INFO FARO EN LA IV ESCUELA SEDOF

???????????????????????????????La Junta Directiva de SEDOF acordó conceder una beca de inscripción a un miembro latinoamericano de INFO FARO para participar en la IV Escuela SEDOF que tendrá lugar en Sevilla.

INFO FARO es un colectivo latinoamericano de profesionales de la salud interesados en el diálogo enriquecedor entre la salud y en la cultura, abiertos a nuevas formas de atención a la salud más holistas, vinculadas de manera indefectible a la persona y su desarrollo integral como objetivo final.

Con acciones como esta, SEDOF no solo desea colaborar en el desarrollo de nuevos profesionales latinoamericanos que desarrollen prácticas asistenciales tan humanizadas como la optimización de la farmacoterapia. En SEDOF estamos convencido que la mutua colaboración y compartir experiencias exitosas, en un diálogo constante entre lo construido y lo que queda por construir, sin olvidar los errores cometidos, conforman el camino para realizar tareas transformadoras del ámbito sanitario.

Porque SEDOF tiene mucho que enseñar, pero también bastante que aprender. Todos debemos reconocer que el extraordinario conocimiento científico desarrollado en España en torno a al Atención Farmacéutica, luego denominada Seguimiento Farmacoterapéutico y más tarde Optimización de la Farmacoterapia, tiene experiencias palpables, reales y exitosas, en el ámbito latinoamericano.

La Unidad de Optimización de la Farmacoterapia implantada en Rosario (Argentina), con el apoyo del Colegio de Farmacéuticos, es un proyecto que sin duda va a extenderse por el resto del país, y muy probablemente en el ámbito latinoamericano. Lamentablemente, estas experiencias distan mucho todavía de ser implantadas en un país como España, en el que la falta de valentía institucional para abordar estos retos, lleva impidiendo décadas el desarrollo de una práctica asistencial tan necesaria. Por eso para SEDOF estrechar lazos con países hermanos no es una opción, sino una necesidad, para poder continuar desarrollando sus fines en un escenario tan complicado como el español.

Bienvenido Info Faro a estas jornadas de trabajo, en las que los pacientes son el fin y el motor de nuestro aprendizaje, y en las que también hemos apostado por realizarlas en un entorno social complicado, en uno de los barrios marginales de una ciudad como Sevilla, para acompañar y aprender de las gentes que lo habitan. Ojalá sirva para construir una práctica que tanto bien puede hacer a nuestros países. El esfuerzo y el desafío en ciernes, merecen la pena.

IV ESCUELA SEDOF

IMG-20140205-WA0000El próximo 29 de marzo la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF) va a organizar su IV Escuela SEDOF en Sevilla. Hasta ahí más o menos lo de siempre en estos últimos años: una sociedad científica que se aglutina en torno a una práctica asistencial definida, que trabaja con pacientes para disminuir la morbi- mortalidad asociada al uso de medicamentos, organiza unas jornadas para continuar avanzando y aprendiendo.

Por otra parte, es característica de esta sociedad desde su primera escuela, llevar pacientes a sus eventos, trabajar en directo con ellos, discutir, analizar casos y que la línea que separa ponente de participante sea difícil de visualizar. También en Sevilla será así. Quizás haya más pacientes que otras veces, pero son variaciones que dependiendo del lugar se pueden dar.

La fórmula funciona y quienes hemos acudido a las anteriores jornadas salimos satisfechos y con ganas de seguir avanzando. Por tanto, la IV Escuela parece que va a ser igual que las otras, que no es poco, ni mucho menos.

Pero hay una diferencia sustancial. Por primera vez un evento científico de profesionales de la salud va a celebrarse en un barrio que sufre la marginación y la exclusión del resto de la ciudad, un barrio que sufre cada día, con unas tasas de desempleo escandalosas, en el que vive muchísima gente buena, en el que hay muchas personas de dentro y de fuera que luchan por erradicar esa mala fama.

Hay miembros de SEDOF que trabajan con la gente del barrio desde hace ocho años, que lo conocen por dentro y que creen en la gente que vive allí. Para SEDOF lo fácil hubiera sido solicitar el apoyo del Colegio de Farmacéuticos para organizar allí estas Jornadas, o cualquier otra institución para la que una asociación sin ánimo de lucro como la nuestra hubiera encontrado apoyos. Podríamos haber llevado pacientes del barrio, que colaboran en otros cursos a un lugar más “tranquilo” de la ciudad. ¡Con la de lugares bonitos que tiene! Es probable que haya incluso farmacéuticos que no quieran ir por temor a que les pase algo y restará afluencia… ¡Mal negocio!

Pero en SEDOF hemos apostado por trabajar con el barrio, por aprender con sus pacientes, por estar allí, aunque solo sea durante un día, acompañándoles, aprendiendo con ellos y recordando que el Polígono Sur también es Sevilla.

Utilizaremos el salón de actos del Centro Don Bosco, los pacientes serán del barrio y utilizaremos el Catering de mujeres de allí para los cafés y el almuerzo. Serán unas Jornadas científicas y de compromiso social y nos sentimos orgullosos de ello.

Si puedes acudir ten por seguro que no te arrepentirás. Aprenderás una práctica necesaria y animarás a un barrio que necesita sentirse importante y orgulloso de tener mucho que enseñar.

Te esperamos

UNA PROFESIÓN TAMBIÉN ES SU REMUNERACIÓN

Cambiar una profesión es una tarea muy difícil. Esto vale para cualquiera, incluso si, en vez de referirnos a lo laboral, lo hacemos a colectivos, de un modo más general.

El caso de la profesión farmacéutica, en el ámbito comunitario, tiene una serie de connotaciones especiales. Este cambio parece arduo y dificultoso, porque tiene que ver con el modo en el que la sociedad nos reconoce y con el pasado del que venimos. No hay nada genético en ello, sino que puede explicarse por estas circunstancias.

La forma de recibir los honorarios profesionales es clave para el reconocimiento de una profesión. ¿Qué tipo de médicos tendríamos si, en lugar de que sus honorarios viniesen por la responsabilidad que contraen en su acto profesional, cobrasen por un margen comercial que prescribieran? ¿Y cuántos ladrillos tendría una casa si a los arquitectos se les pagase por ladrillo puesto?

No se puede exigir a los farmacéuticos lo que no harían otros, pero sí que habría que reivindicar que nuestros honorarios profesionales, no viniesen de un margen comercial de distribución de un bien básico para la salud, como es el medicamento. Si es que hay una apuesta real por que seamos profesionales de la salud, implicados de forma responsable, en disminuir la morbi- mortalidad asociada a medicamentos,

En estos momentos, se reconoce al farmacéutico vendiendo ─ así se cobran honorarios ─ y se penaliza una buena actuación profesional, como podría ser no hacerlo ─ porque no se pierden honorarios.

La labor profesional de los farmacéuticos se percibe desde la distancia y el prejuicio. Se equivocan de cabo a rabo políticos y otros colectivos profesionales, al señalar a las farmacias como algo ajeno al sistema de salud. ¿Se puede permitir de verdad que la herramienta más utilizada en el sistema sanitario esté fuera del sistema, en manos de unos profesionales que solo se ven incentivados si le dan a la caja registradora? ¿Se puede criticar eso con un mínimo de seriedad, si no hay otra propuesta, compatible con lo que necesita resolver la sociedad en materia de medicamentos, que es muchísimo?

En la España laica seguimos teniendo prejuicios hacia los que no son o no piensan como nosotros. Somos tan imbéciles que nos contentamos con criticar a los demás, nos inventamos enemigos imbatibles sin rostro a los que achacar los males de la humanidad, y no miramos si la respuesta necesaria a los cambios también está en nosotros que, por otra parte, es lo que suele pasar. Los farmacéuticos en este país, estamos a la altura de los curas o los controladores aéreos. Probablemente como colectivo, teniendo en cuenta lo que se visualiza, puede ser así, pero la pregunta que nos tenemos que hacer, hacia dentro y a los de fuera, es si queremos que esto sea otra cosa. Pero esta pregunta no vale solo para los farmacéuticos. Es más, es para los que menos importa. La realidad es si la sociedad ─ representada por sus representantes políticos, colectivos profesionales y sociedad civil ─ quiere otra cosa.

Mucho me temo que, cuando esta pregunta se hace, una contestación a la ligera y carente de reflexión profunda, señalada tanto por el desconocimiento de todos, el conservadurismo de los políticos y la endogamia corporativista de los profesionales, tenga como respuesta, ”no, esta gente no son más que tenderos de lujo”. Una respuesta muy hispánica, por lo visceral, poco reflexiva y superficial.

Porque el quid de la cuestión no es describir el farmacéutico que tenemos, sino el que queremos. Y para eso, hay que tener las ideas muy claras, la mirada hacia las necesidades de la sociedad y, por supuesto, el Boletín Oficial del Estado en la mano. ¡Ay, si a los patriotas se les llenara la boca con necesidades reales de sus conciudadanos en lugar de líneas geográficas! ¡Ay si a los que dicen defender a los farmacéuticos les llenara al corazón lo que la sociedad precisa de ellos, en lugar de maquillar las actuaciones de hoy para que nada cambie!

Los farmacéuticos hemos vivido años de gloria económica, en los que nuestros ingresos eran directamente proporcionales a nuestra desprofesionalización. Los sistemas públicos de salud que surgieron tras la segunda guerra mundial, junto a la eclosión de la industria farmacéutica y la ingente cantidad de medicamentos desarrollados, hicieron un binomio en el que a los farmacéuticos nos tocóla lotería. Nadamás que había que entregar cajas de colores, financiadas por el cliente papá- Estado, para definir nuestro acto profesional. Si esto no es el premio gordo, que venga Dios y lo diga.

Pero ahora la sociedad sufre la plaga de los problemas derivados de una farmacoterapia cada día más compleja. Los medicamentos constituyen una de las causas más importantes de mortalidad, muy superior a la de los accidentes de tráfico. Es una de las patologías que más daño producen, porque la falta de unos resultados complejos supone la utilización de recursos terapéuticos más caros y de recursos humanos que se pudieran haber evitado si se hubiera trabajado en la prevención de estos problemas.

Tienen muchos años los trabajos de Johnson y Bootman, que demostraban que por cada dólar invertido en medicamentos, había que gastar dos en resolver el daño que producían. Más recientes son las investigaciones de Alexandra Pérez y Schumock, que han puesto a la luz que, por cada dólar invertido en servicios de farmacia clínica, los ahorros pueden estar entre cuatro y diez dólares. Es muy probable que los resultados, en la carísima sanidad privada estadounidense, sean mucho más espectaculares que en una sanidad como la española, mucho más eficiente, por su énfasis en lo público ─ aquí nadie tiene que lucrarse en dinero, sino que el único objetivo es la salud del paciente ─, y porque todavía, tiene una enfoque importante en la atención primaria.

Pero aun así, la gestión integral de la farmacoterapia, como estrategia para optimizar los resultados de los medicamentos y prevenir el daño que pueden producir, significa una nueva tecnología sanitaria, de cuya eficiencia es difícil dudar. Si no envidio para nada esa sanidad privada y volcada a la atención especializada de países como Estados Unidos, en los que la salud es un negocio más, sí que me desespero con la endogamia, la visceralidad por encima del sentido común y el prejuicio, que imperan en nuestra sociedad latina.

Hoy grito aquí mi decepción por la falta de sentido cívico que impera en nosotros, por esa característica que tenemos, de anteponer nuestros intereses particulares, a los de la sociedad a la que decimos servir. Un grito que se pierde en el vacío, ante la dificultad de poder tener la oportunidad de demostrarle a la sociedad de que hay otra forma de ejercer la profesión farmacéutica, y que hay un puñado de profesionales, escaso, pero más que suficiente para darle la vuelta al sistema, que quiere y desea trabajar en equipo con otros, y devolver a la sociedad lo que le dio, al recibir su titulación universitaria, que aspira a asumir responsabilidades para limitar su sufrimiento con los medicamentos y vivir de ello, en lugar de mirar la caja hecha cada día, que es una muy mala forma de remuneración, para quien asiste día a día con no poca frustración, a ver cómo se van por los desagües de la sociedad su conocimiento y sus capacidades, para hacer de este mundo, un lugar un poquito más feliz y justo.