salvador Compán

ESPASA LIBROS

384 páginas

19,90 € (papel)

11,99 € (electrónico)

CATALUÑA EN EL CORAZÓN

Ayer por la noche saqué a mi perro de paseo tras llegar a casa, como tantas otras noches. La terraza del bar de abajo estaba bastante ocurrida. En una de las mesas se tomaba una cerveza una señora a la que conozco, más de vista que de otra cosa, desde hace años. La saludé mientras pasaba a su lado, y al momento se volvió de la mesa para gritarme: “Te he visto en las setas hace un rato. ¿Qué hacías allí vociferando?” También yo me giré y me acerqué, por no gritar, y le respondí: “Haciendo lo que hay que hacer”.

Había participado en la concentración organizada en solidaridad con el pueblo de Cataluña. Voy a pocas manifestaciones. Muchas veces no puedo asistir por mis horarios, pero debo reconocer que nací burgués, y aunque me he estropeado bastante, como diría mi tía Carmen, no lo suficiente, como para que me gusten las manifestaciones, así que entre las excusas que tengo y las muchas que me pongo, no suelo asistir a casi ninguna, y mucho menos, a vociferar o a gritar consignas. Prefiero estar, hacer bulto y ya está, y en el momento que puedo lo escurro.

Pero lo de ayer me espantó, así que en cuanto dejé a mi madre en su casa, me acerqué a las setas. Tarde, lo cual pueden entender que agradezca, pero fui. Necesitaba mostrar de alguna forma mi solidaridad ante una actuación tan desproporcionada, tan poco inteligente, tan hecha desde las tripas que algunos creían que habían curado.

Tengo muchos amigos y amigas en Cataluña. Unos están asustados, otros indignados y cabreados por lo que está pasando. Opinan de formas muy diferentes y los quiero igual. Mis amigos son gente que ha sido generosa conmigo, acogedora, afectuosa. No creo que los catalanes sean ni mejores ni peores que cualquier pueblo del mundo, pero a mis amigos los quiero, me han dado muchísimo amor, y me preocupan. Y por eso me espanta todo lo que ha pasado.

Me espanta porque es un auténtico fracaso que el deseo mayoritario de resolver de una vez si quieren formar parte o no del estado español tenga que resolverse con obstrucción y violencia. Sí, lo siento, creo firmemente que diga lo que diga una Constitución, los pueblos que conforman un estado deben tener siempre el derecho a formar parte o no del mismo, al igual que puedo romper mi matrimonio y debo poder hacerlo de manera pacífica, si éste no funciona, por mucho amor que haya habido, por muchos hijos en común que hayamos tenido, por muy triste y mucha sensación de fracaso que podamos tener.

Pero el espanto aumenta cuando se constata qué poco ha aprendido la derecha española y cuánto ha habido de represión contenida en sus actos. Y siento mucha vergüenza de que el anterior alcalde de mi ciudad haya sido el responsable de todo esto.

Y espanta lo que viene. El ejercicio de la violencia, uso de la fuerza de manera innecesaria y por parte de los únicos que la podían ejercer, es la demostración de la falta de razón. No se puede utilizar contra personas desarmadas que lo único que deseaban era votar, por muy ridícula y mucho desprecio que produzca lo que se vota.

Tengo amigos a ambos lados, y están a ambos lados porque durante estos años se ha querido conscientemente separar. Esto se ha ido de las manos. Nunca quise que Cataluña se separase de España, pero siempre he respetado a que sean ellos quienes lo decidan. Viendo el coraje cívico mostrado, hoy más que nunca lamentaría esa pérdida. Pero este gobierno torpe y peligroso, pretendiendo recuperar la mayoría absoluta a costa de los catalanes, va a ser el responsable de romper España. Porque la España que ellos representan ya no se sostiene ni identifica a una gran parte de la población no catalana, y antes de que sea demasiado tarde, tendremos que rehacer una nueva España, con otras reglas y otras formas de convivencia, y me temo, que sin Cataluña.

Han pasado 24 horas y todo parece ir a peor. Puede haber razones de todo tipo para defender cualquier posición, para elucubrar sobre cualquier antecedente, pero la violencia ha marcado un antes y un después en todo esto, quizás irreversible.

Amigos catalanes, ya no me siento con ningún derecho a deciros que no os vayáis. Dejadme al menos deciros que os quiero y os admiro.

SOBRE NACIONES Y ESTADOS

Un atrevimiento inexperto, una opinión, de alguien que necesita decir algo en días como estos

La hipótesis de la que parto es la de que una nación   es un territorio que agrupa a una población a la que le vincula una cultura común. Una nación, por tanto, se conformaría a lo largo de la historia, de ahí que no me quepa duda de que Andalucía lo es, al igual que no es la única en la Península Ibérica: lo son Portugal, Castilla, Cataluña… y no me extiendo más para que cada cual cierre la lista.

Un estado es, en la hipótesis de la que parto también, una entidad política, que agrupa a una o más naciones en función de dicha organización estatal colme o no las aspiraciones de las diferentes naciones que la conforman, esto es, que otorguen a sus ciudadanos un mayor grado de bienestar por su vida en común, y es por eso que a los estados no se les puede otorgar la cualidad de históricos, puesto que han cambiado a lo largo de los siglos. De hecho, la conformación del estado español tal y como hoy lo conocemos, tiene tres siglos y es consecuencia de los resultados de la Guerra de Sucesión. En mi opinión, la unidad mínima de estado es la nación, y por tanto, no estoy de acuerdo con quienes ridiculizan las aspiraciones políticas de naciones como la catalana, por teorizar que eso podría llegar a desmenuzar los estados tanto como cada aldea quisiera. Aunque, quién sabe, la historia nos ha enseñado que si hay algo inabarcable es la capacidad humana para la idiotez.

Una nación tiene un origen esencialmente cultural, en lo que lo político ha tenido enormes influencias, y en un estado, en el que lo cultural influye también de modo notorio, es un concepto básicamente político, y ambos tienen sus raíces en que el ser humano es un animal de manada, y la manada es una organización en beneficio del bien común.

Dicho esto, que las naciones quisieran o no formar parte de un estado debería ser, es lo que opino, una opción posible que sus ciudadanos deberían decidir y no los de otras naciones que conformen el estado, ya que es previo a éste, y que las naciones tengan o no aspiraciones políticas de constituir un estado dependería del grado de bienestar común conseguido en el existente.

Personalmente también, no me extraña que, en un contexto neoliberal a ultranza llevado a extremos como el actual, que tantísimas desigualdades ha provocado, el sentimiento independentista haya vuelto a aparecer, si bien estimo que con connotaciones muy diferentes a los nacionalismos del siglo XIX o los de carácter supremacista del XX, aunque a ello se sumen esos que lo mismo acusan de Botifler a Marsé que izan enseñas franquistas, tales para cuales, por cierto. Asemejar el sentimiento independentista actual al de nacionalismos anteriores es una simplificación que agrada a muchos intelectuales pero que no se sostiene. Una de las razones por las que los independentismos resurgen es la de que los estados actuales han dejado de tener el objetivo del bienestar de sus ciudadanos, y los han entregado a los grandes grupos empresariales y financieros, las únicas élites que existen, que además de gobernar sin presentarse a las elecciones, han convertido la prensa en gabinetes de comunicación propios, sesgando el derecho a la información ciudadana e intoxicándola de intereses particulares.

El anhelo del independentismo ha aparecido en primer lugar en las naciones con mayores aspiraciones y conciencia política, pero, si la gran política y el estado no vuelve a retomar el poder y sus únicos objetivos de extender el máximo grado de bienestar a la totalidad de sus ciudadanos, corre el riesgo de que se extienda como un reguero de pólvora. Andalucía, una de las naciones con tanta identidad cultural, nacional, como nula aspiración política, estatal, es sin duda, por sus niveles de pobreza y exclusión social, una de las más perjudicadas por esa alianza política llamada estado español, España, y por tanto, aunque a día de hoy sería impensable, podría transformar, y en un periodo de tiempo más corto de lo que pudiera pensarse, ese identidad de nación en un sentimiento político. Salvo, eso sí, que algunos nos tachen, por el mero hecho de ser andaluces, de gente vaga, con nula capacidad para el trabajo, etc, es decir, de constituir una raza inferior digna de lástima o desprecio, por el mero hecho de haber nacido en el sur, y también no haber experimentado la oscura Edad Media del resto de Europa o de haber dotado de señas culturales externas a ese estado con pretensión de nación llamado España.

Por tanto, en mi opinión, la solución al conflicto que acaba de comenzar, porque esto no termina el uno de octubre, es político, y precisa de una nueva conformación del modelo de estado. La solución nunca debería ser fraccionar sino cohesionar. Y para ello, y siempre en mi opinión, dotar de mayor capacidad política a las diferentes naciones, entendiendo como autogobierno y responsabilidad será tan importante y compatible, como construir más Europa. Al final todo se resume en el lema del escudo de Andalucía, tan exportable para los demás como lo han sido sus señas culturales: Andalucía, por sí, para España y la humanidad. Si no hay humanidad no habrá estado que valga.

SEÑOR ZOIDO, EN ESPAÑA SÍ HAY GUETOS

Señor ex Alcalde de mi ciudad:

El sábado pasado le escuché decir que en España no había guetos. Me dejó estupefacto, tengo que reconocerlo. ¿Cómo pudo decir eso? Nada más que en la ciudad que usted gobernó, la que le mando a Paseo…del Prado cuatro años después, tras haber dilapidado la mayoría absoluta más grande de la reciente historia de la ciudad.

¿Cómo llamaría usted a la periferia sevillana? Me refiero a ella, porque imagino que es la que mejor podría conocer. Mejor dicho, la que le sonará. Una periferia que no es exclusiva de la ciudad de la gracia―maldita gracia esta, por cierto―, pero que usted debería haber conocido.

Pondré ejemplos únicamente de la ciudad ex-gobernada por usted, a ver si recuerda algo:

¿Por qué no le llama gueto a Los Pajaritos, el barrio más pobre de todo ese país al que ustedes llaman España y que parece no existir más allá de la M-40? Los Pajaritos es una jaula inmensa de indigencia, de marginalidad, aislada entre grandes avenidas para que la gente con poca memoria como usted se olvide pronto.

/ ©GARCIA CORDERO

¿Por qué no llama gueto a las Tres Mil Viviendas, ese barrio al que usted le ha negado una Comisaría de Policía―vergüenza le debía de dar como ex Alcalde― como vía de entrada de las instituciones, algo esencial para normalizar un barrio? Esas Tres Mil a las que niegan el soterramiento de las vías del tren y les dificultan la entrada al nuevo parque que se ha hecho alrededor.

¿Por qué no llama gueto al Vacie, a ciertas calles del Polígono Norte, a tantos lugares de la ciudad que usted tan mal gobernó, a la vista de lo que opinaron los votantes, y a tantos y tantos barrios de tantos y tatos lugares?

España es un país muy retrasado, señor Zoido, y por eso, lo que pasa en muchos lugares de Europa se está cociendo a fuego lento ―cocina mediterránea le llaman― en la periferia de nuestras ciudades, se reproducirá con una generación de retraso en este país. Y el combustible no lo pondrá la religión. La religión arde, claro que arde, cualquiera puede llegar a ser muy inflamable. Es la desigualdad la que todo lo provoca, esa desigualdad que produce las políticas de su partido, esas políticas económicas liberales basada en el crecimiento a costa de otros, en la producción a costa de todo, en la contaminación del planeta; o esas esas políticas de trabajo que dirige otra andaluza como usted, que obliga a elegir entre esclavitud o huida (lo mismo que pasa en los países del sur). Es la economía, …. Eso.

Mucho me temo que si los suyos, los de su partido y los satélites, no se enteran a tiempo, que la siguiente generación, que hablará andaluz como usted, quizás mejor que usted, o cualquier otro acento hispano tan bien como nosotros, sea la que nos ponga un petardo en el culo. Y todos tendremos nuestra parte de responsabilidad. Ustedes porque ejecutan (esas políticas), y nosotros, porque les votamos.

España posee todos los ingredientes necesarios para fabricar esa bomba atómica que produce la desigualdad. Y esto no se resuelve mandando pobres a las escuelitas, como usted insinuó en su intervención, sino mandando a la escuelita a ustedes. Pero me temo que antes de que ocurra eso, Kim Jong-un se hace pastelero.

 

ALEGRÍA EN EL TEATRO ENCANTADO

Queremos una piscina para las Tres Mil, y también parques infantiles. Y una piscina, y un cine, y que barran todos los días, y que…

El martes 27 de junio tuve la oportunidad de asistir al estreno de la obra teatral “El colegio encantado”, protagonizado por niñas y niños de las Tres Mil Viviendas, segundo barrio más pobre de España según estadísticas recientes, y sin duda líder a la hora de prejuicios y estigmas, esos tatuajes sociales con los que etiquetamos a quienes no tenemos el gusto de conocer.

Los alumnos de teatro de la Fundación Alalá incluidos en el taller “Pequeños Autores”, fueron los protagonistas de una obra que atrapó a un público entusiasmado. La Fundación Alalá, alegría en lengua caló, defiende la integración social a través del arte y la cultura y la alegría, y bien que puede presumir de hacerlo.

La pieza teatral, una reflexión sobre los valores personales que deben ilustrar al artista, y por ende, a cualquier ser humano, nos ofreció a los espectadores el arte de esos jóvenes como actores y actrices, músicos e intérpretes, con el flamenco y el rap y su fusión, como elementos predominantes en los cantes.

Tenía mucho interés en asistir, cambié mi turno de trabajo por estar, y más después de la invitación que me hizo la madre de una de las artistas, María del Carmen Fernández Pisa, una auténtica heroína de la vida, a quien admiro mucho y desde hace mucho tiempo por sus tremendos valores personales. Llevo más de once años de voluntario en el barrio y sé que aquella es tierra de heroínas, mucho más que de heroína, como algunos malpensados puedan sospechar.

Contemplando el espectáculo, viendo a esos jóvenes actuar, la cabeza me comenzó a dar vueltas, y reflexioné sobre la marginalidad. Probablemente no haya situación más injusta hacia los tuyos, hacia tus propios convecinos, que expulsarlos de sus barrios tradicionales para confinarlos en guetos, creados expresamente para que no molesten, como se hizo a partir de 1960 con los habitantes de Triana, San Bernardo y otras zonas de la ciudad. Ese aislamiento, esa cirugía inhumana con la que se intervino sobre la ciudad de Sevilla, y sobre muchas otras, todo hay que decirlo, trajo muchos, por no decir todos, los males que hoy continúan asolando las periferias.

Sin embargo, esta dolorosa e injusta ignorancia hacia el pueblo más humilde, allí donde se crea y se concibe el arte y la cultura de un pueblo, ha traído, entre el dolor y la injusticia, nuevas formas emergentes de arte, creaciones originales y novedosas formas culturales que esa forma de ignorancia pedante que es la cultura establecida, ignora. Y hoy, entre el desprecio de la ciudad de la caspa, ajena a toda consideración hacia las personas que conforman el cinturón de la urbe, surgen formas de expresión que sin duda conformarán el futuro, como en su día lo fueron el mismo flamenco, el tango, el jazz, el blues o el rap, que nacieron entre el desdén y la indiferencia de los que se sentían el ombligo identitario de la metrópoli.

Qué injusto y qué doloroso es el camino de la creación. Qué rabia da contemplar la marginalidad y las tragedias de muchas personas, y aún más escuchar los prejuicios que vomitan quienes tengo muy cerca. Qué maravilla el arte que surge. Qué tragedia el precio que han pagado y deben pagar muchas personas para que el arte perviva.

Mi respeto, mi reverencia, a las buenas gentes de las Tres Mil, héroes que no solo merecen la piscina, el cine, los parques infantiles y que barran sus calles todos los días, porque son ellos y no nosotros los que soportan el mayor tesoro para la supervivencia de un pueblo: su cultura.

Sí, la cabeza me dio muchas vueltas. Y salí del teatro encantado, encantado.

Las fotos se han tomado de la página http://www.fundacion-alala.org 

TREINTA AÑOS

MANUELMACHUCAFERNANDEZ

Ayer hizo treinta años que falleció, y el martes próximo cumpliría noventa, una edad difícil de cumplir para cualquiera, y seguro que aún más para él, que no llegó siquiera a alcanzar los sesenta. Me daba mucha pereza retomar el blog. Sin embargo, un día como la de hoy, a caballo entre estas dos efemérides familiares, me ha empujado a hacerlo. Y más, cuando su esposa, mi madre, que tan bien recordaba las fechas importantes, se ha adentrado en la niebla de la que ya nadie regresa y nunca más evocará acontecimiento alguno. Treinta años hace que murió, aunque huérfanos nos dejó mucho antes.

No recuerdo haber tenido referencia paterna. Sin duda, esta circunstancia ha marcado mi vida, una vida en constante búsqueda, llegando a veces demasiado tarde, otras, demasiado pronto, a los destinos marcados por la única herramienta de la que he dispuesto, esa tan poco fiable a la que llamamos intuición.

Tampoco he sabido lo que es la autoridad, más allá de las regañinas estresadas de una madre que no podía llevar todo adelante. Quizás por ello haya desarrollado mi capacidad de escucha, mi gran afición a juntarme con cualquiera que me pueda dar luz, así como mi absoluta incapacidad a plegarme a nadie que me gobierne, ni tampoco lo contrario, pues he huido siempre, tan rápido como he podido, de dirigir a otros. Una independencia rayana en la anarquía. You are a maverick, un disidente, un inconformista, dijo una vez de mí un profesor en Estados Unidos. Y sí que lo he sido, a pesar de que los años aporten serenidad y distancia.

Fue una persona afable, que me legó muchas interrogantes. Sin embargo, creo que gracias a él también, creí en la bondad de las personas, al menos como punto de partida, y eso tiene un valor incalculable, por lo que le estaré agradecido mientras viva. Reconocer que debajo de las muchas capas y pieles que tenemos la mayoría de las personas, pueda existir la magnanimidad, da mucha paz, aunque luego sea la libertad y las formas de interpretar la vida las que nos den la capacidad de utilizarla o no. Aquellos que viven en la permanente sospecha hacia los demás, a título individual o colectivo, con esa visión profundamente negativa del ser humano y de sus instituciones, sólo me producen compasión.

Treinta años, quizás cuarenta desde que todo empezó, dan para mucho, para pasar por todas las actitudes posibles, para estar a punto de caer en casi todo, para ver cómo otros caen también. Y treinta años después, con lo único que me quedo es con sus ojos de bondad, con el camino recorrido y por recorrer para tratar de entender, pero desde esa paz que me dan,  y que siento por primera vez en todo este tiempo. Que no me abandone.

Sevilla, 18 de junio de 2017