LO MEJOR DE 2018

Un día como hoy quiero recordar momentos especiales del año que se ha ido. El orden tiene que ver con el desorden de mi cabeza, no con la importancia que les doy. Hay nombres duplicados, incluso triplicados, pero no apellidos. Están en mí. Todos son momentos de alegría y de felicidad, los que nos hacen seguir caminando. La vida es un viaje. No hay metas sino compañeros.

  • Los sábados de verano con Carmen en Cádiz.
  • El brazo de Carmen sobre mi pecho.
  • Las manos entrelazadas con Marisa, María Emilia y Salva.
  • El Alzheimer de mi madre.
  • Haber conocido a María Emilia.
  • Haber conocido a Sofía.
  • El cariño de Marina.
  • Los WhatsApp de Magaly.
  • Los almuerzos con mi familia y Los Simpsons.
  • Los almuerzos con mi familia sin Los Simpsons.
  • Mi cumpleaños.
  • Algunas fotos que hice.
  • El alta de Alfonso.
  • Los abrazos con Ignacio en los goles.
  • El paseo nocturno con Ignacio por los alrededores de Vallines.
  • Tirarle uvas a Carmen.
  • La cena con Fran, Salva, Marisa, Juan, María Emilia, Sofía y Carmen.
  • Conocer a gente perdida tras los paraguas. El fallo del concurso.
  • Las risas con las mujeres del Polígono Sur.
  • Los amaneceres con Coke en La Buhaira.
  • Los atardeceres en el Polígono Sur.
  • Leer tumbado en el sofá con Coke acostado entre las piernas.
  • Trabajar con Lucía y Ana.
  • Femi, Rosa, Isiwa Happy, Victoria, aprender de África sin salir de mi ciudad.
  • Aprender con Socorro.
  • Las clases compartidas con Mile, Erno y Laia en San Jorge.
  • La autoetnografía de Mile.
  • Los momentos con Silvia.
  • La investigación antropológica sobre Tres mil viajes al sur.
  • Cada Arrojadas al sur que hago con Pepe.
  • La tarde que pinté en el CICUS de la mano de Ana.
  • La manifestación del 8 de marzo.
  • Compartir con Valeria y Joaquín.
  • El WhatsApp de Verónica para anunciarme que vuelvo a Uruguay, que vuelvo a América.
  • La noche que compartimos una hamburguesa con mis niños y mis niñas de La Colina de Nervión.
  • Los días que acompañé a Anchoa.
  • Las cenas compartidas con Jorge y María Antonia.
  • El cariño de Rodrigo, Mauricio y Javi.
  • Los dos almuerzos en Estepa.
  • Las cervezas con Luis.
  • Los mensajes de Ana, y los de Mechy y Tito.
  • Las instrucciones para hacer mate de Edu el día en que cayó derrotada Argentina.
  • Los ratitos de la tertulia gastro- literaria.
  • Conocer a Paula y su historia.
  • Encontrarme con Luz en Portugal.
  • Las cervezas en Cateca.
  • Perdonar a mi madre.
  • Muchas risas y todas las lágrimas.

En cada momento hay alguien más. Todo fue compartido, prueba evidente de que la vida se construye juntos.

SÁLVESE QUIEN PUEDA

Ya, los costes económicos que nos produce el cambio climático son muy superiores a los que supondría paliarlo.

Desde hace ya muchos años, los costes, económicos también, del daño que producen los medicamentos, superan con mucho, con muchísimo diría yo, los de pagar su factura.

Desde el 2 de diciembre, los andaluces, con el indudable apoyo de las políticas que se han hecho durante décadas en su comunidad, han elegido democráticamente a los adalides de la desigualdad para gobernar en una de las regiones más pobres y desiguales de Europa, a los que en sus últimos años de gobierno han aumentado la brecha social en todo el país, haciendo pagar la crisis que provocaron los especuladores a las clases más desfavorecidas, las mismas que han hecho posible, por acción u omisión, tanto da, que el nuevo gobierno sea posible.

La pobreza no es solo ausencia de dinero. Esta más bien es su consecuencia y hay quienes han dado en la tecla para que juegue a su favor. Ya lo hizo el régimen anterior durante treinta y seis años y los que vienen al fin han aprendido a imitarles.

Y hay otros pobres que se creen que no lo son, que también están ahora henchidos de democracia y de alegría, a pesar de que esos a quienes les han entregado sus votos fueran quienes diseñaron las políticas que los pusieron de patitas en la calle de sus empresas, para dejarlos suspirando por llegar a la edad de jubilación, vendiendo seguros o lo que se pueda.

El planeta necesita cambios, urgentes y drásticos, y los seres humanos elegimos para nuestros gobiernos a quienes pretenden seguir exprimiéndolo. Quizás los votantes tengan razón, puede ser que solo ellos traigan cambios de forma drástica y urgente, tienen mucha experiencia en eso. Sálvese quien pueda. O quien quiera. Feliz 2019.

UN ASUNTO DE FAMILIA

Elenco de protagonistas de la película Un asunto de familia.

La última película del director Hirokazu Kore-eda, premiada con la Palma de Oro del Festival de Cannes, Premio Donostia, y muchos más, me ha conmovido. No voy a entrar en temas en los que no soy un experto y en los que la crítica, vistos los galardones obtenidos, ya se ha pronunciado, sino en ciertos aspectos éticos o dilemas que me han invitado a reflexionar. Es lo que le pido a cualquier obra de arte, que su contemplación, su lectura, abra una puerta a mis entrañas, aguijonee mis zonas de confort y me incite a ser mejor persona.

Tampoco voy a destripar la película, solo voy a decir de ella que la historia trata sobre las vicisitudes de una familia en la que la relación de consanguinidad entre sus integrantes es inexistente, en la que todos en algún momento han sido acogidos en su seno, y a su vez acogen a otros. Sucede en el hogar de la llamada abuela, una infravivienda situada en un espacio de gran interés urbanístico para los especuladores. La relación entre el que denominaríamos mundo civilizado (Sofía Castro, no te enfades) capitalista que los rodea, que los asfixia, en otra metáfora bien armada por el director, y el bárbaro que representa la choza, la confrontación de sus escalas de valores, es, a mi parecer, uno de los grandes temas de la obra. También lo es la relación de parentesco entre los protagonistas, inexistente para lo que entendemos quienes vivimos al otro lado del muro, pero elegida para los que permanecen dentro.

Ahora que el voto ha hecho regresar armados a quienes nos pretenden imponer un modelo de patria, un modelo de religión y un modelo de familia, los suyos, resulta interesante, o al menos a mí me lo ha sugerido, observar a una familia en la que las palabras, abuela, papá, mamá, esposo, esposa, hermano, hermana, solo se llegan a utilizar si el amor las hace dignas de ser pronunciadas. Sinceramente, me ha parecido muy hermoso. Darle un nombre digno a las personas, como he aprendido muy bien de María Emilia Parola. Es el amor el que crea el parentesco y no el parentesco el que nos obliga a amar.

Pensemos en nuestras sociedades tradicionales, en cuántos parentescos hay en los que los vínculos de sangre hacen a esas relaciones detestables, lamentablemente imprescindibles para la moral tradicional que nos quieren volver a imponer cuando aún no se había abandonado. Meditemos acerca de cuánto malestar, cuánto cargo de conciencia se produce en las familias tradicionales por tratar de sostener unos lazos que la vida real no los hace posible. Y recordemos también cuántos amigos tenemos, y nombramos como hermanos, porque el discurrir de la vida ha glorificado ese encuentro que un día les fue regalado.

Cuánto dolor nos ahorraríamos si cada relación fuese elegida, si amar fuera una opción y no una obligación. Una lección a aprender que solo nos la puede dar gente sencilla, la de esta familia que no denominaría peculiar sino auténtica. Sí, no tengo más remedio que darle la razón a Sofía Castro, mi bailaora favorita. El mundo civilizado no está donde muchos creemos y esta familia japonesa me lo ha constatado.

La civilización está en peligro, amenazada en una infravivienda que se cae a pedazos, obligada a malvivir en un mundo de tiburones sin alma. Sus muros son cada vez más débiles. Hermanos, hermanas, hay que resistir.

Dedicado a María Emilia Parola y a Sofía Castro.

DIARIO DE A BORDO. LA PEREZA

Hay defectos en los seres humanos que me enervan. Y cuando me refiero a los seres humanos también estoy yo incluido, porque somos imperfectos y caemos, con mayor o menor frecuencia en la ineptitud, sea cual sea la causa. No obstante, eso de vincular humanidad e imperfección nos suele conducir a la autocomplacencia y, por tanto, a no cambiar. Movidos por la pereza.

La pereza. Hubo un tiempo en que lo que más me molestaba en los seres humanos era la soberbia, esa actitud arrogante que adoptan no pocas personas ante la adquisición de una una mínima cuota― y cuanto menos, peor―de poder. Quizás eso fue hace años, en la época en la que colaboré en la Universidad de Granada, donde no solo me encontré con gente soberbia, sino que cualquiera que apenas se iniciaba a trabajar con nosotros adquiría una porción inconmensurable en un brevísimo lapso de tiempo. Sin embargo, ahora es la pereza, la indolencia, la que más me preocupa.

La soberbia, aun siendo una pésima cualidad, tiene un aspecto innegable de partir de una cualidad, imaginada casi siempre, a veces real, de quien la ejerce. Sin embargo, la pereza, la indolencia, es un mal nocivo y a la vez silente, porque sus consecuencias son devastadoras en los demás ya que suelen pasar desapercibidas. Los perezosos, los indolentes, tienen además la rara y valiosa habilidad de hacer culpables a los demás de sus desvíos, acusándolos de soberbia, por ejemplo, de histeria, agresividad, o de cualquier otra cosa con tal de permanecer en su indolencia. Mientras la soberbia es ruidosa, abiertamente agresiva, la pereza es callada y, por qué no decirlo, traidora y egoísta.

Ya lo dijo Albert Einstein, si el mundo está en peligro no es por las malas personas sino por las que permiten la maldad. Y ahí dentro están todas las formas de indolencia. Desde las más pequeñas, desde las que, apenas sin darnos cuentas, nos llevan a las mayores tragedias.

Foto tomada de EL COLUMNERO

MIS LECTURAS DE 2018

Aquí están los libros leídos en el año que termina. La vida da para lo que da, nunca son suficientes los libros leídos ni todos han sido satisfactorios. Al fin y al cabo esto es eso, la vida.

  1. Lengua de serpiente, de Rocío Muñoz (Editorial Kande)
  2. Hasta que sea verano, de Ignacio Arrabal (Anantes)
  3. Relatos. La familia Cats. Caballos fantasmas, de Isak Dinesen (Plaza & Janés)
  4. La cercanía del mar, de Silvia Tocco (El Mono Armado)
  5. Boquitas pintadas, de Manuel Puig (Seix Barral)
  6. Bajo el sol jaguar, de Ítalo Calvino (Tusquets)
  7. La sala japonesa y otros relatos, de Javier Compás (Anantes)
  8. Cartas a Siracusa, de Lucía Feliu (Almuzara)
  9. La canción del pirata, de Fernando Quiñones (Planeta)
  10. Canción dulce, de Leila Slimani (Cabaret Voltaire)
  11. Ara, como el río, de Charo Jiménez (Triskel ediciones)
  12. Veintidós estaciones, de María Dolores Almeyda (Karima editora)
  13. Áspera seda de la muerte, de Francisco Gallardo (Algaida)
  14. El color de los ángeles, de Eva Díaz Pérez (Planeta)
  15. La distancia, de Pablo Aranda (Malpaso)
  16. El beso de la mujer araña, de Manuel Puig (Biblioteca El Mundo)
  17. El queso y los gusanos, de Carlo Ginzburg (Península)
  18. Operación Masacre, de Rodolfo Walsh (Ediciones de la Flor)
  19. La Semana Santa de Sevilla, de Isidoro Moreno Navarro (Ayto. de Sevilla)
  20. El hombre que ya no soy, de Salvador Navarro (Algaida)
  21. Democracia, de Pablo Gutiérrez (Seix Barral)
  22. Eres el mejor Cienfuegos, de Kiko Amat (Anagrama)
  23. La mano invisible, de Isaac Rosa (Seix Barral)
  24. Cara de pan, de Sara Mesa (Anagrama)
  25. Puro fútbol, de Roberto Fontanarrosa (Biblioteca Fontanarrosa Planeta)
  26. El juego de la invención, de Elena Marqués (Extravertida Editorial)
  27. La artesanía de las horas, de Rafael Romero Rincón (Read Book Editorial)
  28. Cae la noche tropical, de Manuel Puig (Seix Barral)
  29. Un pedigrí, de Patrick Modiano (Anagrama)
  30. Genios del fútbol, de Joaquín DHoldán (El Paseo)
  31. Feliz final, de Isaac Rosa (Seix Barral)
  32. Nowhere man, de Isaac Páez (Ediciones en huida)
  33. Morir es relativo, de Eduardo Cruz Acillona y Miguel Baquero (Cazador de ratas)
  34. Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez (Tusquets Editores)
  35. Ni muerto has perdido tu nombre, de Luis Gusmán (Edhasa)
  36. Ulises con alma ajena, de Reyes García-Doncel (Triskel ediciones)
  37. El viejo y el mar, de Ernest Hemingway (Editores Mexicanos Unidos)
  38. El año de la luna azul, de Lucía Feliu (Ediciones Alfar)
  39. Un viaje a Salto, de Circe Maia (Ediciones de la Banda Oriental)
  40. Las campanas de Antoñita Cincodedos, de Julio M. de la Rosa (El Carro de la Nieve)
  41. El sol (no) arde mejor en primavera (*), de María Dolores Almeyda (Enkuadres)
  42. Ocnos, de Luis Cernuda (Seix Barral)

UN PATRIOTA

El Dr. Fernando Quevedo, su esposa y yo, en el restaurante de la Marina peruana en el Callao, tomando un almirante.

Cuando pienso en las patrias pienso sobre todo en los patriotas, los seres humanos de carne y hueso que dan sentido a esa palabra, patria, que tantos usan los poderosos en beneficio de sus propios intereses, para blanquear sus actuaciones y hasta sus conciencias en beneficio de sí mismos.

Para mí, los patriotas son aquellas personas que piensan en lo colectivo, en lo de todos y no en lo de unos cuantos, las que renuncian al provecho personal para volcarse, dentro de las limitadas posibilidades de cada cual, en el bien común. Por eso veo tan alejados a muchos de los que se dicen patriotas de los que realmente lo son, y es que no basta enfundarse con una bandera para ser patriota. Es más, resulta bastante sospechoso, porque muchas veces la bandera sirve para ocultar lo que se hace tras ella.

Fernando Quevedo era, y desgraciadamente tengo que utilizar el pretérito como tiempo verbal, aunque podría decir que lo es si atendemos a la vigencia de su ejemplo, un patriota. Un científico, un investigador peruano y reconocido en el panorama internacional, algo que desgraciadamente ocurre tan de vez en cuando en este maravilloso país, que recorrió diversos países participando y encabezando misiones de la Organización Mundial de la Salud. Washington, Ginebra, sedes de la Organización Panamericana y la Organización Mundial de la Salud, respectivamente, o la Exposición Universal de Sevilla en 1992. Estos son algunos de los lugares y eventos en los que el doctor Quevedo dejó su impronta y prestigio, su buen hacer y su profesionalidad, pero no puedo decir que haya sido un patriota por eso, sino porque nunca olvidó de dónde vino y, sobre todo, porque un día renunció a ese brillante porvenir personal para regresar a trabajar por Perú a la docta casa de la Universidad Mayor de San Marcos, la más antigua de América. Y lejos de los falsos oropeles que da salir de su país retorno a él a enseñar a jóvenes compatriotas el camino de la excelencia.

Conocí, y comencé en ese mismo instante a admirar al profesor Quevedo en Trujillo hace catorce años. Inolvidable para mí fue aquella noche en la que quedé embobado ante la conversación a los postres con él y otros sabios profesores peruanos que me enseñaron el verdadero significado de la palabra cultura y también la pérdida que supone para nuestra especie la invisibilidad de personas como aquellas. Si amo Perú, sin duda es por haber tenido la suerte de haberme cruzado en la vida con seres humanos como José Juárez o Fernando Quevedo, y cito solo a ellos dos en nombre de tantos otros, y tantas otras.

Con el doctor Quevedo, que tanto apostó como visionario que era, por la apertura de la profesión farmacéutica a otros ámbitos alejados de los clásicos, aprendí y pasé también ratos inolvidables, escuchándolo. ¿Hay mayor lujo en la vida que poder escuchar a un sabio? Cuando miro hacia atrás en la vida, cuando pienso con tristeza si mi dedicación a la Atención Farmacéutica ha merecido la pena, no puedo evitar recordar a personas como el doctor Quevedo para afirmar que sí, que claro que sí, porque me dio la oportunidad de hacerme mejor profesional y mejor persona junto a personas de su categoría.

Descansa en paz amigo. Sueño por brindar con un almirante en tu memoria con nuestros amigos José Juárez y Armando Rivero, con José Jáuregui y José Aliaga, y también, cómo no, con nuestra Stefania Aiello, con la que cantaste aquello de Estelita, te llevo en el alma…

 Dicen que nadie está realmente muerto mientras haya alguien que lo recuerde. Te puedo asegurar que por lo que a mí respecta, y a muchas otras personas también, tu legado profesional y de afecto permanecerá muy vivo por mucho tiempo. Nadie como tú representa el verdadero significado de patriota. Cuántas desgracias se hubieran evitado en el mundo con más gente como tú.

AVANTI CON LA GUARACHA

La vista es un sentido del ser humano, una capacidad fisiológica que permite ver los objetos materiales. Sin embargo, la mirada tiene que ver con lo social, con lo político, con nuestra interpretación personal. Por ello, una cosa es el objeto, o conjunto de objetos que tenemos ante nuestros ojos, y otra la interpretación que cada cual hace de ellos, su mirada.

No sé qué ven ustedes en esta fotografía. En mi caso, lo que me ha llevado a fotografiar este escenario es el recuerdo sobre las últimas elecciones en Andalucía. Veo en la foto cómo los andaluces hemos sacado la mierda afuera para dejarla esparcida por el suelo. Hemos dejado la papelera vacía, lista para volverla a llenar de mierda y, quizás, para volver a esparcirla.

Los próximos inquilinos de gobierno suprimirán diferentes organismos y fundaciones mientras se suben los sueldos un 50%. Habrá más para menos. También eliminarán impuestos a los que más tienen, así que en la tierra de las desigualdades creceremos en lo nuestro, en desigualdad por obra y gracia de los votantes. Volver a ser lo que fuimos, dice nuestro himno, el basurero de este país, eso sí, con cante jondo.

Pues nada, chicas y chicos de nuestra Andalucía, avanti con la guaracha. Con la guaracha de la compañía de la extrema derecha; con la guaracha de que estos que no son extremos sino tan solo algo rancios, y que por eso, por su moderación, van armados y besan la tumba de quien fue responsable de la muerte de centenares de miles de españoles, andaluces incluidos, por supuesto, y que en todo caso, para los que les van a soplar la gaita desde su escaño o desde el papel prensa, son iguales a los chicos, y chicas, de morado, esos que toman las calles pero solo las del centro, que por los suburbios se pierden; avanti con la guaracha de pensar, o esconder la ambición tras ese pensamiento ligero, que, al igual que en la Alemania prenazi, aliándose con ellos se les anula; avanti con la guaracha de que la regeneración va a venir de los compañeros de Bárcenas; avanti tutti.

Pero no se pongan nerviosos, ni nerviosas, queridos compatriotas (ponga usted la nación que desee al margen, legal o ilegal, que lo peor está por llegar. Que Dios os coja armados. Y, por qué no, si así lo deseáis, confesados. Hay alforjas que no tienen fondo. Y siempre se puede vaciar la basura para volverla a llenar de inmundicias aún peores. Las que vendrán de vuestra mano y vuestro voto.

Qué ojito habéis tenido, miarmas.

FELIZ NAVIDAD (y 2)

Hoy llega la luz

Llega la luz para abrirse camino entre las tinieblas, para darnos la oportunidad de resucitar entre nuestras cenizas. Venimos de tiempos oscuros, pero tenemos la oportunidad de renacer. La Navidad es tiempo de esperanza. Para intentarlo otra vez, para levantarnos, para hacer frente a la derrota, para combatirla. El otoño es tiempo de melancolía, de reconocer nuestros errores, de penar hasta acabar desnudos, sin las hojas que protegían nuestro cuerpo. El invierno lo es de fortaleza, de resistencia, de valentía, pues hemos quedado desnudos, nada tenemos, o lo tenemos todo, porque solo estamos, solo somos, nosotros. ¿Y qué somos sino nuestra desnudez?

La luz nos encuentra cuando el frío se ha incrustado en nuestros corazones, cuando parecemos muertos pero no lo estamos. El sol está lejos pero viene, ya viene el sol, y nada ni nadie podrá impedirlo. Hagamos frente a las sombras, al frío, muy pronto tendremos la oportunidad de sembrar, una vez más, de recoger nuevos frutos si hemos sido capaces de arar de otra forma nuestra tierra.

El sol viene pero no lo adores, porque antes de que lo pienses se alejará de nuevo. El sol ilumina tus actos, los únicos que pueden hacer que recojas nuevos frutos. Ya viene la luz, para todos. A todos nos da la oportunidad. Es hora de salir de la madriguera.

DIARIO DE A BORDO.FELIZ NAVIDAD (1)

Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. Lucas 2,7.

Temblando, con su diminuto cuerpo aún sin lavar desde que salió del vientre de su madre. El resto trataba de proporcionarle estímulos y calor mientras él se debatía entre la vida y la muerte. Su primera cuna fue la cesta de salvamento en la que fue evacuado en un helicóptero de la guardia costera de Malta. […]

Respeto a quienes por sus convicciones no celebran la Navidad. Es más, admiro su resistencia ética, su coherencia y su disposición para ir en sentido contrario a la mayoría, por tener pensamiento propio. Ellas, estas personas que piensan así, nunca soltarán a Barrabás. Mejor dicho, claro que lo soltarán, pero tampoco permitirán la crucifixión, ni del hijo de Dios ni de nadie. A mí, en cambio, me encanta celebrar la Navidad, y no por cuestiones religiosas sino, me permito decir en mi ignorancia, antropológicas, además de porque me da la oportunidad de denunciar la hipocresía de no pocos creyentes, a quienes les parece que el fundamentalismo es cuestión exclusiva de facciones radicales musulmanas.

El diario.es publica hoy la noticia que motiva esta entrada en el blog. El Open Arms, es hoy un portal de Belén en alta mar.

Ningún país ha admitido a los emigrantes que alberga la embarcación de la ONG española. Ni la izquierdista (sic) Grecia ni las católicas Italia o Malta, ningún país ha permitido el desembarco, y no quiero ni pensar lo que dirá esa derecha nacionalcatólica de mi país y sus panfletos que le dan vox como el barco ose acercarse de nuevo a nuestras costas. Estos católicos para los que todos somos hermanos, siempre y cuando gocemos de pasaporte español ⸺ en vigor y desde el nacimiento, que no todo pasaporte es válido para ellos ⸺, seamos de tez no demasiado oscura y consideremos cultura eso de matar animales después de clavarle dos o tres puyas⸺ según categoría del lugar, a más categoría, más puyas⸺, seis banderillas y al menos un espadazo, si no son más, incluyendo verduguillo.

Estos patriotas que defienden sus alforjas, que no tienen fondo, que nunca están suficientemente llenas, me recuerdan mucho a Herodes y sus soldados, a aquellos fariseos  para los que la religión comienza y termina en el rito y el resto del tiempo lo pasan protegiendo su poder. Estos son los que crucificarían de nuevo a un Jesucristo renacido una Nochebuena en la que los de siempre, vagan buscando posada porque nadie les permite alojamiento. Y, además, gozan de un pueblo, como el mío, en el que no menos de cuatrocientos mil bárbaros elegirían, en elecciones libres como las del pasado 2 de diciembre, soltar a Barrabás con tal de que los de siempre, los que llevan siglos poniéndoles el pie en el pescuezo cuando no haciendo sacrificios humanos con ellos, continúen mandando. Y es que en una comunidad tan amante de las tradiciones, qué mayor tradición puede haber que perpetuarlos en el poder.

Claro, que todo esto, no sería posible sin esa figura, tan tradicional también en la comunidad del lazo amarillo, del caganet, que no sé qué significa pero que a mí me recuerda a esos especímenes que tan bien definió Martin Niemöller y luego popularizó Bertolt Brecht.

Que cada cual sepa dónde está. Mientras tanto, feliz Navidad a las personas de buena voluntad, entre las que siempre están quienes no la celebran y quienes tienen la valentía de pensar por sí mismas.

NI EN SUEÑOS

Hoy domingo trabaja Laura. ¿Quién es ella, se preguntarán? Laura es una de las empleadas del supermercado en el que suelo hacer las compras, el más cercano a casa. Hoy domingo trabaja, como he dicho, como si no tuviera bastante con el resto de la semana, y no ha sido el primero ni el último de este tiempo navideño tan cruel con algunas trabajadoras. Hace meses me contó, porque solemos hablar de vez en cuando, desde la época, demasiado corta para mí, por cierto, en la que fui esencialmente un amo de casa. Me contó, digo, porque con tanta subrogada se me van a perder, que estos días extras quizás se lo pagasen como horas extras, o puede que le dieran más vacaciones, aunque ella sabía, lo admitió después, que casi seguro que, como otras veces, no habría ni lo uno ni lo otro. En fin, Manué, que con el paro que hay tampoco puede una protestar, acabó por confesar. Cuando yo era un niño no existían supermercados. Mi madre solía comprar en la plaza y en la lechería de Manolo. Manolo, los placeros, regentaban pequeños establecimientos en los que las familias trabajaban para sacar adelante sus pequeños negocios, a pesar de que muchas veces pasaban el quinario para cobrar las cuentas de gente que apuntaba y tardaba más de lo deseado en pagar. Laura, en cambio, trabaja para unos dueños que no conoce, tiene su enjuta nómina y jamás fía como Manolo, porque los ordenadores de las grandes empresas no lo permiten, son tan poco de fiar como sus propietarios a la hora de pagar extras.

Enrique también ha trabajado hoy. Enrique regenta una panadería y, como todas las noches, despacha el pan que hace cada madrugada y lo sirve desde las tres y media de la mañana. El pan precocido es anatema para él, no así las bolsas de plástico indegradables en las que sirve el género recién hecho, ni tampoco los tiques de compra que jamás entrega, salvo, claro está, petición expresa de las empleadas del hogar que compran para la señora de la casa. Entonces sí, entonces rasga un trozo de hoja de un famélico cuaderno de anillas, desgastado de tantas cuentas hechas de cabeza y tantos tiques, y escribe a bolígrafo lo que ha cobrado, no ya sin membrete ni IVA desglosado, sino sin tan siquiera la descripción de la compra. ¿Qué trabajo le costaría cumplir a Enrique la legislación sobre las bolsas o los tiques de compra?

Al igual que aquellas tiendas de proximidad que acabaron casi desapareciendo, hoy los taxis se despeñan a toda velocidad en esa dirección. Pequeñas empresas familiares que desaparecerán y darán paso, con la inestimable colaboración de la obcecación de los taxistas, a empresas deslocalizadas en las que los conductores serán la visión encorbatada de los ciclistas repartidores de Glovo o los suicidas motoristas de Telepizza, que trabajarán lo que les echen sin más seguridad que las que les de el cinturón de su automóvil.

La brecha de la desigualdad continúa ensanchándose. A unos les falta visión; a todos, sentido de colectividad. Nada parece importarnos. Los problemas son de los otros mientras no nos toquen, sin querer darnos cuentas de que no estamos fuera de peligro, tan solo en la cola del desguace.

Y después de entregarles nuestro trabajo, les entregamos nuestro voto. Dejamos de tener voz para tener vox. ¿Cómo no se van a sentir demócratas? ¿Cómo no van a ser patriotas? Más que nadie. Ni los depredadores más optimistas hubieran soñado un escenario como este.