LA ATENCIÓN SANITARIA. BUENA, MEJORABLE

 

Existe un consenso general de que la atención sanitaria en España es de elevada calidad y que goza de un alto grado de satisfacción dentro de los usuarios. Este hecho se debe a varios aspectos fundamentales que lo caracterizan:

  • Universalidad: todos los ciudadanos quedan dentro del sistema, lo que permite generar políticas de promoción a la salud sin que nadie quede fuera, lo que protege a los más desfavorecidos y, por lo que esto implica en la salud pública, también genera protección a los que tienen más recursos. Por tanto, la universalidad de la atención a la salud no solo protege a quien menos tiene, sino también a quien tiene más y podría costearse otro tipo de atención sanitaria, que además le sería perjudicial.
  • Financiación del tratamiento farmacológico: existen estudios que demuestran que en los países en los que existe financiación de los tratamientos se obtienen mejores resultados que si tienen que pagarse por los ciudadanos. Sin embargo, uno de los puntos clave a reflexionar es qué tratamientos financiar y si un porcentaje igual para todos los trabajadores activos, sin discriminación por la renta, es la mejor forma de realizar la financiación parcial que ahora se hace.
  • Formación de los profesionales: se han hecho muchos progresos en los últimos años por que los profesionales de la salud mejoren su formación y lo hagan de una forma independiente de los intereses de compañías privadas.

 

A pesar de la buena imagen del sistema sanitario, la crisis de estos años está creando una imagen de escaso control del gasto y de insostenibilidad, que no se corresponde con la realidad, y que esconde la utilización política de algo tan sensible como la salud, ofreciéndose la financiación de servicios y tratamientos como armas electoralistas y que están distorsionando la equidad y la prestación de servicios básicos de salud, como es el acceso a los profesionales y a los medicamentos.

El gasto sanitario público español es el 9,5 % del PIB a sanidad, inferior a los países de nuestro entorno, como Francia (11,8), Alemania (11,6), Portugal (10,1) o Reino Unido (9,8).

El presupuesto sanitario en Andalucía para 2012 será de 1174,43 € por habitante, y se encuentra por debajo de la media española en 36,38 €, siendo 383,35 € inferior al de la Comunidad que más invierte en salud, que es el País Vasco.

 

 

MAYOR INVERSIÓN EN SALUD

Es necesario invertir más en Sanidad para equipararnos a los países de nuestro entorno, y para ello el aumento de la presión fiscal y la lucha contra el fraude pueden ser vías de financiación.

El copago no puede ser una vía de financiación sanitaria. La sanidad es universal y pública, pero no gratuita, ya que la pagamos a través de los impuestos. Introducir un impuesto como el copago no es necesario ni recomendable, ya que puede hacerse todo mediante la declaración de la renta.

El copago introduce cuestiones que son absolutamente injustas:

  • Que pague el que utiliza los servicios sanitarios, cuando quienes se benefician de ellos son los que los necesitan y los que no, ya que el nivel de salud de la población no depende de la de cada uno de los individuos sino también del colectivo como tal.
  • Señalar al paciente como culpable de los costes sanitarios, introduciendo un impuesto además que grava a quien más necesita de los servicios sanitarios, lo que produce perjuicios para todos al empeorarse los resultados en salud de la población.

Los países como Francia, Alemania o Portugal, que tienen tasas de copago, son los que tienen que dedicar mayor porcentaje de PIB a sanidad y tienen una atención sanitaria más cara.

MAYOR EFICIENCIA EN LOS RECURSOS UTILIZADOS

Independientemente de valorar las bondades del sistema sanitario actual y de los esfuerzos que se han realizado en los últimos años, es necesario señalar que hay muchos aspectos que se deben y pueden mejorar.

En primer lugar, hay que hacer una apuesta decidida por la atención primaria. Los países que tienen más y mejor atención sanitaria son más eficientes. En España el 54% del gasto en sanidad se destina a atención especializada. Con frecuencia se utilizan tecnología sanitarias caras e innecesarias. La atención especializada ha sido utilizada además en Andalucía, como herramienta de una acción política que pretendía transmitir modernidad y avance, pero que tiene como consecuencias introducir más inequidad. Cuanto más desequilibrio hacia la atención especializada, mayor inequidad se introduce, porque menos usuarios disponen de más recursos.

Para que la atención primaria se desarrolle, en un entorno complejo como el de las patologías crónicas y la polimedicación, debe existir una atención pluridisciplinar en la que los profesionales tengan tiempo para tratar adecuadamente a los pacientes. La medicalización de la sociedad es inversamente proporcional al tiempo dedicado a los usuarios.

Por otra parte, hay profesionales que pueden aportar mucho en este nuevo entorno, como farmacéuticos en el trabajo con polimedicados crónicos, psicólogos y no solo en el entorno de las enfermedades mentales. Se precisa una atención más horizontal y participativa, y una gran coordinación. El escenario de la atención primaria para las enfermedades crónicas debe generar otro diseño diferente al actual, con poca participación de los usuarios y excesiva dependencia del médico.

GASTO FARMACÉUTICO

El gasto farmacéutico es otro aspecto a mejorar. Aunque ha descendido en los últimos años, en la distribución del gasto sanitario ocupa una parte mayor que en otros países. También en el entorno hospitalario ha crecido mucho el gasto en medicamentos.

Resulta curioso cómo en uno de los países con los medicamentos más baratos, existe ese gasto farmacéutico. Esto prueba la excesiva medicalización como consecuencia del escaso tiempo que se puede dedicar a los pacientes.

Hasta ahora, prácticamente autorización de medicamento y financiación estatal han ido implícitos en casi todas las ocasiones. Hace falta realizar una selección de los medicamentos a financiar públicamente, basada en criterios estrictamente científicos.

Es absolutamente prioritario que se dispongan de agencias de evaluación de tecnologías sanitarias, con el ejemplo del NICE británico (National Institute for Health and Clinical Excellence), que permita estudiar y ofertar las que más puedan beneficiar a los pacientes y coordinar las actuaciones de los profesionales.

La disminución del gasto farmacéutico y la crisis están poniendo en grandes dificultades a establecimientos sanitario como las farmacias, que garantizan el acceso a los medicamentos, se los financian al estado, pero que están muy poco aprovechados como centros sanitarios.

En Andalucía existen 3.564 farmacias, en las que trabajan unos 5.000 farmacéuticos y que viven de un margen comercial por la dispensación de medicamentos y en menor medida, otros productos relacionados con la salud y el bienestar. En los últimos años, se han establecido políticas de aperturas de farmacias, la mayor parte de las veces por motivos políticos más que sanitarios. Hoy este sector precisa de una auténtica reconversión, ya que no se justifica la existencia de tantas farmacias, y por otra parte, su actuación sanitaria, aunque sería muy necesaria, no tiene aprovechamiento.

Se precisa una disminución importante del número de farmacias, que no ponga en peligro el acceso a la población de los medicamentos, y reconvertir a los farmacéuticos en agentes de salud implicados en la resolución de los problemas que producen los medicamentos. Estudios científicamente avalados han demostrado que el gasto producido por el fracaso de los medicamentos dobla la inversión realizada en el llamado gasto farmacéutico. Por tanto, una parte importante de los farmacéuticos procedentes de la reconversión de las farmacias, deberían implicarse en lamedora de los resultados de los medicamentos. Además, las farmacias que continúen realizando su labor no deberán financiarse por un margen comercial por venta de medicamentos, sino que sus honorarios deberían venir dados por su implicación en actividades de salud pública relacionadas con los medicamentos. No puede existir ningún profesional de la salud que viva de producir gasto, sino de mejorar la eficiencia del sistema y la salud de los ciudadanos.

SALUD PARTICIPATIVA

Los ciudadanos deben ganar en autonomía y corresponsabilidad en las políticas sanitarias. Para ello, proponemos que existan Consejos en cada centro de salud, que se reúnan periódicamente, y que cuenten con la participación de los profesionales de la salud, los pacientes usuarios del mismo, farmacéuticos de la zona, centros socio- sanitarios y centros escolares. Estos Consejos deberán tener como finalidad mejorar la comunicación entre todos los agentes implicados y la realización de programas de salud comunitaria.

La salud del siglo XXI, con una elevada prevalencia de patologías crónicas, es extraordinariamente compleja y precisa de un abordaje pluridisciplinar, en el que la coordinación y la participación de pacientes y diferentes profesionales de la salud, además de médicos y enfermeras, es imprescindible.